Ana Cecilia Terrazas
Julio 12, 2025
AMERIZAJE
Aunque aparentemente haya bajado un poco el furor de las redadas en contra de las personas sin documentos de identidad que habitan el país que sigue a nuestra frontera norte, la campaña, promesa y reto del gobierno en turno, de disminuir a la población inmigrante, continúa y quizá no termine pronto.
La definición de redada, según la Real Academia Española, tiene dos vertientes: 1) “Lance de la red de pesca y 2) Operación policial consistente en apresar de una vez a un conjunto de personas”*. Las dos acepciones implican la existencia de un acto de poder de un lado poderoso en contra de otro que se percibe menos poderoso. Y estos actos de poder, sin contención mediada por las antes respetables garantías individuales que para segunda mitad del siglo XX fueron los venerables derechos humanos, se están volviendo un hábito a diestra y siniestra en el mundo. Ya se subrayaba en el Amerizaje pasado la aparente imposibilidad de armonizar la comunicación humana en aras de un discurso de reconciliación alejado del pensamiento binario. Ahí está todo lo que ocurre entre Gaza e Israel que, tomando distancia sin dejar de comprometerse como un problema común a la humanidad, casi cualquier cosa que se diga será polarizada y desacreditada entre una postura u otra, sin posibilidad de matices, gamas, tamizados o un pantone más amplio.
Pero también está presente todo lo que ocurre entre Rusia y Ucrania y cómo el orden geopolítico mundial está reorganizándose en función de las guerras y cuánta fuerza pueda imprimirse entre unos seres humanos en contra de otros.
Este, como otros Amerizajes, busca subrayar la importancia de alejarse del apalabramiento binario, del pensamiento polarizado, del querer explicar el mundo exclusivamente desde dos bandos o de manera simple a pesar de las enormes complejidades. Las aproximaciones chatas no permiten puntos de inflexión ni facilitan el flujo. El mundo visto entre “sí” o “no”, “buenos” y “malos”, no da cabida a la humanidad como es y, en cambio, es terreno para que los más poderosos se hagan aún más fuertes y aplasten a los otros.
Un grupo venezolano, hoy liderado por Beto Montenegro, que toca reggae, pop psicodélico, ska y salsa en español, fundado en 2007, de nombre Rawayana, tiene una canción que documenta nítida y pegajosamente el absurdo de esa insistencia por categorizar y encasillar en uno u otro bando. La canción se titula Váyanse todos a mamá, se estrenó en agosto de 2021 y es parte del álbum llamado Cuando los acéfalos predominan**.
El empaquetamiento dicotómico está a flor de redes, en todas las conversaciones, en nuestras emociones y, honestamente, cuesta trabajo verlo desterrado o pensarlo fuera de la agenda política actual.
Giorgio Agamben, autor imprescindible para comprender de mejor manera el poder soberano, las dificultades de ser testigo o testimoniar el horror y la tensión entre la memoria y el olvido, cree en la reconciliación solamente una vez disueltas las dicotomías; una vez aceptada la diferencia y reforzada la creación de espacios de experiencia que permitan la transformación de las situaciones de opresión en posibilidades de liberación***.
Andrea Colamedici****, genial filósofo milanés que no ha cumplido los 40 años, pero que ha logrado diseñar nuevos códigos y apalabrar de forma imaginativa, creativa y nueva la relación del pensamiento, discurso y poder, en diálogo con la inteligencia artificial, arroja algunas luces sobre cómo, quizá, escapar a lo que él llama la “hipnocracia”. El vocablo se hizo famoso a partir del libro Hipnocracia: Trump, Musk y la nueva arquitectura de la realidad, una obra escrita “en colaboración con un agente de inteligencia artificial y firmada bajo el heterónimo de Jianwei Xun” para la cual Colamedici –que aparentemente es el traductor– utiliza una mayéutica que al final resulta en ese ensayo best seller y hit editorial de hace algunos meses. La propuesta de Colamedici tiene que ver con la no añoranza del pasado ni el desencanto al grado de suprimir la creatividad. Propone, entre otras cosas, que tengamos una soberanía perceptiva: esto significa poder desarrollar nuestras propias prácticas y posturas a pesar de que naveguemos en el mar de la “multiplicidad mitológica”. Nos propone***** conservar la capacidad de discriminación informativa y no perder el juicio o razón autónoma ante la avalancha de contenidos que se fortalecen en sus propias contradicciones y extremos incongruentes.
*https://dle.rae.es/redada
**https://www.youtube.com/watch?v=_6iwLXBfAoY
***https://shorturl.at/gEnsp
****rb.gy/62fy90
*****Colamedici propone diseñemos una “mitología crítica”
@anterrazas