EL-SUR

Martes 07 de Diciembre de 2021

Guerrero, México

Opinión

Sin ideologías, meros reacomodos

Humberto Musacchio

Enero 25, 2018

Entendidas como conjunto de anhelos de una colectividad, como representaciones de la realidad y puntos de referencia para la actuación política, las ideologías, desde luego, no han desaparecido, pero lo cierto es que se hallan en una profunda crisis.
Hasta hace pocos años, parecía fácil señalar las diferencias entre un miembro del PAN y otro del PRD o bien uno del PRI con otro del Partido Verde. Hoy, en cambio, los dirigentes de Acción Nacional y los pocos perredistas que quedan insisten en que sus únicas diferencias son la cuestión del aborto, el matrimonio gay o alguna otra cosa. Y nada más. Queda poco del viejo partido de la gente católica y decente como se autodefinían los panistas y menos resta de lo que el PRD quiso ser.
Algo parecido se puede decir del PRI, que mansamente, sin exhalar una queja, sin un suspiro siquiera, aceptó como candidato presidencial a un tecnócrata que lo mismo ha servido al tricolor que al PAN. Para colmo, el llamado Partido Verde, su aliado –subordinado, por supuesto–, ya se le rebeló en Chiapas, no por motivos de ideología o de concepciones sociales, sino meramente por el hueso, la candidatura al gobierno del estado, que el PRI quiere para uno de los suyos y la verdulería para el delfín del actual gobernador.
En Morena las cosas andan por el mismo camino. Andrés Manuel López Obrador sabe que está obligado a ganar por nocaut, pues de otra manera volverán a hacerle tablas el anhelado triunfo. Por eso mantiene una política de puertas abiertas en la idea de que su partido es una olla a la que pueden saltar toda clase de grillos, desde los que abandonan el PRD o los priistas desplazados del SNTE, hasta los panistas como Gabriela Cuevas, Julio Di Bella o Tatiana Clouthier y otros conversos, pasando por personajes sin ideas ni ideología, como Cuauhtémoc Blanco, o partidos como el PES, que nada tiene qué ver con los planteamientos de la izquierda, cualquier cosa que eso signifique hoy por hoy. Se trata de ganar y por eso mismo AMLO responde a las quejas de sus seguidores con una frase poco comedida: “¿Para qué tanto drama?”
No andan mejor los “independientes”, pues difícilmente alguien puede decir cuál es la ideología de El Bronco o de Armando Ríos Piter. En el caso de Margarita Zavala, no hay duda de que es una mujer de derecha, lo ha sido siempre y ahora se sitúa a la diestra de su antiguo partido, el PAN, al que pretende quitarle algunos votos. Pero ni ella ni los antes mencionados influirán mayormente en el resultado, como no influirá tampoco Marichuy, pese al respaldo de numerosos intelectuales decepcionados de López Obrador.
Lo destacable, a fin de cuentas, es que las ideologías, si es que están presentes, se ven muy deslavadas, muy tenues. De modo que ya no basta con ostentarse como representante de uno u otro partido. En todo caso, lo que puede influir en los electores –aparte, por supuesto, de la infaltable compra de votos– son las propuestas concretas, en especial aquellas que prometan una mejor condición de vida para una sociedad como la mexicana, sumamente golpeada por las miserias del neoliberalismo y la inseguridad reinante.
López Obrador ha lanzado propuestas, como la absolución a los narcos –no amnistía, porque dijo que habrá perdón, no olvido– ante lo cual sus contendientes del PRI y del PAN, Meade y Anaya, han respondido que se trata de una locura o una irresponsabilidad, pero no han sido capaces de plantear algo que no signifique más de lo mismo.
En política económica todo mundo se muestra muy cauto, pero lo cierto es que urge un replanteamiento de lo ocurrido en ese renglón en los últimos 35 años, en los cuales el crecimiento anual promedio ha sido de apenas 2 por ciento, en tanto que la población crece alrededor de 3 por ciento, a lo que debe agregarse un ahondamiento abismal en la distribución del ingreso.
La posible finalización del TLC o bien su prolongación en las condiciones actuales o en unas peores, en modo alguno puede considerarse un aval para una política económica que no es capaz de crear empleos suficientes ni de mejorar el ingreso y las expectativas de la fuerza laboral. En esas condiciones, los partidos y los candidatos tendrían que exponer de manera concreta y entendible lo que se proponen hacer para que cambie esa economía que promueve la depauperación y la inmovilidad social, ante lo cual no queda más oportunidad para los jóvenes que enrolarse en los ejércitos del crimen. Urgen los cambios.