Gaspard Estrada
Octubre 22, 2025
El pasado domingo los bolivianos fueron a las urnas para elegir a su próximo presidente de la República. Y al contrario de las últimas encuestas de opinión publicadas, Rodrigo Paz ganó cómodamente el escrutinio, con poco más del 54 por ciento de los votos, frente a su rival el expresidente Jorge Tuto Quiroga. Cuando comenzó la campaña electoral a principios de agosto, el senador ni siquiera fue invitado a los primeros debates televisivos. En el primer debate, se llamó a los guardias de seguridad para retirar a un grupo de sus simpatizantes que interrumpieron la transmisión en vivo levantando un cartel con la información de contacto de Paz, para que lo invitaran al siguiente. Antes de la elección del 17 de agosto, fecha de la primera vuelta, se ubicaba cerca del último lugar entre los ocho candidatos en las encuestas. En pequeños actos de campaña en los altiplanos andinos, tenía dificultades para llenar los auditorios. Ahora es el primer conservador en ganar una elección presidencial en el país en 20 años, que asumirá como próximo jefe de Estado del país el 8 de noviembre.
Tras conocer los resultados preliminares que le dieron la victoria, Paz agradeció a los presidentes que lo felicitaron y afirmó que “Bolivia está recuperando gradualmente su presencia internacional”, después de haber perdido ese espacio “geopolítica y geoeconómicamente” en las últimas dos décadas.
El senador hereda una economía en ruinas tras 20 años de gobierno del partido Movimiento al Socialismo (MAS), fundado por el carismático expresidente Evo Morales (en el cargo de 2006 a 2019). La sigla tuvo su auge durante el boom de las materias primas a inicios de los años 2000, pero las exportaciones de gas natural se estancaron y su modelo económico, basado en subsidios generosos y tipo de cambio fijo, colapsó desde entonces.
Afectados por la escasez de dólares y de combustible, que los obliga a hacer filas durante días, los votantes de todo el país eligieron el domingo a Paz para sacarlos de la peor crisis económica en cuatro décadas. Paz propuso reformas importantes, pero a un ritmo más gradual que Quiroga, quien defendía un rescate del Fondo Monetario Internacional (FMI) y un programa de ajuste fiscal drástico.
Hijo del expresidente Jaime Paz Zamora, que gobernó entre 1989 y 1993, y de la española Carmen Pereira, Rodrigo Paz nació en Santiago de Compostela, España, donde pasó su primera infancia. Es economista y estudió relaciones internacionales, además de contar con amplia experiencia en el sector público. Su padre, uno de los fundadores del Movimiento de Izquierda Revolucionaria, de inspiración marxista, en la década de 1960, se exilió en España para escapar de la represión del general Hugo Bánzer, uno de los dictadores que gobernaron Bolivia entre 1964 y 1982. Paz Zamora regresó a Perú cuando Bánzer renunció en 1978. Años después, en una irónica vuelta del destino, hizo un pacto político con el hombre que lo había encarcelado y exiliado. Cuando Paz Zamora se postuló a la presidencia en 1989, una votación reñida llevó la decisión al Congreso de Bolivia, y el socialista selló un acuerdo con el dictador convertido en político conservador para asegurar su victoria. Su mandato trajo disciplina fiscal estricta y reformas de libre mercado para controlar la inflación, lo que entusiasmó a los inversionistas, pero decepcionó a sus antiguos seguidores de izquierda, que vieron aumentar la desigualdad y persistir el desempleo.
Paz inició su carrera política en el partido de izquierda de su padre, pero más tarde, al igual que él, se transformó en un conservador comprometido con reformas pragmáticas y favorables a los empresarios. Comenzó como diputado en la Cámara baja antes de convertirse en alcalde de Tarija, en el sur del país, entre 2015 y 2020. Desde entonces, ejercía como senador. Tarija no respaldó a su ilustre exalcalde: tanto en la primera como en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, el partido de Paz perdió en la región, aunque ganó en seis de los nueve departamentos del país, incluyendo en los dos antiguos bastiones del MAS, La Paz y Cochabamba.
Uno de los principales desafíos de Paz al inicio de su mandato será encontrar una salida a la crisis del combustible y superar la grave escasez de dólares –resultado de los grandes subsidios gubernamentales y la reducción de las exportaciones de gas–, y al mismo tiempo controlar el aumento del costo de la vida.
Otro reto será convertirse en un líder de consenso y ganarse la confianza de una sociedad dividida. Un análisis de los resultados de la segunda vuelta del domingo ilustra las divisiones del país: el oriente, más conservador y rico, apoyó ampliamente al candidato de derecha Jorge Quiroga, mientras que el occidente, más empobrecido y con gran población indígena, respaldó a Paz. Según los analistas, estas tendencias apuntan al resurgimiento de las divisiones tradicionales entre el este y el oeste, así como entre las áreas urbanas y rurales.
* Miembro de la unidad del Sur Global de la London School of Economics (LSE)
X: @Gaspard_Estrada