EL-SUR

Sábado 01 de Octubre de 2022

Guerrero, México

Opinión

HABLEMOS DE LIBROS

Tríptico sobre la “literatura de mujer” en el México moderno

Julio Moguel

Agosto 07, 2021

(Tercera y última parte)

 

Guadalupe Nettel

Podríamos dar nuevos saltos adelante para hablar de “la literatura de mujer” en plumas como las de Inés Arredondo, Amparo Dávila, Laura Esquivel, Margo Glantz, Mónica Lavín o Rosa Beltrán.
Pero he preferido, para este artículo, escribir una nota sobre una escritora que ha germinado en los tiempos “más modernos” y que nos obsequia letras sorprendentes que aquí vale la pena mencionar. Me refiero a Guadalupe Nettel, una escritora nacida en 1973, y que tiene reconocimientos tales como el premio de Narrativa Breve Ribera del Duero y el premio Herralde de novela.
Me detengo en su cuento El matrimonio de los peces rojos.
Es imposible aquí tratar de hacer una síntesis del relato, pero quepa decir que en la historia se entrelazan las vidas de una pareja joven que habita en París, ella embarazada, y él, en sus primeros tiempos de casados, un responsable y cariñoso compañero de vida que pasaba la mayor parte del día en su oficina.
El tejido literario de Nettel es asombroso: resulta que el matrimonio es amante de los peces, y que festejan un día el obsequio de dos especímenes de la especie de los Betta splendes, también conocidos como “luchadores de Siam”. Mas el punto decisivo de esta historia literaria es que Nettel logra mostrar cómo las vicisitudes y contradicciones de la pareja, donde se va desnudando entre el hombre y la mujer la más de las conocidas y comunes circunstancias de un típico matrimonio en el que se impone la fuerza –agresiva o sutil– del “modelo patriarcal”, estableciendo un bien tejido paralelismo con las propias condiciones asimétricas en las que se desenvuelven o viven, dentro de la pecera en la que habitan, hembra y macho, los peces betta en cuestión.
En la trazo transversal que se presenta en este y en otros cuentos de Nettel aparece plenamente la circunstancia –¿natural?– de una radiografía fina de las sensibilidades y de las “inteligencias de mujer”, que se revelan finalmente para no morder el polvo de “un ser masculino” que ha forjado su capacidad de destrucción en su desprecio simple por esos animales que habían sido concebidos llanamente como elemento decorativos de la historia de una pareja humana que estaba destinada a ser feliz.

Maya Lorena Pérez Ruiz

Escribir buenos cuentos en tiempos de Covid, y sobre la forma en que la pandemia rearma o redefine cursos inéditos de las relaciones de pareja o a las relaciones humanas en general, pudiera ser considerado ya como un mérito indisputable de la muy reciente obra de Maya Lorena Pérez Ruiz, Vientos desnudos (aparecida apenas en el mes de junio de este 2021, con sello de Juan Pablos Editor).
Pero la ramificación temática de la autora sorprende por la variedad de tiempos-escenarios que alcanzan a abrazar las veinte piezas maestras que entregan al lector en ese libro. Porque los trazos literarios con los que se teje esta veintena de “cuadros” son rizomáticos y abren la vía narrativa y de reflexión a muy distintos ámbitos o “temas” de la vida.
Disruptivos y rebeldes, descubren realidades fuertes de las relaciones de pareja, de las asimétricas condiciones que estructuralmente viven o han vivido en los tiempos modernos las mujeres frente a patriarcas mayores o menores, de la soledad y de lo que puede significar en muy distintos casos el hecho simple y crudo de morir o de enfrentarse a la muerte, de inequidades sociales e injusticias del antes o de ahora, todo ello escrito en varios de los cuentos con un exquisito sentido del humor que emerge repentinamente de las letras.
Pero aparece a la vez en Maya Lorena una vena de “literatura erótica” que pareciera tener pocos puntos de comparación. Con atrevimientos de escritura que, como a la ya mencionada Rosario Castellanos, en otros tiempos hubiera sido juzgada por la Inquisición y conducida directamente a la hoguera.
Una buena parte de los cuentos de Maya Lorena Pérez Ruiz deberán ubicarse en el “subgénero” –desarrollado magistralmente por Baudelaire– de la poética en prosa. Un poema en prosa incluye sin duda la regla del “relato”, pero con entretejidos poéticos que se fincan en cierta luminosidad plástica enmarcada en “la imagen”. Un cuento puede ser simple y llanamente “un relato”, bueno o malo, pero un poema en prosa es a la vez escritura y “pintura”, con pinceladas o trazos coloridos, cuidadosos en mostrar luces y sombras. El lector disfruta entonces “la imagen”, las tres o cuatro dimensiones que la forjan, el sabor que sugiere y reverberaciones o tonalidades sólo perceptibles por “el tacto” de la vista.