Abelardo Martín M.
Marzo 31, 2026
En un mundo convulsionado y con la velocidad con la que transcurren los sucesos en la actualidad, el calendario avanza y ya estamos en la Semana Mayor, el espacio que conmemora año tras año la pasión cristiana y abre con ello un paréntesis para la reflexión, la reconciliación entre los seres humanos y la búsqueda de la paz en el planeta. Se vive la llamada Semana Santa, lo que significa un contrasentido en medio de las noticias en el mundo agitado y dominado por la violencia, la polarización de opiniones y nunca como hoy, alejado de la paz, de la reflexión, salvo aquellos lugares habitados por monjes que se niegan a participar de la actualidad y la modernidad.
Como señalaron los obispos mexicanos en el mensaje difundido por la Conferencia del Episcopado, esta pausa espiritual es hoy especialmente urgente, frente al riesgo de caer en la desesperanza y la pérdida de la fe, ante la crisis de violencia que ha tenido un profundo impacto en las familias y las comunidades.
Atravesamos ciertamente momentos de gran tensión, no sólo en México sino en el planeta entero. La región del Medio Oriente y sus alrededores alberga algunos de los focos bélicos más perturbadores de la escena internacional, desde la guerra en Ucrania, cuya invasión militar por parte de Rusia comenzó hace más de cuatro años, hasta el conflicto de Israel con Irán, agudizado desde el año pasado, que ha culminado con los ataques de Estados Unidos que ya cumplieron más de un mes, con lo que se ha generado un enfrentamiento que ya involucra a las naciones que comparten esa zona geográfica, y tiene repercusiones en el comercio, la economía y las finanzas de todo el orbe, México incluido.
La economía mundial, pende de un hilo que se agita y mueve con cada declaración, amenaza, sanciones, restricciones o aranceles por parte del presidente estadunidense, primero en la guerra comercial que provocó o incrementó con nuevos aranceles que pretendían contener el crecimiento de los países de Asia, encabezados por China, quien aparentemente ya está colocada en el primer lugar de la economía y el progreso mundiales, o para evitar la caída y descomposición estrepitosa que ha vivido ¿ la nación estadunidense en los últimos lustros. En México, la amenaza de una inflación detonada por el aumento en los precios de los energéticos, especialmente las gasolinas y el diésel, son también consecuencia de la animosidad que se vive en el mundo. Víctima o victimario, el ánimo del presidente estadunidense se revela con la construcción, en el ala este de la Casa Blanca, de un ambicioso salón de eventos y baile que, en realidad, se trata de una fortificación militar para protegerse de drones y misiles, según reveló el propio Trump, en el que la inversión estimada es de 400 millones de dólares.
Otros elementos embrollan aún más ese complicado panorama, muchos de ellos derivados de la agresividad patológica que despliega Trump cada día en sus relaciones con el mundo, lo mismo con sus vecinos y socios comerciales como Canadá y nuestro país; con Cuba, a cuyo régimen quiere arrodillar, o con sus aliados militares en la OTAN, a los que intenta mandar como subordinados pero se ha topado con naturales resistencias que sin embargo no esperaba.
En el caso de México, se han vuelto repetitivos y recurrentes sus dimes y diretes con la presidenta Claudia Sheinbaum, alrededor de sus ansias de intervención y la férrea defensa de la soberanía que ha sostenido nuestra mandataria.
También en el ámbito interno es necesario este lapso de reencuentro, reconstrucción del tejido social y compromiso comunitario, sobre todo en las regiones más azotadas por la criminalidad y la violencia. No es casualidad que en los días previos la presidenta Claudia Sheinbaum haya presentado las cifras de uno de los aspectos más dolorosos de la vida nacional, el registro de las personas desaparecidas, fenómeno que se presenta en el territorio nacional desde el siglo pasado, pero que en las pasadas dos décadas empezó a crecer sin control.
Ahora sabemos con razonable certeza, porque es un asunto que se presta a la incertidumbre y la polémica, que hay un registro de más de 130 mil personas desaparecidas, de las cuales en más de un tercio de los casos faltan datos e información que posibiliten su rastreo, y en otro tercio de éstos sí hay información suficiente para investigar pero pese a ello no se ha podido encontrarlas.
Guerrero es una de las entidades donde este problema tiene especial gravedad, tanto que aquí ocurrió el episodio que cimbró a la nación hace doce años, cuando un grupo de 43 normalistas fue secuestrado y desaparecido, sin que hasta la fecha se haya llegado a la conclusión clara de qué fue lo que ocurrió exactamente y dónde se encuentran las víctimas.
Mientras la Semana Santa transcurre, sin que muchos atiendan el mensaje de introspección y construcción de la paz, la solidaridad y el perdón, otros más, la mayoría, aprovechan el asueto para el descanso y el entretenimiento, también muy necesario como un escape para las presiones y tensiones de la vida cotidiana. Acapulco y el resto de los puntos que componen la oferta turística de la región, se ven saturados ya desde los días previos, y en las próximas jornadas estarán a tope, lo cual es positivo para una población que vive del turismo y obtiene ahí, particularmente en estas épocas, su principal ingreso.
Aún quedan pendientes de la reconstrucción luego de los huracanes que dañaron la infraestructura turística y urbana, y detuvieron por un tramo la economía de la zona. Pero cada vez se nota más el vigor y la fortaleza con que se recupera la vida y el entusiasmo que siempre han caracterizado a los lugareños, en especial a los acapulqueños que demuestran su resiliencia y ánimo de salir adelante. Que así siga y se vuelva realidad el deseo de unas ¡felices Pascuas!