EL-SUR

Martes 27 de Septiembre de 2022

Guerrero, México

Opinión

Tu tío está muerto

Silber Meza

Septiembre 29, 2018

Nunca había recibido una llamada tan horrible. El teléfono timbró como siempre pero el resultado fue distinto. Yo pasaba por la adolescencia, creo. Me lanzaron el nombre de un tío –que omitiré porque no sé si él hubiera estado de acuerdo en que lo divulgara– y me preguntaron si lo conocía. Inmediatamente dije que sí: cómo lo iba a negar si era el tío que más quería, el que siempre me visitaba con una sonrisa, el que me llevaba dulces de no sé dónde cuando nunca tenía un peso; el que me palmeaba la cabeza con cariño, el que me aceptaba como era, a mí y a todos los demás.
–Ah, pues tu tío está muerto… Te hablo de la agencia funeraria y queremos saber si lo van a velar –me dijo el hombre con esa voz gélida.
Hay noticias tan inconcebibles que puedes tardar días, años en asimilar lo que te dijeron en unos segundos. Son un duro puñetazo a los oídos.
–Mi papá no se encuentra en casa –le expliqué–, deme un teléfono y él le marcará cuando llegue. Pero dígame, ¿qué pasó?
–Lo hallaron en un lote baldío, una especie de picadero –contó.
Esperé a que llegara mi padre y le di la noticia. Jamás pensé que la vida me pondría en una posición así, menos siendo tan joven.
Los periódicos narraron que mi tío murió por una sobredosis de droga, al parecer heroína. La familia contó que él siempre había consumido alcohol y pastillas, pero nunca había tocado la heroína. Todo indica que la usó y no supo controlarse. Se le pasó la mano.
Así acabó la historia de mi mejor tío, el que más quería. Él siempre negó su alcoholismo y el uso de drogas. Y lo hizo por el rechazo legal y social que implicaba. En Sinaloa puede tener más aceptación social un narcotraficante que un adicto a las drogas. Mi tío fue orillado a los lotes baldíos de Culiacán, a las riberas de sus ríos, a sus casas abandonadas para poder consumir. Lo de él no era un problema de violencia ni era un peligro social; lo de él era un problema de salud.
Este me parece un buen ejemplo que puede servir al debate actual sobre la regulación de las drogas en México. Esta semana estuvo en el país la ex presidenta de Suiza y titular de la Comisión Global de Políticas de Drogas, la señora Ruth Dreifuss. Vino a presentar el informe Regulación. El control responsable de las drogas, edición 2018. Un documento que no tiene desperdicio.
El estudio advierte el error que ha representado “la guerra contra las drogas” liderada por Estados Unidos, y en la que México ha participado con un costo humano, social y económico incalculable.
Desde el inicio, se lee en el documento, el fracaso ha sido fácil de probar porque las políticas actuales sobre drogas no están reduciendo ni la demanda ni el suministro, y el crimen organizado se ha expandido. Se explica que el daño a la salud pública e individual es grave: aumenta el número de muertes por sobredosis, y el VIH y la hepatitis C continúan propagándose entre las personas que se inyectan drogas y la población en general; “el tejido social y las instituciones estatales son los más afectados por las políticas represivas dirigidas a los más vulnerables, a la vez que la corrupción y la violencia causan más muertes, desapariciones y desplazamientos de personas que las causadas por guerras en ciertos países”.
El informe se basa en experiencias positivas y desaciertos, y advierte que la regulación legal debe ser cautelosa y gradual; siempre guiada por la protección y promoción de los derechos humanos, la salud pública, el desarrollo sostenible, la paz y la seguridad.
Otro punto importante que aborda es que la regulación de las drogas podría socavar al crimen organizado, pero a la vez reconoce que existe la idea de que éstos pueden desplazar sus actividades criminales a otras áreas. Por eso, se menciona, los gobiernos deben combatir el lavado de dinero, la corrupción y la delincuencia transnacional para fortalecer el Estado de derecho.
Dreifuss cuestiona: “¿por qué castigar a las personas que no causan daño a los demás, incluso si corren un riesgo personal, cuando esto resulta en crisis de encarcelamiento que son inmanejables e inhumanas?”.
Mi tío era uno de ésos: no le causaba daño a nadie. Si las drogas hubieran estado reguladas desde entonces, él seguramente estuviera vivo.