EL-SUR

Jueves 18 de Agosto de 2022

Guerrero, México

Opinión

Thomas E. Lovejoy y la Conservación de la Biodiversidad

Octavio Klimek Alcaraz

Enero 15, 2022

El pasado 25 de diciembre de 2021, a la edad de 80 años, falleció el reconocido naturalista Thomas Eugene Lovejoy. Ese fue un fin de semana triste para la ciencia de la Biología, ya que un día después falleció otro naturalista famoso: Edward O. Wilson. Ambos fueron pioneros del estudio de la biodiversidad y su conservación en el mundo anglosajón (ver artículo sobre E. Wilson en El Sur, 8 de enero de 2022).
Lovejoy nació el 22 de agosto de 1941 en Manhattan, Nueva York. Se graduó de la Universidad de Yale, donde recibió una licenciatura en Biología en 1964 y un doctorado en 1971, trabajando con aves en el Amazonas.
A Lovejoy se le suele atribuir la introducción del término “diversidad biológica” en el lenguaje habitual en la década de los 80, más tarde, la frase se reduciría a “biodiversidad”, así como por su trabajo como ecólogo en la Amazonía brasileña desde 1965. Pero fue mucho más que eso, ya que se convirtió en uno de los líderes en conservación más influyentes de los Estados Unidos.
Recibió numerosos premios por su trabajo, entre ellos el Premio Tyler al Logro Ambiental (2001), los Premios Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento (2008) y el Premio Planeta Azul (2012). En 1996 fue elegido miembro de la Academia Estadunidense de Artes y Ciencias, y en 2021 de la Academia Nacional de Ciencias.
Thomas Lovejoy, de 1973 a 1987 dirigió el programa de conservación en World Wildlife Fund-US, y de 1987 a 1998 se desempeñó en el Instituto Smithsonian en Washington, DC. Posteriormente fue catedrático de Biodiversidad en el Heinz Center for Science, Economics, and the Environment de Washington DC, del que fue presidente entre 2002 y 2008. Fue elegido profesor universitario en la Universidad George Mason, Fairfax, Virginia en marzo de 2010.
Entre sus múltiples encargos anteriores destacan que fue asesor principal sobre biodiversidad del presidente del Banco Mundial y primer especialista en Medioambiente en América Latina y el Caribe; presidente del Grupo Asesor Independiente sobre Sostenibilidad del Banco Interamericano de Desarrollo. Dirigió el Consejo Asesor Científico y Técnico del Fondo para el Medio Ambiente Mundial (GEF, en inglés), la principal fuente de financiación medioambiental.
Además, fue presidente del Instituto Estadunidense de Ciencias Biológicas, presidente del Programa del Hombre y la Biosfera de los Estados Unidos y presidente de la Sociedad para la Biología de la Conservación.
Perteneció al grupo asesor de Biosfera 2, un intento en la década de los 90 de recrear las condiciones de vida de la tierra en una construcción de acero y vidrio y renunciar por completo a la ayuda externa. Asimismo, fue miembro de la Iniciativa Big Cats, cuyo objetivo es salvar a los grandes felinos de la extinción. También fue creador de la popular serie televisiva Nature.
Lovejoy impulsó los canjes de deuda por naturaleza, en los que los grupos ambientalistas compran deuda extranjera inestable en el mercado secundario a la tasa de mercado, que se descuenta considerablemente, y luego convierten esta deuda a su valor nominal en deuda local para comprar extensiones de tierra biológicamente sensibles en la nación deudora con fines de protección ambiental, más allá de las posibles críticas a este instrumento, esta innovación sirvió como experiencia para el posterior financiamiento de la conservación.
En 1980, Lovejoy publicó la primera estimación de las tasas de extinción global (en el Informe Global 2000 para el presidente, en el sugería que, entre medio millón y 2 millones de especies, es decir, el 20 por ciento de todas las especies en la Tierra, podrían extinguirse para el año 2000, principalmente debido a la pérdida del hábitat silvestre, pero también en parte debido a la contaminación. Señalando, que la extinción de especies a esta escala no tiene precedentes en la historia de la humanidad.
En el 2010 señalaba en declaraciones: “Lo que estamos viendo hoy son los presagios de la sexta extinción masiva en la historia de la Tierra”. Asimismo, Lovejoy enfatizó la conexión entre la crisis climática y la crisis de la biodiversidad desde el principio: “Los 2 grados centígrados que deberían acordarse en Copenhague como límite superior para el calentamiento global son demasiado para la naturaleza. Un mundo dos grados más caliente será un mundo sin arrecifes de coral”. (https://taz.de/!5142895/).
Como relata Elizabeth Kolbert, en su libro titulado La sexta extinción. Una historia nada natural (Editorial Crítica, 2015), en los años setenta, Lovejoy y muchos otros científicos estaban profundamente preocupados por lo que estaba sucediendo en las selvas tropicales. En especial en la selva del Amazonas, que alberga el 40 por ciento de la selva tropical que aún existe en el mundo y un estimado del 25 por ciento de la biodiversidad terrestre global. Cada vez más, se talaban selvas tropicales para dejar espacio para carreteras, potreros ganaderos, aprovechamiento forestal, que son las principales causas de deforestación, entre otras. El gobierno brasileño estaba alentando a la gente a establecerse al norte de Manaos, en plena selva del Amazonas. El gobierno pagaría a los ganaderos para que se mudaran a la zona, talaran la selva tropical y comenzaran a criar ganado. Al mismo tiempo, requería que los ganaderos dejaran intacta la mitad del bosque en su tierra. Lovejoy propuso que los ganaderos cooperaran con los científicos para crear fragmentos de selva tropical de diferentes tamaños que luego podrían estudiarse. Esto, basado en comprobar de manera empírica la teoría de la biogeografía de las islas de Robert MacArthur y Edward O. Wilson, en donde la cantidad de especies presentes en una isla determinada (fragmento) era consecuencia del equilibrio entre migración y extinción. Lo atractivo es que dicha cantidad estuviese relacionada en parte con el tamaño de la isla y en parte con la distancia entre ella y los focos de colonización más cercanos. Así, los biólogos se dispusieron a medir la biodiversidad en los fragmentos de selva, mientras estos se encontraban en situación prístina y, después, una vez que hubieran sido convertidas en islas por la tala de la selva. El experimento se conoció como el Proyecto de Dinámica Biológica de Fragmentos Forestales, o PDBFF, que continúa hasta el día de hoy. El experimento ha demostrado que, aunque pequeños fragmentos de selva tengan un cierto valor y sean, desde luego mejores para la biodiversidad que la falta de ellos, no se puede decir que su aportación a la conservación de la biodiversidad sea igual que la de la selva misma. Es decir, los fragmentos pierden especies y luego siguen perdiéndolas, y por ello ha sido calificado como el experimento ecológico más importante jamás realizado.
Así, Lovejoy pasó la mayor parte de los últimos cincuenta años tratando de preservar la selva del Amazonas, y gracias a sus esfuerzos, contribuyó a preservarla con distintas formas de protección legal. Él se llevó a cualquiera que pensara que podría ayudar con este esfuerzo para visitar al mítico Campamento 41, parte del Centro de Biodiversidad Amazónica que fundó en Manaos, Brasil. Buscaba que conocieran el PDBFF, incluidos varios políticos estadunidenses y famosos como Tom Cruise, que al parecer disfrutó del viaje, pero no se adhirió a su iniciativa de conservación, según narra Kolbert.
La triste realidad es que, en la selva de la Amazonía, las tasas de deforestación continúan aumentando. En 2018, Lovejoy y el científico brasileño Carlos Nobre advirtieron en un artículo en la revista Science Advances que la región se acercaba a un umbral crítico. Ellos señalan que la selva tropical del Amazonas es tan grande que crea sus propios patrones climáticos. Si la deforestación continúa, advirtieron, entonces las lluvias que la convirtieron en una selva tropical dejarían de caer, escribieron: “Creemos que el curso sensato no es solo frenar estrictamente una mayor deforestación, sino también reconstruir un margen de seguridad contra el punto de inflexión del Amazonas, al reducir el área deforestada a menos del 20 por ciento, por la razón de sentido común de que no tiene sentido en descubrir el punto de inflexión preciso encontrándolo”. (https://www.science.org/doi/epdf/10.1126/sciadv.aat2340).
Aboguemos para salvar, si no todo el Amazonas, la mayor parte; si no todas las especies, entonces la gran mayoría. La única forma de honrar realmente el legado de Lovejoy sería lograr estos objetivos.