Abelardo Martín M.
Agosto 05, 2025
La relación con el gobierno de Estados Unidos siempre ha sido complicada, difícil, con múltiples y variadas tensiones, conflictos, cada nación en defensa de sus intereses.
México ha sufrido ataques a lo largo de su historia por un vecino voraz que logró heredar la primacía mundial del antiguo imperio británico y que en el último siglo se convirtió en factor clave y determinante en el mundo; tanto que, sin su participación en la Segunda Guerra Mundial, el destino de la humanidad entera hubiera sido otro, distinto, desconocido e imprevisible.
Pero nunca había tenido el protagonismo del último semestre, a tal punto que la estridencia del discurso del presidente estadunidense, Donald Trump, ha generado miedo y desazón, precisamente las reacciones que pretende en las negociaciones de su país con el mundo.
El presidente Trump, con esta estrategia, estos ataques y su permanente lenguaje intimidatorio y agresivo logró tener éxito empresarial, sólo que hoy sus interlocutores son de otro nivel y de otra actividad, la política, no sólo la compra-venta de inmuebles o empresas sujetas a las reglas del mercado.
La más reciente escaramuza emprendida por Trump contra México, al amenazar con elevar hasta el 30 por ciento los aranceles a las exportaciones enviadas por nuestro país, se resolvió por lo pronto con un aplazamiento de noventa días, acordada después de una larga conversación telefónica con la presidenta Claudia Sheinbaum.
Decíamos que es ya de todos conocido el sistema aplicado por el magnate neoyorquino en su segunda presidencia: intimidar a quienes no reconoce como aliados, sino como sus adversarios y competidores, y luego negociar para prorrogar las medidas de coerción e imponer sus condiciones.
Así llevamos ya más de seis meses desde que Trump se reinstaló en la Casa Blanca; frente a un esquema que se repite cada vez, en México se han generado críticas interesadas en el sentido de que en el gobierno mexicano se ha mostrado debilidad y pasividad ante las agresiones desde Washington, que no se ha respondido en el mismo tono de estridencia que caracteriza al modus operandi trumpiano.
Pero los resultados están a la vista. De aquel lado, no se variará la forma golpeadora, ajena a toda civilidad y diplomacia. Con ello hay que lidiar en una relación a la que obliga la colindancia geográfica y la integración de nuestras economías que viene desde el siglo pasado.
En este lapso se ha ido negociando y renegociando con paciencia, se ha podido neutralizar y aplazar el enfrentamiento comercial que sería desastroso para ambas partes; mientras, el ejemplo canadiense muestra como en el “tú a tú” aquella nación se enfrenta a la imposición abusiva de aranceles que a partir de este mes son de 35 por ciento en parte de su comercio con Estados Unidos.
En contraste, México cuenta con un periodo de respiro en la búsqueda de acuerdos que garanticen la disminución del tráfico de estupefacientes, en particular de fentanilo, y el combate efectivo de los cárteles que controlan los negocios criminales y provocan la inseguridad en nuestro país, así como el control del tráfico de armas que entran a nuestro país y dan a los delincuentes su poder de fuego.
La prórroga y la negociación bajo amenaza no es el mejor escenario ni el deseable, pero es lo que ha podido mantenerse ante la soberbia y el caos que se ha introducido en la escena internacional y en la relación comercial en la región.
Entretanto, el gobierno de la doctora Sheinbaum ha cumplido ya diez meses, y salta a la vista una estrategia que ya da resultados y enmienda el camino en varios rubros.
El muy evidente de la seguridad, sigue siendo un reto mayúsculo pero por primera vez desde hace casi dos decenios hay una clara tendencia a la baja en el indicador más notable, el número de homicidios y de otros delitos de alto impacto.
En el ámbito económico, el fin de semana se dio a conocer la mejoría en la calificación crediticia internacional de Pemex, la más importante empresa mexicana, luego de los ajustes ya logrados y otros que están por anunciarse en estos días. Junto con ello, se incrementa la inversión extranjera, pese a los amagos que más arriba hemos mencionado, y el peso mantiene una fortaleza que ya no recordábamos.
Todo ello, mientras se fortalecen y amplían los programas sociales que se han consolidado como una eficaz manera de redistribuir recursos, paliar la desigualdad y aminorar la pobreza que todavía padecen millones de mexicanos.
Asediada desde el país vecino, la presidenta de México afianza su liderazgo, no sólo como una reacción natural de la nación ante los embates de Trump, sino porque internamente la gente mejora su calidad de vida y su confianza en el gobierno.
Ojalá que pronto se concrete el acuerdo en materia de seguridad entre ambas naciones, y que éste tenga efectos en todo el país, pues en el ámbito local por lo pronto en Guerrero la criminalidad escala hasta niveles cada vez más altos.
Pese a que se presume que las cifras de homicidios también van a la baja en la entidad, las rachas de violencia empeoran de forma recurrente. El fin de semana pasado se contabilizaron más de quince ejecuciones entre Acapulco y Chilpancingo, incluidos dos cuerpos demembrados abandonados en la Autopista del Sol. En la semana previa se repitieron varios ataques de bandas armadas contra instalaciones de la Fiscalía guerrerense y del ministerio público en el puerto.
En paralelo, la acción de los colectivos de búsqueda derivó en el hallazgo de tres fosas clandestinas en el cerro del Tepetlayo, muy cerca de Chilpancingo, en donde todavía está por precisarse la cantidad de restos humanos que se localizan ahí.
A Trump y a sus desmanes la doctora Sheinbaum ha logrado contenerlos. Aquí, falta contener y prender a los malandrines que azotan el territorio de Guerrero. Y no se ve para cuando.