EL-SUR

Sábado 04 de Julio de 2026

Guerrero, México

Opinión

Teuchitlán, esa fosa de la que no salimos

Silber Meza

Marzo 29, 2025

En días pasados el periodista Ioan Grillo compartió en sus redes sociales un listado de 13 masacres, enormes fosas comunes clandestinas y campos de exterminio hallados en México en los últimos 15 años. Más tarde vi que otros periodistas hicieron sus propios listados. El horror sucedido en Teuchitlán, Jalisco, y que apenas estamos conociendo, es una muestra de lo que ha pasado en México desde que se inició la llamada “guerra contra el narco” en 2007, cuando llegó el panista Felipe Calderón a la presidencia, y que no pudieron detener ni el priista Enrique Peña Nieto ni el morenista Andrés Manuel López Obrador. Un fracaso total en materia de seguridad que ha costado cientos de miles de vidas, la mayoría de adultos jóvenes en sus 30 y menores de edad.
Este modelo de exterminio se masificó con la llegada de Los Zetas, el grupo de exmilitares que al principio trabajaban para Osiel Cárdenas Guillen, líder del Cártel del Golfo, y después se independizaron para crear su propia estructura criminal. Con el arribo de ellos empezamos a ver el sadismo en su máxima expresión. El objetivo era infundir miedo en los bandos rivales. Entre más violento te mostraras, era la lógica, más dominio tendrías y menos intentarían pelear el territorio. Al principio tuvo sus efectos, pero después los grupos rivales repitieron esas prácticas y, como es costumbre, intentaron superarlas. Hoy tenemos un México inundado de sangre.
Imposible olvidar los campos de exterminio –o como queramos llamarlos– de 2010 en San Fernando, Tamaulipas; el multiasesinato de 2011 en el casino Royale en Monterrey, Nuevo León; los 383 cuerpos en Durango en 2011-2012, entre tantos otros que han convertido a México en “El país de las 2 mil fosas”, como se titula un excelente reportaje de la organización Quinto Elemento Lab.
Hasta el momento, el campo de entrenamiento y exterminio del rancho Izaguirre, en Teuchitlán, se le ha adjudicado al Cártel Jalisco Nueva Generación por ser la estructura criminal que domina la zona, pero lo mismo se repite en cualquier parte del territorio nacional y con cualquier organización delictiva, las familias con personas desaparecidas lo saben bien. Sea el Cártel Jalisco, el de Sinaloa, el del Noreste, el del Golfo, Los Zetas, La Familia Michoacana, Cárteles Unidos, Los Tlacos, Los Ardillos, el CIDA, Santa Rosa de Lima, los Caballeros Templarios, La Familia Michoacana: no hay diferencias reales. Al final, todos operan con hiper violencia y de forma despiadada. No hay ideologías ni valores morales; como les gusta decirlo en los narcocorridos, lo único que existe es el poder y el dinero.
Y los que llevan la peor parte de esto son los jóvenes, hombres y mujeres.
En un largo reportaje de las periodistas Mariana Betanzos y Laura Jiménez que publicamos en El Universal en septiembre pasado, se revela que en México todos los días, en promedio, son asesinados 26 jóvenes y desaparecidos otros 20.
El “bono democrático” nacional fue acabado por el crimen. Las familias, destrozadas. Ninguna madre, ningún padre, puede reponerse del homicidio de un hijo, de una hija, de una desaparición.
“Hombres y mujeres de entre 12 y 29 años, principalmente marginados, son asediados por el crimen organizado, sus muertes no son investigadas, padecen revictimización y violencia machista; carecen de atención a la salud mental y por adicciones, y son víctimas de trata de personas”, se lee en el trabajo.
México no puede normalizar estas muertes, no nos podemos acostumbrar a ellas. Por eso nos duele tanto Teuchitlán, porque la tragedia ahí vivida, ahí sufrida, nos muestra el cementerio en el que se ha convertido el país, en la fosa clandestina que los criminales han cavado y las autoridades han ignorado. Una fosa que hemos visto repetida durante casi dos décadas.
La forma en la que la Fiscalía General de la República y el gobierno de Claudia Sheinbaum han manejado el caso hasta ahora es indignante, por decir lo menos.
Promover que los comunica-dores oficialistas dijeran que fueron a Teuchitlán y no hallaron crematorios clandestinos, y además colocarles el megáfono en la conferencia mañanera, es la actualización del “día soleado” de Jacobo Zabludovsky.
Están más preocupados por deslindarse y no pagar el costo político, que por saber la verdad y encontrar a los desaparecidos.