EL-SUR

Lunes 24 de Junio de 2024

Guerrero, México

Opinión

Triste Navidad sin los 43

Tlachinollan

Diciembre 21, 2015

Nos pesa mucho no saber nada de nuestros hijos. Nos da mucho coraje que, a pesar de que el gobierno ha detenido a más de 100 personas, no sepamos quiénes y a dónde se los llevaron. Esta impunidad que consienten y promueven las autoridades es lo que no podemos soportar, porque sabemos que ellos protegen a los que los desaparecieron.

Antes del 26 de septiembre, yo era muy feliz con mi hijo y mis dos hijas en el pueblo. Tenía mi terrenito donde todos sembrábamos maíz. Hace un año mi hijo me ayudó a comprar el abono y después del día de muertos iba a sacar la cosecha. Ya no probó los primeros elotes que acostumbramos cortar en la fiesta de San Miguel. La poca cosecha que sacamos la levantó mi papá, porque ya no tuve ánimo de ir a trabajar a mi pueblo sin mi hijo. Cómo lo recuerdo cuando se levantaba a las 3 de la mañana a hornear el pan. A las 6 salía con sus hermanas a venderlo y a las 8 y media regresaba con algo de dinero para almorzar. Me ayudaba en los gastos de la casa y sus ahorros eran para lo que necesitaban en la escuela. Los jueves vendía pozole. Mi hijo me apoyaba para servir las mesas. Las limpiaba y lavaba los trastes. Con este trabajito la pasábamos todo el tiempo de secas. También yo vendía comida cuando las señoras iban a cobrar el dinero de Prospera. Algo juntaba para comprar ropa para mis tres hijos y dos nietos, porque su papá desde que se fue a Estados Uni-dos, lo perdimos para siempre.
Gracias al apoyo de mis hermanos que también trabajan en Chicago tengo dinero para lo que voy gastando ahora que vivo en la Normal. Aquí mismo llega gente de buen corazón que nos da algunos apoyos para irla pasando. A muchos de ellos y ellas no los identificamos bien, pero en verdad los sentimos como parte de nuestra familia, porque se preocupan por nuestros hijos. Sentimos mucho consuelo cuando ellos y ellas nos dan mucho ánimo. Nos abrazan y lloran con nosotras porque saben lo que nos duele al no saber dónde están nuestros hijos.
Los apoyos que recibimos los compartimos con todos los papás y mamás para cubrir nuestros gastos de comida, sobre todo cuando salimos a las caravanas. De ahí mismo tenemos que comprar medicina cuando nos enfermamos. Yo por ejemplo, desde el mes de septiembre me enfermé de la presión. La tuve muy alta. El doctor me dijo que ya no fuera a las actividades que realizaban mis compañeras. Para mí esa recomendación fue muy difícil cumplirla porque me sentía muy mal quedarme sin hacer nada en la Normal. Sentía que me enfermaba más. Además yo no puedo dejar de buscar a mi hijo, mucho menos dejaré de luchar con mis compañeros y compañeras que salen a protestar. Yo me siento mejor cuando voy con todas las mamás y papás y cuando estamos con la gente compartiendo nuestras experiencias. Con pastillas he ido controlando poco a poco mi presión. A pesar de que ya no me mareo mucho, siento pesadez al caminar y como que me agito. Seguramente es por el dolor que siento por mi hijo.
Quienes me ayudaron mucho, fueron los médicos sin fronteras, que vivieron varios meses con nosotras. Las doctoras se preocuparon por nuestra salud y también nos ayudaron a conseguir un lugar más amplio donde pudiéramos estar juntos y con mayor privacidad. Al principio cada quien dormía donde encontraba lugar. Estábamos dispersos. Cuando ellas llegaron nos dijeron que querían ayudarnos. Nos preguntaron cómo nos sentíamos viviendo en la Normal, sabiendo que no era nuestra casa, y sobre todo, de que no sabíamos cuánto tiempo íbamos a permanecer. De ahí salió la idea de que habláramos con el Comité estudiantil para ver si nos podían apoyar con algunos salones donde pudiéramos estar juntos. Atendieron con mucha rapidez nuestra solicitud y nos dieron tres salones nuevos donde había computadoras. Movieron todos los equipos y ahí nos acomodamos. Pusimos los colchones en el piso que nos consiguieron las doctoras y cada quien agarró un espacio reducido para descansar y poner sus cosas. Contamos con dos regaderas y algunos baños portátiles.
En la cancha de la Normal instalamos nuestra cocina con la despensa que nos llevaban las familias y organizaciones que nos visitaban. Ahí mismo decidimos poner un altar con las imágenes de los santos que son de nuestra devoción. Como promesa que acostumbramos en nuestros pueblos, varias madres llevamos imágenes del niño Dios, porque la creencia que tenemos es que se presenta al niñito Dios nuestro problema y se le reza para que cuide a nuestro hijo que está desaparecido. Enfrente del altar colocamos 43 butacas para tenerlos presentes en nuestras oraciones. Cada una de nosotras le pusimos su nombre y su foto y algunas reliquias de santos para que nos hagan el milagro de que aparezcan. Hay varias compañeras que rezan el rosario, otros se acercan cada mañana a persignarse y a rezar para que el señor los cuide y traiga con bien a los muchachos. Pedimos para que donde ellos estén tengan algo que comer, para que no se enfermen y no pierdan la fe de que los vamos a encontrar.
Hace un año, dos días antes del 24 de diciembre, vino el representante del Papa con va-rios obispos y sacerdotes a oficiar una misa aquí en la cancha. Nos dio ánimos para que no perdamos la esperanza de encontrar a nuestros hijos. Hablamos con el nuncio apostólico para que a través de su conducto le dijera al presidente de la República de que entregue a nuestros hijos. Le pedimos que informara al Papa que en México el gobierno no respeta la vida y que son las mismas autoridades, junto con los policías y militares los que son responsables de la desaparición de nuestros hijos, porque ellos se los llevaron. Varios papás y mamás hicimos cartas para que se las entregara al Papa. Con nuestras palabras le pedimos que rece por nosotras, que le pida a Dios por la aparición de nuestros hijos. Los abogados nos ayudaron a hacer una carta aparte donde le informamos al Papa todo lo que hemos sufrido y la manera de cómo el gobierno nos trata y cómo ha hecho las investigaciones. Le dijimos que el gobierno no habla con la verdad, más bien busca hacernos más daño al difundir que a nuestros hijos los quemaron en el basurero de Cocula. El arzobispo de Acapulco nos dijo que podía ayudarnos para hablar con el gobierno, pero nosotros le dijimos que no queremos hablar más con el gobierno, cuando este quiere imponernos su verdad histórica, y que ya los expertos en su informe la echaron abajo. Le pedimos más bien que nos ayude con el gobierno para que le diga que atienda nuestro reclamo. Quedó que para el mes de febrero nos visitaría para celebrar otra misa en la escuela, pero ya no se hizo nada.
Recuerdo mucho cuando todos los papás y mamás nos organizamos para ir a la Villa de Guadalupe en México. Varios estudiantes nos ayudaron a pintar una manta grande con la imagen de la virgencita. Fuimos como 20 autobuses, acompañados por muchos normalistas, maestros y gente de organizaciones que nos esperaron en la calzada de la Virgen. Caminamos varios kilómetros. La verdad me sentí contenta de volver a los pies de nuestra madre, pero también muy triste porque iba sin mi hijo que había llevado a presentar cuando tenía 3 años. Lo que hice fue llorar todo el camino y hasta en la misma misa. Ya no aguanté más cuando pasé al frente de la virgen y dejé las flores y mi veladora frente al altar. Sentía que me desmayaba. Tenía mucho dolor en mi corazón. Tú sabes que quien te puede escuchar mejor es tu mamá y la virgen es la que siempre me ha escuchado.
En la manta que pintaron los muchachos de la Normal varias compañeras les dijimos que le pusieran como una oración, que no le fueran a poner otra cosa, porque era para la Virgen, y así quedó. Le pedíamos como madre de Dios que sabe del dolor de perder un hijo, le rogábamos que cuidara y que hiciera regresar con vida a nuestros 43 hijos.
Sentí un alivio al entrar a la basílica, porque prometí visitarla después de que llegué a la Normal y en todo este tiempo no había podido llegar hasta sus pies. Ella, mi virgencita es la que cuida a mi hijo y la que me va a ayudar a encontrarlo. Yo estoy segura que ella me revelará la verdad, no me va a dejar sola y me va a decir dónde está mi hijo.
Por eso ahora que se formó la nueva unidad de investigación dentro de la Subprocuraduría de Derechos Humanos de la PGR, con el apoyo de los expertos de la CIDH, me siento más segura para llegar a la verdad. Ya convencimos al gobierno de que era necesario crear un nuevo equipo de investigación que estuviera dispuesto a trabajar con los expertos y expertas, que atendiera sus recomendaciones y escuchara nuestros planteamientos. Estamos en este nuevo camino. Ya nos dijeron que están trabajando en nuevas líneas de investigación y de que van a continuar con la búsqueda de nuestros hijos con nuevas tecnologías y con la asesoría de especialistas de otros países.
A pesar de que estamos en una nueva etapa de la investigación y con nuevo equipo de trabajo de la PGR, nos pesa mucho no saber nada de nuestros hijos. Nos da mucho coraje que, a pesar de que el gobierno ha detenido a más de 100 personas que supuestamente están involucradas en el caso de nuestros hijos, no tengamos información sobre quiénes se los llevaron y a dónde se los llevaron. Esta impunidad que consienten y promueven las autoridades es lo que no podemos soportar, es lo que nos da mucha rabia, porque sabemos que ellos protegen a los que desaparecieron a nuestros hijos y eso siempre lo vamos a decir en todos los lugares donde nos paremos.
Para nosotras como mamás es muy duro aceptar que pasaremos otra triste navidad sin los 43. Seguiremos fuera de nuestras casas porque nunca dejaremos de buscarlos. Desde el 26 de septiembre no tenemos nada que celebrar; no hay tiempo para convivir con la familia ni con los amigos; no hay lugar para el descanso, tampoco hay paz en el alma, porque la razón de nuestra existencia sigue sin llegar a casa.
Como papás y mamás no nos cansaremos de decirle al gobierno, pero sobre todo a Peña Nieto, que es el principal responsable de que nuestros hijos no aparezcan. Porque no hay interés en castigar a quienes son los responsables de estas desapariciones. Porque existen más de 25 mil casos de desapariciones que no se investigan y porque nada se hace para contener esta debacle delincuencial. Que-remos recordarle, como hace un año, que si en esta Navidad de nueva cuenta no podremos abrazar a nuestros hijos, como presidente tampoco tendrá descanso ni la conciencia tranquila, y en el país no habrá tranquilidad porque continuará retumbando la exigencia del ¡vivos se los llevaron! ¡vivos los queremos!
De nuestra parte como padres y madres que sabemos lo que significa ver sufrir a nuestros hijos, decidimos visitar este domingo a los padres y madres de los 31 estudiantes detenidos en Morelia, Michoacán. Ellos también son víctimas de la embestida gubernamental, del trato cruento y delincuencial que busca atemorizarlos sometiéndolos a un encierro injusto.
Con ellos y ellas este 26 de diciembre peregrinaremos de la catedral metropolitana a la Basílica de Guadalupe, para rezar y pedir que se acabe tanta injusticia y tanto gobernante represor. Caminaremos nuevamente con la esperanza de que en este 2016 la virgen nos haga el milagro de encontrar a nuestros hijos y de que en el país haya justicia y verdad.