EL-SUR

Martes 30 de Noviembre de 2021

Guerrero, México

Opinión

Tránsito en dos pistas

Humberto Musacchio

Septiembre 14, 2006

Si no media una provocación que encienda de nuevo los ánimos, todo indica que en la madrugada del 15 al 16 cesará la ocupación del Paseo de la Reforma y el plantón perredista se concentrará en el Zócalo y el Monumento a la Revolución, lo que mucho agradeceremos los capitalinos, a quienes el bloqueo de la principal avenida nos ha complicado la existencia en una ciudad de por sí caótica.
Para sus dirigentes, el repliegue de la protesta de la coalición Por el Bien de Todos servirá para concentrarse cabalmente en la Convención Nacional Democrática, lo que tiene su dosis de verdad, pero es igualmente cierto que de ese modo cuentan con una salida decorosa para no prolongar por más tiempo la ocupación de Reforma, Juárez y Madero.
El caso es ilustrativo. Ocupar el largísimo corredor que lleva de la Fuente de Petróleos hasta el Zócalo fue una medida absurda desde el punto de vista de político, pues le enajenó simpatías al PRD y a su candidato presidencial. Pero igualmente constituyó un gravísimo error táctico, pues mantener la ocupación física de un espacio tan grande requería de una multitudinaria participación, la que no se produjo, y de una logística complicada y costosa, pues no sólo hay que dar de comer a todos los participantes, sino brindarles también entretenimiento y alimento ideológico para mantener la moral en alto.
El repliegue muestra también que no es posible mantener indefinidamente una fuerza social en tensión y que no es aconsejable mostrar debilidad ante los adversarios, como ha sucedido con el abandono del plantón en largos trechos o con guardias exiguas y exangües, lo que puede observarse en puntos donde hay gente, pero no precisamente con banderas desplegadas. Lo dijimos aquí: AMLO prefirió la espectacularidad a la eficacia al optar por el plantón, una medida que desmovilizó a seguidores que pudieron dar mejores resultados con su movilización, llevando su mensaje a los ciudadanos sin agredirlos con el irracional bloqueo.
La protesta perredista contra las irregularidades electorales se mantendrá durante meses, pero su destino será sólo testimonial, a menos que el gobierno, éste o el siguiente, se empeñe en echarle gasolina a unos leños a punto de apagarse. La Convención podrá designar a López Obrador presidente, emperador o lo que quiera, pero eso no tendrá efecto alguno sobre la institucionalidad. Parece mucho más viable negociar diversos aspectos de la reforma del Estado, cesar la protección gubernamental al sindicalismo gangsteril, mandar a su casa a los consejeros del IFE, a los magistrados del Trife y a la guapa cuanto inútil fiscal para delitos electorales.
Será más difícil, aunque resulta indispensable, entrar a fondo en la reforma del corrupto, gravoso y politizado sistema judicial, hecho para servir al poder y a los poderosos y perjudicar de manera habitual a los sectores sociales mayoritarios. Resulta urgente levantar los tepalcates dejados por este gobierno en el campo de la política exterior, en el que no sólo se dilapidó el bien ganado prestigio de México, sino que hubo el empeño de dos cancilleres en convertir al país en mero peón de los intereses de Washington.
En fin, hay muchos aspectos en los que los perredistas pueden y deben hacer su aporte. No será fácil, pues los dos grandes partidos de la derecha, PRI y PAN, se empeñan en mantener su alianza a cualquier costo para mantener el régimen de privilegios para pocos y miseria para muchos; una alianza que ha servido para solapar las canalladas del Góber Precioso y la brutal ineptitud de Ulises Ruiz, el “gobernador” de Oaxaca, a cambio, por supuesto, de cerrar los ojos ante el cochinero electoral y recibir a Felipe Calderón como al nuevo Mesías, lo que ya están haciendo.
Senadores, diputados, gobernadores y alcaldes de origen perredista tienen un ancho camino que recorrer. No están obligados a renunciar a sus convicciones partidarias ni a su signo ideológico; pueden, eso sí, aprovechar la fuerza que hoy tienen para impulsar un proyecto diferente de nación, sin hacerse demasiadas ilusiones, pero con la certeza de que algo se puede conseguir.
Hay una lógica en los movimientos sociales y a ella está atenido Andrés Manuel López Obrador. La alimentan sobre todo los sectores más firmes, los militantes más fieles, los que siempre están dispuestos a ir hasta donde el líder les indique. AMLO tiene una función que cumplir, pero los cuadros perredistas que ocupan cargos públicos tendrán que manejarse en otra lógica –de hecho lo están haciendo ya– y aprovechar las posibilidades que les abre su participación institucional.
En suma, los perredistas, para capitalizar políticamente lo ganado, habrán de conducirse en dos pistas legítimas y apoyar a una desde la otra, pues la tarea de los legisladores será más provechosa si cuentan con el respaldo militante de los sectores que dicen representar. Y al revés, muchas son las demandas populares que pueden verse satisfechas con una inteligente actuación de los parlamentarios y gobernantes.