EL-SUR

Sábado 19 de Junio de 2021

Guerrero, México

Opinión

Sólo con una política de Estado

Jorge Camacho Peñaloza

Marzo 23, 2018

 

La gente cree que está buscando la seguridad, pero lo que realmente busca es una sensación de seguridad, ya que la seguridad real, por supuesto, no existe. Eric Berne.

El tema que nos ocupa actualmente, por la relevancia que tiene para la vida del país y de sus entidades federales, es el electoral. Como parte del equipo de Margarita Zavala, me encuentro inmerso en un proceso político inédito en el país como es el de impulsar una candidatura ciudadana independiente, sin embargo, no podemos cerrar los ojos a la realidad que se vive en Guerrero relacionada con la violencia, tema al que tenemos que recurrir propositivamente sobre todo hoy que parece que se va recrudeciendo.
En lo que va del año la situación de la violencia en Guerrero se ha agudizado, desde la desaparición y aparente ejecución de cinco jóvenes en Chilpancingo por parte de elementos de la Policía Municipal, hasta los homicidios de sacerdotes y aspirantes a candidaturas para el proceso electoral actual, pasando por los enfrentamientos entre grupos de la delincuencia en las zonas de Chilpancingo-Chilapa y en el valle del Ocotito, y el agravamiento de la confrontación de estos grupos en Acapulco y los asaltos en la Autopista del Sol, así como el ingreso de hombres armados en una escuela en la colonia Frontera de Acapulco en su zona periférica de alta marginación en la que delincuentes cortaron el pelo a dos decenas de alumnas en un hecho denigrante que seguramente quedará en la impunidad.
Es un panorama de aparente avance y descomposición de la delincuencia organizada, que opera sin muchos obstáculos por parte de las corporaciones policiales y de las fuerzas armadas, pareciera que los delincuentes gozan de la libertad para asesinar en plena playa de Caletilla a personas, asaltar a automovilistas en la autopista y seguir ejecutando a gente en los alrededores de la colonia Progreso en Acapulco y en el centro de Chilapa y Chilpancingo.
La situación es muy compleja porque los esfuerzos gubernamentales no han logrado reducir la violencia delictiva, aunque paradójicamente esta violencia no esté impactando en la actividad turística al mantenerse altos porcentajes de ocupación y se vean atiborradas de vacacionistas las playas de Acapulco, haya nuevos vuelos nacionales e internacionales al puerto y empiecen a regresar los grandes cruceros a este destino. Todo lo bueno de Acapulco y de Guerrero se ve empañado de rojo ante tanta violencia e inseguridad para los que viven en las ciudades y zonas de alta incidencia delictiva que agobia la tranquilidad de la población, traduciéndose en un permanente temor de ser víctimas directas o colaterales de alguna acción violenta delincuencial.
El panorama es preocupante porque puede agravarse en los próximos meses en el marco de la contienda electoral, que en Guerrero es un asunto de alta confrontación en razón de que la lucha por cargos de elección popular se ha convertido en una lucha a muerte no sólo por representar un modus vivendi sino por el control de las zonas por parte de la delincuencia organizada.
Preocupa también porque no se ve una acción contundente de Estado, para el gobernador Héctor Astudillo el tema es prioritario, lo trae en su agenda, se reúne frecuentemente con titulares de las dependencias del Grupo de Coordinación, pero no se ve que el tema sea igual de prioritario para las autoridades federales de seguridad y a nivel municipal, dejan solo al gobernador. En el gobierno federal pareciera que no hay una estrategia de inteligencia, táctica y operativa para combatir a la delincuencia, se observa poco interés en articular un esfuerzo serio.
Pero también los otros dos poderes locales, el legislativo y judicial, no se observa que digan esta boca es mía, que hagan propuestas e implementen acciones para combatir a la delincuencia en un ejercicio muy autolimitativo de sus atribuciones. De igual forma los partidos políticos, sus principales dirigentes y líderes quienes andan más ocupados por candidaturas a presidentes municipales, diputados locales o federales, síndicos y regidores, propietarios y suplentes, andan en lo suyo, el poder por el poder, de la seguridad, la delincuencia y la violencia, se acuerdan sólo para denostar al adversario, al gobernador, o como tema de discurso proselitista, pura simulación pues. Y la sociedad justificadamente no bien a bien le entra a deliberar, hacer propuestas y actuar para reducir este problema.
Ante este panorama existe la posibilidad de que el esfuerzo de impulsar un Pacto por la Seguridad por parte del gobernador se diluya, porque por más que esté en su agenda, sin la decidida intervención de las dependencias responsables federales y sin la participación de la sociedad no habrá una verdadera acción de Estado articulada, que es la única forma como puede enfrentarse realmente el problema.
Ya ha habido diálogos por la seguridad con las principales fuerzas políticas, con las iglesias y representantes de la sociedad civil, sería importante darle continuidad a esos diálogos y plasmar los compromisos que salgan de ellos y que el pacto se eche andar antes de que inicien las campañas del proceso local porque una vez entradas éstas todo lo que se diga de seguridad va a ser vulgar proselitismo.
Vuela vuela palomita y ve y dile: A todos los responsables de la seguridad que ya sean serios y se pongan a trabajar, y a la sociedad que diga con qué y cómo le va a entrar porque si no es todos juntos, la inseguridad va a continuar.