EL-SUR

Sábado 01 de Octubre de 2022

Guerrero, México

Opinión

HABLEMOS DE LIBROS

Tríptico sobre la “literatura de mujer” en el México moderno

Julio Moguel

Agosto 06, 2021

 

(Segunda de tres partes)

Rosario Castellanos

Rosario Castellanos es una de las escritoras imprescindibles en la lista: con “literatura del afuera” de un doble o triple fondo, pues, parafraseando a Martí, con los pobres e indígenas de México quiso ella su suerte echar. Su capacidad para irrumpir en forma vigorosa desde esa “periferia” humana llena de penas y promesas tuvo en su escritura extraordinaria la posibilidad de reproducir las vibraciones del alma y de la voz de esas mujeres, muy en particular de las de ese pueblo insumiso “de los márgenes” que no eran en realidad sino eje dinamizador del México profundo de su época.
Pero resulta sorprendente su capacidad para desnudar de manera significativamente radical los mecanismos secretos o íntimos del sistema patriarcal, dándose permiso para hablar del matrimonio y de las relaciones sexuales en un nivel que en aquellas fechas sagradas y boyantes del referido sistema no estaba del todo “permitido”.
En su libro Álbum de familia hay una franca y llana libertad en sus textos. En un giro revolucionario y radical. Como cuando en su Lección de cocina hace decir a la protagonista, recién casada, “Boca arriba soportaba no sólo mi propio peso sino el de él encima del mío. La postura clásica para hacer el amor. Y gemía, de desgarramiento, de placer. El gemido clásico. Mitos, mitos”. Para agregar más adelante: “Ahora reposo junto a él con los muslos entrelazados, húmedos de sudor y de semen. Podría levantarme sin despertarlo, ir descalza hasta la regadera. ¿Purificarme? No tengo asco. Prefiero creer que lo que me une a él es algo tan fácil de borrar como una secreción y no tan terrible como un sacramento”.
Más radical aún: “Gimes inarticuladamente y quisiera susurrarte al oído mi nombre para que recuerdes quién es a la que posees […] Soy yo. ¿Pero quién soy yo? Tu esposa, claro. Y ese título basta para distinguirme de los recuerdos del pasado, de los proyectos para el porvenir. Llevo una marca de propiedad y no obstante me miras con desconfianza. No estoy tendiendo una red para pretenderte. No soy una mantis religiosa. Te agradezco que creas en semejante hipótesis. Pero es falsa”.
Escándalo o ninguneo en torno a “los atrevimientos” de su pluma, Castellanos publica estas líneas en el lejano 1971. Aunque ya dentro de las grandes avenidas de posibilidad que empiezan a marcar las rebeldías mundiales de 1967 y 1968.

Elena Poniatowska

Cabe sin duda en este tríptico dar saltos mortales para llegar a Elena Poniatowska, con no pocas obras ejemplares, pero atendiendo una en particular: Tinísima, que es una novela histórica que marca un antes y un después en “la literatura de mujeres escritoras que escriben sobre mujeres”. ¡Qué manera de llegar e identificar desde la pluma más calificada los delicados y complejos tejidos del alma y cuerpo de la rebelde y maravillosa fotógrafa y artista –fue también modelo y actriz– Tina Modotti! ¿Qué pluma, que no fuera la de Poniatowska pudo haber dibujado tan nítidamente el valor de una mujer como Tina, librándola de las sombras en las que pudo haber quedado por sus relaciones amorosas con el fotógrafo estadunidense Edward Weston y con el revolucionario cubano Julio Antonio Mella?
Poniatowska hunde también su fuerza literaria en las almas populares de las mujeres. ¿Quién no puede llegar a maravillarse con su texto Las soldaderas? Con esa entrada que se dirige como flecha envenenada a enfrentar la visión “machista” de la Revolución, cuando en la voz de una soldadera dice:
“–Yo te doy agua.
–Yo te despiojo.
–Yo te lío tu petate.
–Yo te lavo tu ropa.
–Yo junto la leña para hacer lumbre.
–Yo te aceito tu fusil.
–Yo te prendo tu cigarrito y si no hay tabaco te hago uno de macuche; aquí tengo hojas de maíz.
–Yo cargo tu máuser y tus cartuchos.
–Yo te hago casa en el campo de batalla.
–Yo soy tu colchón de tripas.
–Yo tengo a tu hijo en la trinchera”.
Sin dejar de mencionar, por supuesto, su Hasta no verte Jesús mío, donde combina la literatura con el periodismo para entregarnos una magnífica obra sobre la vida de una extraordinaria mujer.
Sobre Elena Poniatowska dijo Carlos Fuentes: “Sus retratos de mujeres famosas e infames, anónimas y estelares, fueron creando una gran galería biográfica del ser femenino. Ha contribuido como pocos escritores a darle a la mujer papel central, pero no sacramental, en nuestra sociedad”.