EL-SUR

Viernes 20 de Mayo de 2022

Guerrero, México

Opinión

Traumas *

Héctor Manuel Popoca Boone

Marzo 04, 2018

La masacre de 17 estudiantes de secundaria en la ciudad de Parkland, Florida, EU, fue perpetrada por un joven de 19 años con un rifle semiautomático. Seguramente la realizó bajo un estado de desequilibrio emocional severo. Producto de traumas acumulados en su temprana experiencia de vida. No es un caso aislado, ya se hizo una recurrente costumbre este tipo de eventos letales en el seno de la sociedad estadunidense.
Se define como trauma a un choque emocional que deja una conmoción duradera en el subconsciente del individuo. Se llama estrés post-traumático a una secuela disfuncional de tipo cerebral, producida por un evento de alto impacto en un individuo, al presenciar o ser víctima de un acto violento o estar sujeta, durante un tiempo prolongado, a una circunstancia de violencia.
Los efectos sociales del estrés post-traumático empezaron a resaltar a partir de los comportamientos anómalos, delictivos, criminales y suicidas de miles de jóvenes soldados que regresaban a Estados Unidos después de haber combatido en las múltiples guerras de intervención de ese país.
Los síntomas van desde insomnio prolongado, angustias, agresividad incontenible, irritabilidad aguda, nerviosismo permanente, depresiones profundas, auto-aislamiento, insuficiencias respiratorias o cardiacas, anulación de las capacidades laborales, entre otros síntomas. Además, provoca desintegración familiar, insanas adicciones y lo que es peor, empuja a veces a los individuos a cometer actos criminales.
También se presentan en poblaciones civiles sometidas a sangrientas luchas fratricidas, ya sea de carácter religioso, étnico, territorial, económico o político. Esos hechos devastadores en un colectivo social, están en razón directa al grado de exposición e intensidad de las violencias desatadas. La continua violencia social es consecuencia también de la pobreza, el desempleo, la desigualdad social, la mala impartición de justicia, las nulas expectativas de mejoría individual, el mal gobierno con su corrupciones e impunidades inherentes, la falta de principios y valores comunitarios. El estrés post-traumático producto de actos violentos ha quedado anidado en nuestro sistema de convivencia social.
México es un país estructuralmente violento y corrupto. Desde años atrás, y en forma continua, es sede de actos criminales de gran barbarie que han pasado a formar parte de nuestra cotidianeidad, misma que ha agravado la descomposición y desarticulación social que padecemos.
En Guerrero se dan en promedio seis homicidios dolosos por semana, cuya sumatoria al año arroja 2 mil 160 personas asesinadas. Si una familia está integrada en promedio por 4 miembros, la estimación de personas que padecen traumas en diverso grado, suma anualmente 6 mil 480 personas. A esas, agréguele las victimas de desapariciones forzadas, asaltos, secuestros, violaciones y golpizas, entre otros delitos, la resultante es alrededor de 50 mil seres humanos afectados en diverso grado con estrés post-traumático al año.
México en lo general y Guerrero en lo particular, es una sociedad emocionalmente enferma. Un miembro de cada tres familias lleva en su haber un choque psíquico de fuerte impacto sufrido lo largo de su vida. Se expresa luego en conductas destructivas que derivan en serios problemas de salud pública.
Este drama social se agudiza cuando hay escasa infraestructura de atención a la salud mental de la población, aunado a la carencia de personal médico especializado y medicinas apropiadas. Es imperativo atender los problemas de salud mental que padecen miles de guerrerenses en estos tiempos, para evitar funestas consecuencias posteriores.
PD1. Con el lavado de dinero y evasión fiscal cometida por Ricardo Anaya del PAN, con el desvío del erario público federal para campañas políticas hecho por José Antonio Mede del PRI, quedan seriamente lesionadas sus candidaturas a la presidencia de la República.
PD2. Es lamentable que Arturo Martínez Núñez haya presentado documentación falsa ante Morena para sus pretensiones políticas. Lo que mal empieza, mal acaba. No es posible defender lo indefendible.

* Por un error en el proceso de edición este artículo no se publicó en la edición de ayer. Ofrecemos una disculpa a los lectores y al autor.