EL-SUR

Jueves 26 de Mayo de 2022

Guerrero, México

Opinión

Sin Veladero no hay Acapulco

Octavio Klimek Alcaraz

Septiembre 04, 2021

Titulo este texto con una frase que la comunidad ambientalista de Acapulco ha expresado en sus denuncias ante la amenaza de invasiones para nuevos asentamientos en el parque nacional El Veladero. A continuación retomo un viejo artículo, con algunos agregados, que escribí sobre la importancia de este parque nacional hace 17 años (El Sur, 31 de julio de 2004).
El día 22 de julio de 1980 –hace 41 años– se publicó en el Diario Oficial de la Federación el decreto donde se crea el parque nacional El Veladero. El área en la actualidad tiene 3 mil 617.4 hectáreas y se compone de dos polígonos, el poniente de 2 mil 737.9 hectáreas y el oriente de 879.4 hectáreas. Ambos en los terrenos de la parte alta del anfiteatro de la bahía de Acapulco.
La finalidad de creación del parque conforme al considerando del decreto de 1980 era y cito el relativo al control de la contaminación y saneamiento ambiental de los centros de población, así como también la necesidad de establecer zonas verdes arboladas, que al mismo tiempo que ayuden a la solución de los problemas señalados, representen para la población que en ellos radica, espacios gratos con fines de recreación y esparcimiento que mejore la calidad de vida en la Comunidad.
Hay que agregar también, que en los parques nacionales sólo se permite la realización de actividades relacionadas con la protección de sus recursos naturales, el incremento de su flora y fauna y en general, con la preservación de los ecosistemas y de sus elementos, así como con la investigación, recreación, turismo y educación ecológicos (Art. 50 de la Ley General del Equilibrio Ecológico y la Protección al Ambiente). Es decir, en esta categoría de área nacional protegida no se permiten realizar actividades productivas, como agricultura o ganadería ni asentamientos humanos, lo cual ha generado durante todos estos años un sinnúmero de conflictos sociales en terrenos del parque nacional El Veladero. Lo anterior, ante la carencia de dar alternativas de vida a antiguos propietarios de terrenos donde se ubica el parque. Esto tiene que resolverse a través de un manejo real del parque.
Sin embargo, pese a la ausencia de un manejo real del parque, la decisión de crearlo detuvo el avance de la mancha urbana en la bahía, contribuyendo al control de la contaminación y protección ambiental de Acapulco. Adicionalmente ha contribuido con otros servicios ambientales como contrarrestar con su vegetación el fenómeno de isla de calor de la mancha urbana de Acapulco, además de mantener un paisaje natural, que forma parte de la propia oferta turística de Acapulco. Sin olvidar que su sola existencia mitigó los efectos trágicos del huracán Pauline en 1997, luego del Manuel e Ingrid en 2013, ya que, de no existir el parque nacional, la tragedia humana y material hubiera sido mucho mayor por estas tormentas tropicales. Es, en síntesis, una protección para Acapulco ante el fenómeno de cambio climático.
Además, la importancia como zona de conservación de la naturaleza, en especial de la flora y fauna regional, es indiscutible. Existen especies únicas que deben ser conservadas, ahí está el caso del palo morado, y muchas otras especies únicas en el área. Existen en el parque relictos de selvas perennifolia y subperennifolia. Es decir, sus ecosistemas son únicos en la región. Además de que sus manantiales abastecen de agua a asentamientos en las partes bajas del área.
Es decir, la contribución del parque nacional El Veladero es fundamental para todos los aspectos prioritarios de la vida de Acapulco, no sólo el aspecto ambiental, sino también los aspectos económicos y los socioculturales.
Esto no quiere decir que se soslayen las partes negativas de la creación del parque nacional y sus consecuencias. La historia de desalojos en el anfiteatro de Acapulco es conocida, se crea expresamente Ciudad Renacimiento para dar cabida a las familias desalojadas del anfiteatro, sobre terrenos productivos en zonas inundables de la cuenca media-baja del río La Sabana. Las consecuencias de esa decisión es el deterioro ambiental no sólo de esas tierras, sino también del propio río, y donde fluyen principalmente sus aguas, la laguna de Tres Palos. Es decir, se ordenó el territorio en una parte, pero se desordenó en otras partes en términos ecológicos.
Lo anterior, probablemente, porque los que diseñaron y operaron la alternativa de reubicación sabían poco o nada de ecología aplicada, de conceptos como planificación ecológica regional, impacto ambiental, cuenca hidrológica, o sobre la fragilidad ambiental de las lagunas costeras. Además, en el aspecto socioeconómico, a la gente en Ciudad Renacimiento se le dio un terreno sin oportunidad de generar procesos productivos autogestivos, básicamente se generó el conocido proceso de ciudad dormitorio. El doctor Ricardo Klimek –mi padre– como especialista en ecología planteó sus objeciones y propuestas alternativas ante esa decisión, pero no fue escuchado por las autoridades gubernamentales de esa época.
Posteriormente, el 29 de noviembre del 2000, al final del gobierno del presidente Ernesto Zedillo, se reforma el decreto de creación de 1980. Por un lado, se desincorporan 11 fracciones de terreno, con una superficie total de 385 hectáreas del parque a favor del gobierno del estado de Guerrero, a efecto de que éste realice las obras que prevengan riesgos producidos por fenómenos naturales y regularice la tenencia de la tierra en beneficio de sus actuales poseedores. A cambio de lo anterior, el gobierno del estado de Guerrero, así como el municipio de Acapulco adicionan al parque 697 y 127 hectáreas respectivamente. La superficie total que se manifiesta en el decreto reformado es de las actuales 3 mil 617.4 hectáreas.
Aunque hay un incremento de 458 hectáreas de superficie en el parque nacional, entre el decreto original de 1980 y el reformado del 2000, existe una realidad innegable, la presión humana de nuevos asentamientos ha propiciado la pérdida original del parque. Hasta el día de hoy, el parque nacional se encuentra sujeto a una enorme cantidad de presiones, desde campesinos que cultivaban la tierra en alguna época anterior o posterior en áreas de éste, hasta aquellos vívales que con codicia buscan la oportunidad de sustraer alguna superficie del parque.
En el tema de las invasiones al parque, como la que ahora denuncian los ambientalistas y la sociedad de Acapulco, esto sucede de manera recurrente. Ahora se aprovecha el cambio de gobierno, ante la ausencia de autoridad. Lo que prevalece son los intereses de hacer clientelas políticas con las gentes que invaden o de simple negocio de venta de terrenos en donde se ve a las tierras del parque como una reserva de territorio a ser ocupada, como una tierra de nadie de gran valor económico. A los que encabezan estas invasiones no les importa vender tierras en zonas de riesgo ante huracanes a la gente, no les importa los daños ambientales que provocan, ni mucho menos los costos y consecuencias de la posterior exigencia a los gobiernos para que se les doten de servicios públicos básicos a esos nuevos asentamientos. Es decir, hay no sólo un crimen social, sino también ecológico. Muchas veces con total impunidad, ya que la cerca del parque la siguen subiendo de manera evidente o de forma subrepticia, todos los días.
De hecho, esta situación generó que el 15 de junio de 1998 –hace más de 23 años– se publicara en el Diario Oficial de la Federación el Acuerdo de Coordinación entre los tres órdenes de gobierno, cito: con el objeto de transferir al Estado de Guerrero por conducto del Municipio de Acapulco de Juárez, la Administración del Parque Nacional El Veladero, y llevar a cabo diversas acciones coordinadas que apoyen la restauración, conservación, desarrollo y vigilancia de dicha Área Natural Protegida. En los hechos, la transferencia nunca se ha dado ya que, entre otros asuntos, existía la necesidad de corregir errores técnicos en las poligonales del parque, se requiere un programa de manejo para el parque, además de una disposición total de los tres órdenes de gobierno para aportar recursos financieros etiquetados específicamente al parque, con el objetivo de contratar los recursos materiales y humanos altamente especializados que operen el mencionado programa de manejo. Por ello, el parque formalmente se encuentra bajo responsabilidad de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp).
En conclusión, se requiere mucha voluntad política de las partes involucradas. En mi opinión debe revisarse el cumplimiento de dicho acuerdo de manera urgente, que es lo que ha causado que las partes no cumplan con lo acordado. No omito el señalar que si fue posible dar recursos federales para rehabilitar a un parque urbano como El Papagayo por millones de pesos, seguramente es posible dar también apoyo al parque nacional El Veladero, que es estratégico en todo sentido para Acapulco.
Finalizo diciendo que la ciudadanía de Acapulco debe comprender que la defensa como área natural protegida de El Veladero, es la defensa de Acapulco. Que es parte obligada de la agenda ambiental del nuevo gobierno estatal y municipal a partir de este año 2021. Lo que me da esperanza es observar la respuesta de muchos jóvenes de Acapulco indignados por lo que está pasando con su parque, el parque nacional El Veladero.