EL-SUR

Lunes 06 de Diciembre de 2021

Guerrero, México

Opinión

¿Sólo para viejos y feos?

Humberto Musacchio

Marzo 09, 2017

Está vacante una de las cuatro vicepresidencias del Instituto Nacional de Estadística y Geografía, más conocido por Inegi, y entre los aspirantes a ocuparla figura una mujer de 31 años, altamente preparada, con suficiente experiencia y una impecable hoja de servicios, quien cumple con todos los requisitos de ley que se exigen para ocupar el puesto.
Al darse a conocer la candidatura de la dama citada, en diversos medios de comunicación se le objetó por joven y por mujer (sólo faltó que la impugnaran también por guapa, que lo es). En este país misógino, no es extraño que los altos cargos sólo los ocupen varones en tanto que contra la juventud se arguye que carece de experiencia.
La candidata a que nos referimos se llama Paloma Merodio Gómez, es licenciada en economía por el ITAM, donde se graduó en 2008 con honores, y es maestra en administración pública y desarrollo internacional por la Universidad de Harvard, titulada en 2013. De modo que blasones académicos no le faltan.
Trabaja desde los 21 años, pues en 2007 se incorporó a una empresa privada que hace el seguimiento de proyectos con objeto de elevar la eficiencia. En 2009 pasó un semestre en Blangladesh, en el Banco Grameen del Premio Nobel de la Paz Muhammad Yunus. Ahí, en el llamado “banco de los pobres”, se dedicó a conocer el área de microfinanzas y la meritoria labor social que realiza la institución a favor de microempresas, especialmente las integradas por mujeres.
Con esa experiencia, la ahora candidata a una vicepresidencia del Inegi se desempeñó exitosamente en la Fundación Idea, un organismo técnico de carácter privado especializado en la planeación estratégica de proyectos económicos sectoriales. Durante un breve lapso (2013-2015), la maestra Merodio fue coordinadora de Investigación Estratégica y del Sistema de Información Integral del IMSS, donde dirigió un grupo formado por actuarios, economistas, politólogos, sociólogos y otros especialistas encargados de captar y generar información oportuna y confiable, tan confiable, que en ella se han basado las recientes reformas del Seguro Social en beneficio de los derechohabientes.
En noviembre de 2015, invitada por José Antonio Meade Kuribreña, la maestra Merodio ocupó la Dirección General de Evaluación de la Secretaría de Desarrollo Social, donde ha cumplido una brillante gestión, con el añadido de que en 2016 se convirtió en presidenta de la Comisión Nacional de Normalización, el organismo que expide las normas mexicanas oficiales. De modo que tiene suficiente experiencia, aptitud para la concepción y concreción de proyectos, capacidad de coordinación y probado don de mando.
Paloma Merodio ha trabajado para la iniciativa privada y el sector social, para gobiernos del PRI y del PAN, pese a (o gracias a) que no pertenece a partido alguno, aunque sobre políticas públicas tiene ideas firmes, tan firmes que la llevan a plantear los resultados de sus investigaciones en forma respetuosa y profesional, pero con toda franqueza, sin conformismo ni temores burocráticos al qué dirán, especialmente al qué dirá el jefe.
Actualmente, en la Junta de Gobierno del Inegi sólo hay hombres y el promedio de edad anda muy arriba de los 60 años. Por supuesto, es muy valiosa la experiencia de quienes llegan a los altos cargos después de una trayectoria larga, pero también cabe decir que hay una edad en la que disminuye notablemente la capacidad de iniciativa y la energía para llevar adelante propósitos, pues la perspectiva vital se va cerrando y lo que desea el común de la gente es envejecer en paz.
En todo cuerpo colegiado lo mejor es aprovechar la experiencia de unos, pero combinarla con la juventud de otros; mezclar la sabiduría y prudencia que dan los años con el empuje, el altruismo e inventiva propia de los jóvenes, cualidades que los llevan a exponer la realidad con la crudeza propia de la convicción y el deseo de cambio en beneficio de las mayorías.
El Senado habrá de decidir y ya se sabe que ahí tienen un gran peso los intereses de partido. Pero sería lamentable que se optara, en nombre de los equilibrios políticos, por designar a un cartucho quemado o, peor aún, a una persona sin méritos para un cargo tan delicado. La oportunidad está dada a favor de quien posea una alta calificación académica y una experiencia rica y productiva. México espera un cambio generacional y una actitud ajena al sexismo. Los senadores tienen la palabra.