Alan Valdez
Mayo 09, 2026
COSAS QUE LA GENTE OLVIDA
I. Immaculate Heart College Art Department Rules
En los años sesenta, el Departamento de Artes del Colegio del Inmaculado Corazón, en Los Ángeles, empezó a ser conocido por su forma de enseñar arte. Era una escuela católica para mujeres. Allí daba clases Sister Corita Kent, monja, artista y serígrafa. A sus estudiantes les pedía desconfiar de la distancia entre arte y vida cotidiana.
Un anuncio, una revista o una frase encontrada en una pared eran lugares donde una época dejaba inscritas sus formas de deseo, consumo y creencia. De esa práctica salieron imágenes, métodos de trabajo y una lista de reglas para estudiantes y profesores del Departamento de Arte.
Aunque debo matizar que la palabra “reglas” puede alejarse de lo que esta declaración pedagógica era en realidad. La lista no funcionaba como un código coercitivo. Era una pedagogía del hacer.
Durante años, esa lista circuló atribuida a John Cage, compositor experimental y escritor estadunidense. La asociación venía de la última regla, que incorpora una frase de John Cage. Cage había trabajado con el azar, el silencio y la indeterminación, desplazando la obra de la voluntad cerrada del autor hacia un campo más abierto, donde también intervenían el accidente, la escucha y lo imprevisto. La regla número 10 dice: “Estamos rompiendo todas las reglas. Incluso nuestras propias reglas. ¿Y cómo hacemos eso? Dejando mucho espacio para las cantidades desconocidas”.
La frase advierte que incluso las reglas propias pueden convertirse en una forma de control. La inteligencia de la frase de Cage radica en cómo introduce la necesidad de una zona de reserva. Algo del trabajo debe permanecer disponible para lo que nunca está previsto.
Esta mañana uso por última vez la impresora de la escuela.
Hoy termina nuestro curso de español.
II. Anoche comí la cena
Dibujo en la pizarra: “Anoche yo comí la pizza”. Desarmo la oración como si fueran las piezas de un mueble desechable. La expresión de tiempo, el sujeto, ese “yo”, el verbo conjugado.
—Es pretérito —les digo—. La acción está cerrada. Done.
Los alumnos mueven los dedos sobre sus computadoras. Sus rostros, todavía adolescentes, a veces huyen hacia la ventana, cruzan la calle y se acuestan en el pasto frente al edificio de Química.
Escribo otra oración.
Cuando era niño, iba de vacaciones al mar con mi familia.
—¿Por qué este pasado es distinto? —les digo—.
El imperfecto no cierra la escena. En el nombre de ese tiempo verbal se entiende su condición. La memoria era porosa.
Entonces escribo una vez más:
Cuando era niño me gustaban los libros de animales.
Regresan de sus juegos de primavera. Les pregunto qué compraron, qué comieron en el desayuno y qué hicieron el fin de semana pasado. El sol afuera, sin una sola nube atravesada, hace que el día tenga un cielo más vertical.
El ejercicio que tienen que responder consiste en completar las siguientes oraciones. Deben escoger uno de los dos verbos entre paréntesis y conjugarlo en pretérito o imperfecto.
Cuando era niño, yo __________ en el patio con mis primos.(esquiar / traducir)
Ayer nosotros __________ un examen de español.(cantar / derretir)
De pequeña, mi hermana __________ caballos con gis en la pared.(dormir / obedecer)
El lunes pasado la profesora __________ la puerta.(descifrar / hervir)
Todos los veranos mis amigos y yo __________ en la calle hasta tarde. ( nadar / roncar)
Esta mañana los estudiantes __________ sus computadoras. (beber / morder)
Cuando éramos niños, nos __________ detrás de los árboles. (tejer / cribar)
Uso el momento final de la clase para agradecerles por su trabajo del semestre. Les explico por qué traje la lista. Hay algunas cosas que quiero decir y no las digo. Las encuentro, de último minuto, sospechosamente didácticas.
Se escuchan los zippers y las butacas desacomodándose en el salón. Algunos alumnos me dan la mano, otros simplemente salen, otros me dicen adiós desde la puerta. Algunos me hablan en inglés y algunos otros me hablan en español. Algunos me sonríen. Algunos no me miran.
Al salir, sus rostros dejan de parecerme adolescentes. Cruzan la puerta y ya no los vuelvo a ver más.
Tomo una fotografía del salón vacío.
El reloj marca exactamente las 11:20 de la mañana.
Afuera el sol pasa entre los árboles.
III. Things to do today
Hoy hago lo de cada fin de jornada. Camino al lado del río.
Algunas mujeres toman el sol en la orilla y algunos hombres corren como toros.
Los gansos, ocupados en apariencia en su propia búsqueda junto al agua, no se dan cuenta de que los filmo.
Salen.
Me sorprende cómo, apenas ya están en otro elemento, sus cuerpos saben comportarse. Las patas encuentran el lodo, el cuello vuelve a su altura, el agua se escurre del plumaje y ellos siguen caminando como si nada hubiera cambiado.
Un auto con globos en el techo se estaciona. Los globos llaman mi atención porque, a pesar de su ligereza, alcanzo a distinguir el esfuerzo que hacen por desprenderse del hilo que los mantiene amarrados. Del auto bajan mujeres con vestidos y hombres en traje. Están listos para su foto de graduación. El fotógrafo les da instrucciones, en cada reordenamiento de la fila para la toma, ríen y mueven sus manos. Son bellos, quiero decírselos, pero el sonido de una bicicleta que suena su campana me devuelve a mi paseo y sigo hasta los campos de beisbol.
En el trayecto voy haciendo apreciaciones muy específicas sobre algunos árboles y sus nidos. A ratos me distrae el megáfono del instructor del equipo de remo, que apura a sus estudiantes a lo largo del cauce. Sus instrucciones metálicas son muy concretas. Más presión. Mantengan el ritmo. Respiren. Uno, dos. Uno, dos. Más largo. Otra vez.
Esa forma de ordenar el cuerpo con frases breves me hace pensar en otra lista famosa. La escribió Johnny Cash. En una hoja titulada Things to do today, anotó cosas mínimas y extrañas por su precisión: no fumar, besar a June, no besar a nadie más, toser, orinar, comer, no comer demasiado, preocuparse, ir a ver a mamá, practicar piano. Al final escribió también: no escribir notas.
Yo cargo con un cuaderno de notas a todas partes. A veces pienso que, además de ayudarme con el apuro de la información que no quiero que se me olvide, cargo con el cuaderno como sustituto de mi cámara. Lo que quiero decir es que hay veces que intento tomar algunas fotos y no funcionan, ya sea por la luz o por mi falta de habilidad: el error. El cuaderno me ayuda a describir una imagen específica cuando la cámara no logra entenderla.
Por ejemplo, desde el invierno quise tomarle una foto a un árbol seco del parque. Sus ramas crecían con tanta amplitud que, si alguien me hubiera preguntado cuál era el arce negro que originó el bosque, yo habría señalado ese. Sin embargo, mi cámara, por alguna razón, no ha llegado a ningún acuerdo entre el árbol y mi ojo.
Tengo demasiadas notas.
Tal vez debería hacerle caso a Johnny Cash.
IV. El agua que bebes cuando te despiertas por la noche
En El libro de la almohada, un texto escrito por Sei Sh?nagon, escritora japonesa de la corte imperial a finales del siglo X, aparecen muchas listas. No son listas de tareas ni de reglas. Son listas de atención. Sh?nagon ordena el mundo por afinidades pequeñas, por molestias, por alegrías, por formas de belleza o de incomodidad. Una de esas listas se llama “Cosas que te hacen sentir alegre”. La primera cosa que enlista es el agua que bebes cuando te despiertas por la noche. Es cierto, esa forma de felicidad la conozco.
Otras listas suyas son igual de importantes. En “Cosas que enervan”, aparece un invitado que llega cuando tienes algo urgente que hacer y se queda hablando por horas sin parar. En “Cosas encantadoras”, la cara de un bebé pintada en un melón. En “Cosas que hacen que el corazón se tambalee de ansiedad”, presenciar una carrera de caballos. En “Cosas que parecen frescas y puras”, las vasijas de barro sin barnizar. En “Cosas que parecen vulgares”, una raya mal hecha en el cabello negro. En “Cosas que ya resultan fútiles y recuerdan un pasado glorioso”, un pintor que tiene mala vista. En “Cosas que se pierden al pintarse”, el maravilloso semblante de hombres y mujeres tal como se describe en los cuentos.
V. Cosas que fotografié hasta antes de llegar a casa
Al pasar de regreso, me doy cuenta de que lo que creí una reunión de graduados en el parque era, en realidad, una sesión de fotos con los best men y las damas de honor.
Varios metros más adelante y aún escucho los aplausos. Parece que por fin consiguieron la fotografía que buscaban. Estoy tentado a voltear una vez más, pero prefiero que la imagen se quede así: deficiente o completa, defectuosa o prístina, en mi memoria.
Cuando era niño, me gustaba ver caricaturas por la mañana.
Ya sentado en mi casa, miro las fotos que tomé durante el día. El salón vacío. Las cortezas de los árboles. El río permitido por el sol. Los huecos abiertos por una luz que no se explica muy bien.
Este es mi único pendiente para el resto del día:
La brisa acaricia el cuerpo de un hombre acostado en su jardín.
Sentado en la computadora, comienzo a calificar las tareas finales de mis estudiantes.
Question 6
¿Qué hacías cuando eras niño?
Cuando era niño, yo comía las manzanas todos los días.