EL-SUR

Miércoles 10 de Junio de 2026

Guerrero, México

Opinión

Sobre los nudos familiares

Federico Vite

Noviembre 11, 2025

En 2012, el escritor italiano Alessandro Piperno obtuvo el premio Strega con la novela Inseparabili, il fuoco amico dei ricordo (Italia, Arnoldo Mondadori, 2012, 347 páginas). No se hizo el ruido habitual que suele acarrear este galardón, pero el autor recibió el monto de 5 mil euros, el diploma y la enemistad de muchos autores que se preguntaron, ¿por qué ganó? En cierta forma, esta manifestación de envidia es la que suele amasar Piperno en las historias que narra; le interesa que sus personajes tengan una dosis de malicia y mala leche, porque es la única manera de lidiar con los errores cometidos.
Inseparabili, il fuoco amico dei ricordo está protagonizada por los hermanos Pontecorvo, Filippo y Samuel. No saben vivir uno sin el otro. Se requieren como el yin y el yang. Son diferentes, claro, Filippo es un mujeriego, le encantan los cómics y la bebida; Samuel, en cambio, es desconfiado de las relaciones interpersonales y siempre ha sido un estudiante ejemplar, hecho que le ha permitido tener una destacada carrera en el ámbito de las finanzas, pero este orden se ve trastocado cuando Filippo, gracias a una novela gráfica de protesta, se convierte en un símbolo de rebeldía con el que muchas personas se sienten identificadas. Ergo, deviene en alguien famoso. Samuel, en cambio, pasa por una crisis que no logra superar. No despega; al contrario, se hunde en problemas económicos. El personaje central entre ellos es la madre (además de un par de chicas que sólo agrandan la tensión entre ellos). Lo que llama la atención es que la figura paterna de ambos, el padre, es un nubarrón del que se habla poco, pero se intuye un misterio que no logra ser contado. Estos elementos apuntalan la trama, pues poco a poco la madeja que tira el narrador pone en perspectiva no sólo la historia, sino el contexto de una familia italiana judía.
Cada conversación tiene sentido, cada recuerdo, cada fragmento de la psique, tanto de Filippo como de Samuel, conduce al final inevitable de la novela y el lector entiende que las válvulas de escape diseñadas por el narrador son las que oprimen a los hermanos, porque ambos saben que hay un predilecto, uno de ellos es a quien la madre culpa por todos los males, lo culpa por una catástrofe y ese “chivo expiatorio” logra, en las páginas finales, convertir la novela en una inusual reflexión sobre los papeles que asumen los hijos de una matrimonio judío.
No es necesario ponerle vidas extraordinarias, ni llenar de peripecias la infancia y adolescencia de los personajes, sino que Piperno considera viable producir un vacío en la figura del padre, pues gracias a este hecho se genera un embudo en la trama y el autor logra resolver con prudencia, sin exageraciones ni estridencias, el conflicto.
Piperno divide el relato en cuatro partes y una nota al texto. Organiza así una disección realista, con dosis de humor negro, pero a final de cuentas con una sola intención: “¿Qué se puede hacer? Es hora de quitarse las máscaras, de dejar en suspenso la parodia de este narrador omnisciente. Es tiempo de decir todo esto que alguno ya habrá intuido”. Piperno se refiere al sometimiento y al poder que se mueve en uno y otro de los elementos que integran una familia.
Inseparabili tiene algunos vasos comunicantes con un libro de Umberto Eco: La misteriosa fiamma della regina Loana (2004). Aunque no se parece en la estructura, sino en el fin último de lo que intenta señalar Piperno: las novelas gráficas tienen la virtud de comunicar algo más que la literatura no puede. Ergo: son otro tipo de literatura. Sin duda. Y gracias a la lectura de ellas se percibe de otra forma el mundo.
Pero de la tercera novela de Piperno destaco en esencia el desarrollo de los personajes, porque están diseñados para darle emotividad a una historia que termina por referir la figura del padre de una manera poco ortodoxa. ¿Por qué? Por lo que subyace en cada familia.“Probablemente los padres de otros muchachos, en su momento, habían tenido hacia Leo Pontecorvo un odio irracional y terrible, como el amor que ahora sentían por Filippo Pontecorvo. Existía una relación morbosa e inextricable entre aquel odio y aquel amor enfermo”.
La habilidad del autor radica en que logra hacer del cuerpo narrativo una reflexión emotiva sobre los prejuicios, porque gracias a esas ideas preconcebidas el relato fluye de manera “natural” y la vuelta de tuerca se consuma cuando esas máscaras caen y la revelación, por supuesto, es dolorosa.
Las escenas finales son las que evidencian mucho mejor el talento del autor, pues los diálogos, la descripciones y, en especial, la progresión dramática de los personajes potencia el resultado, a mi juicio, plausible.
Toda esa traslación de la historia se pone en marcha desde la primera línea. Funciona como una maquinaria que debe acelerar de manera gradual, pero sin prisa por llegar al final. No tengo dudas de que esta misma historia podría haberse convertido en un triste éxito al estilo Netflix, podría haber tenido más “acción” e “intriga”, pero gracias a la sobriedad de Piperno eso no pasa y el lector entiende que la buena literatura disecciona con elegancia los vínculos entre los personajes. Redimensiona así lo humano. No debemos olvidarlo, porque cada vez más novelas privilegian lo superficial. Aunque algunos autores aún preservan los valores de la inmersión psicológica y van a los cimientos de un vínculo, porque no hay otra manera de narrar historias entre humanos sin echar una mirada al basamento de ese lazo afectivo-destructivo.
La especialidad de Piperno es la “autopsia familiar” y lo deja ver en otras novelas, ya traducidas al español, como Con las peores intenciones (2005) y Persecución (2010).
Quizá por todo lo mencionado, el lector debe ceñirse a la frase inaugural de la novela, una tesis que se confirma una vez que el lector llega al final de la historia: “Basta frecuentarte con asiduidad para entender que si los otros son parecidos a ti, entonces uno no debe confiarse de los que se parecen a nosotros”.

* La traducción de las frases entre comillas es mía.

@FederìVite