Gaspard Estrada
Diciembre 26, 2024
En Brasil, las últimas semanas han estado marcadas por la tensión, ya sea en la política como en la economía. En el plano político, la aparición de una hemorragia en la parte externa del cerebro del presidente Luiz Inacio Lula da Silva despertó las alarmas. Tras haber sufrido una caída accidental en el Palacio de la Alvorada en octubre pasado, el jefe de Estado de Brasil retomó sus actividades nacionales e internacionales de manera casi completa, incluyendo la cumbre del G-20, que se llevó a cabo en Río de Janeiro el 18 y 19 de noviembre. Al hacerlo, decidió aplazar una serie de exámenes médicos que le permitirían detectar efectos secundarios ligados a su accidente doméstico. Esto produjo que una hemorragia no fuese detectada antes de que se volviera un problema de salud severo, que hubiera podido llevar a la muerte del fundador del Partido de los Trabajadores y líder de la izquierda brasileña. Por suerte, la reacción rápida del equipo médico evitó lo peor.
Sin embargo, a pesar de esta buena noticia, la pregunta ahora es saber si Lula decidirá ser –o no– candidato a la reelección en 2026.
Hasta ahora, el balance de su gobierno es bastante paradójico. En el plano de la economía, los números macroeconómicos han superado ampliamente las expectativas del sector financiero. Los indicadores sociales también han mejorado: La inseguridad alimentaria severa se redujo en 85%. Esto significó que, en términos absolutos, 14.7 millones de personas dejaron de pasar hambre en el país, según la edición de 2024 del “Informe de las Naciones Unidas sobre el estado de la inseguridad alimentaria en el mundo”.
Otros indicadores también han mejorado. El Informe del Observatorio Brasileño de las Desigualdades 2024, destaca, por ejemplo, una reducción del 40% de personas en situación de extrema pobreza, con un impacto aún mayor entre las mujeres negras (45.2%), en comparación con las cifras para 2023. Otros aspectos positivos destacados fueron el descenso del desempleo en 20% y el aumento del 8.3% en la ganancia real de los ingresos medios procedentes de todas las fuentes, que fue mayor entre las mujeres, 9.6% en el caso de las mujeres frente a 7.7% en el de los hombres.
En otros frentes también se han producido avances significativos. En sanidad, el número de madres menores de 19 años descendió 14%. En educación, la proporción de mujeres negras de 18 a 24 años que cursan estudios superiores alcanzó 19.2%, un aumento de 12.3% respecto al año anterior.
La deforestación en áreas indígenas y unidades de conservación se redujo 13.3% de 2022 a 2023, una caída que fue aún más significativa en el norte del país: 46.4%.
Sin embargo, la mejora de los índices económicos sigue siendo vista por muchos como una abstracción que no refleja una mejora percibida sobre el terreno. Según el instituto PoderData, sólo el 37% de los brasileños considera que el gobierno de Lula es mejor que el de Jair Bolsonaro. Entre los más pobres, las cifras no son mejores. Sólo el 35% de las personas con una renta familiar de hasta 2 salarios mínimos consideran que el gobierno de Lula es mejor. Entre las personas con una renta familiar de 2 a 5 salarios mínimos, la cifra sube al 45% y cae al 34% en el tramo de más de 5 salarios mínimos.
Para la mayoría de los analistas, el gobierno Lula 3 no tiene una marca de gobierno clara. En este sentido, no hay duda de que la comunicación y la coordinación internas del gobierno deben mejorar mucho. El propio presidente Lula anunció hace unos días su voluntad de hacer cambios en este sector, estratégico para su futuro político (Su estratega político y de comunicación durante la campaña presidencial de 2022, Sidonio Palmeira, podría ser nombrado nuevo ministro de la Comunicación de la Presidencia). Si no se decide a hacerlo en el corto plazo, las pequeñas fisuras en su base electoral podrían convertirse en grietas más permanentes en 2026, cuando dispute de nueva cuenta la Presidencia de la Republica.
*Miembro de la Unidad del Sur Global de la London School of Economics (LSE).
X: @Gaspard_Estrada