Abelardo Martín M.
Enero 20, 2026
Este martes 20 de enero el presidente de Estados Unidos, el exitoso empresario Donald Trump, celebra el primer año de su regreso a la Casa Blanca, cuya nueva presidencia –de acuerdo a la opinión de muchos analistas en todo el mundo– está marcada por su propósito de recuperar el liderazgo y de dominar al mundo, como en el inicio de los tiempos imperiales que originaron la doctrina Monroe (“América para los americanos”), pero dos siglos después, cuando el planeta y las sociedades humanas han cambiado, evolucionado, y Estados Unidos vive una larga decadencia que las decisiones y sobre todo declaraciones del mandatario no harán sino acentuar y acelerar. Su activismo declarativo y en redes sociales han logrado una suerte de desquiciamiento y confusión en el mundo entero, junto a las constantes amenazas y medidas de carácter arancelario que mantienen la economía de miles de empresas en vilo.
Luego del ataque invasivo a Venezuela y la captura del presidente Nicolás Maduro, ahora el sueño trumpiano se enfoca en el intento de hacerse de Groenlandia, comprada o por la fuerza militar, cuyo estatus es el de una nación constituyente del reino de Dinamarca, por lo que el proyecto no tendrá la relativa facilidad que tuvo la incursión en Caracas en donde, tarde, Estados Unidos busca acrecentar su supremacía y predominio.
En paralelo, el magnate inmobiliario también ha amenazado a otros países del continente, a Cuba, Colombia y a México, en nuestro caso con el amago de una intervención militar, con el pretexto de atacar a las bandas del crimen organizado. La pretensión se topó con la firme posición de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, que ha expresado reiteradamente, con claridad y contundencia, su rechazo y ha defendido la soberanía y la independencia nacional. Colaboración sí, toda, sumisión ninguna. Así lo ha hecho en estos días en que la Administración Federal de Aviación de Estados Unidos emitiera enigmáticas advertencias a operadores aéreos norteamericanos sobre situaciones “potencialmente peligrosas” en diversos puntos del espacio continental, entre otros el Golfo de México, lo cual incrementó la tensión que en la región se vive en las últimas semanas.
La intención del mandatario estadunidense ha sido objeto de impugnación en su propio país hasta por legisladores no sólo republicanos que condenaron la invasión a Venezuela, sino en especial por los demócratas, quienes advierten que una intervención militar unilateral en territorio mexicano sería desastrosa, y presentaron un proyecto de “Ley de No a una guerra no autorizada en México”.
A nivel mundial, la pretendida anexión groenlandesa ya ha prendido las alarmas y generado el repudio no sólo en Dinamarca, sino en toda Europa y en Canadá, la nación en medio de la isla anhelada y el territorio norteamericano. Ya se sabe, sin embargo, que la ambición mediática del habitante de la Casa Blanca no conoce límites, y que los riesgos que todo el mundo advierte podrían ser para él un incentivo.
Entretanto, en México se ha dado inicio a la más relevante reforma política, la que tiene que ver con la organización electoral, y con el perfeccionamiento del sistema democrático para que éste responda a los reales intereses del pueblo mexicano y la política deje de ser un negocio multimillonario de los partidos políticos y sus líderes.
Apenas anunciada, no será fácil su instrumentación, porque se afectan intereses y prebendas que han prevalecido por décadas, desde que hace medio siglo se intentó transitar del modelo de partido único a un amplio espectro de representación; el resultado no fue el que se esperaba en el papel, sino el florecimiento de grupos y burocracias que encontraron mil y un formas de lucrar y obtener parcelas de poder para servirse de ellas. Lo importante es que hay una voluntad expresada de mantener la autonomía de la autoridad electoral, reducir los estridentes costos que hoy implica la operación de los comicios y el sostenimiento de los partidos, fortalecer la democracia y la participación ciudadana, y garantizar la representación justa de las minorías. En las próximas semanas se conocerá la propuesta que se presentará al Congreso de la Unión, luego de intentar un consenso que, insistimos, no será sencillo.
Mientras, en Guerrero la nota han sido los repetidos sismos ocurridos en las cercanías de San Marcos, en la Costa Chica, el más fuerte de ellos al inicio del año. Ya es conocido que vivimos en una zona sísmica. Pero también se están generando las condiciones para los movimientos telúricos que la política local liberará, a medida que se acerque la sucesión estatal y se calienten los ánimos. Ya hace unos días un evento social sirvió para “destapar” la candidatura de Esthela Damián, una guerrerense distinguida que por su reciente posición en Palacio Nacional se ha fortalecido como una de las cartas principales a la gubernatura que se disputará en 2027. Luego de la masiva reunión, la involucrada se deslindó del hecho, después de lo cual se han producido las más diversas interpretaciones. Hay varios aspirantes, no es la única,
Desde otro enfoque, después del exitoso puente Guadalupe-Reyes que hizo ver a un Guerrero no sólo vivo sino activo y en plena recuperación, en especial, el puerto de Acapulco, en donde la obra pública y la privada han logrado resarcir buena parte de los terribles daños dejados por el huracán Otis de hace 2 años, la actividad económica en el puerto es claramente perceptible y se auguran nuevos y buenos tiempos para el bellísimo puerto del Pacífico.
Así vivimos, de sismo en sismo, desde los que se generan en la Casa Blanca y sus alrededores, hasta los que tienen lugar en San Marcos, y los que tienen impacto en Chilpancingo.