EL-SUR

Sábado 04 de Julio de 2026

Guerrero, México

Opinión

Un abogado de causas desesperadas

Jesús Mendoza Zaragoza

Diciembre 23, 2024

Las reliquias de San Judas Tadeo, abogado de las causas difíciles y desesperadas, para sus devotos católicos y no católicos, han sido llevadas en un recorrido, desde el mes de julio pasado, por diócesis de distintos estados de la República y, ahora por el estado de Guerrero, pasando por Chilpancingo, Tlapa y Acapulco. Durante estos últimos días, estas reliquias han pasado por parroquias de Acapulco, la montaña, Costa Grande y Costa Chica. Estas reliquias consisten en un fragmento de hueso del apóstol Judas Tadeo, colocado en un relicario en forma de brazo.
Lo que ahora quiero destacar son las razones por las cuales sus devotos, por lo general, viven situaciones desesperadas, que les impulsan a buscar un sentido y una salida a su situación tan difícil y complicada y, hasta imposible, justo en el plano espiritual. Si no encuentran respuestas en las condiciones de la economía, en la política o en la religión, que atiendan estas causas desesperadas, por esto mismo, éstos buscan respuestas en la “devoción a un santo”, buscando salir de apuros.
Buscan respuestas a situaciones de enfermedad, de desempleo, de inseguridad, de violencia imparable, de carencia de servicios básicos, como el agua, un pedazo de tierra y a otras situaciones más. En todo caso, es el sufrimiento el que golpea a quienes buscan salidas implorando compasión, empatía, escucha y remedio a estos males. Cuando los gritos de los devotos de san Judas suben al cielo, es porque no han encontrado en la tierra respuestas que satisfagan sus necesidades más apremiantes.
¿Y cuales son estas causas desesperadas que inciden en esta devoción? Hay algunas que se han expresado a lo largo del recorrido de estas reliquias del apóstol Judas Tadeo. Quiero destacar ahora algunas situaciones difíciles y desesperadas que están incidiendo en muchos devotos que gritan al cielo invocando a San Judas.
Una causa desesperada está en la situación de violencia y de inseguridad, que por tres sexenios sigue galopante porque ni los gobiernos ni la sociedad misma hemos atinado a dar respuestas eficaces, por complicidades, omisiones, colusiones y sumisiones. Los ciudadanos no hemos logrado las condiciones necesarias para afrontar este flagelo mayor que nos ha estado rebasando desde hace tanto tiempo. Nos experimentamos indefensos, desprotegidos y vulnerables y ya no podemos más. Hay quienes miran al cielo buscando respuestas del cielo y hay quienes buscan caminos de concientización, de organización y de movilización para construir respuestas comunitarias y sociales que abran caminos hacia la seguridad y hacia la paz. Aún así, vemos muy lejos la salida del túnel de la violencia que nos permita esperar condiciones para la paz.
Otra causa desesperada por la que sus devotos buscan a San Judas, como un último recurso, son las enfermedades y los achaques de la vejez, puesto que el Estado no ha respondido aún con los hospitales de primer nivel prometidos, ni con las medicinas necesarias, ni los servicios médicos al alcance de todas las comunidades. Tampoco hemos sabido cuidar la salud para prevenir enfermedades. Por fortuna, aún persisten las medicinas tradicionales en sus diversas versiones para “curar el empacho, la vergüenza, el mal de ojo, el espanto” y otras más, como la gente les llama. A su vez, han florecido otros sistemas de medicina alternativa que alivian esta necesidad tan descuidada.
Una causa desesperada más está relacionada con la ancestral pobreza extrema, alimentaria y de capacidades de un gran segmento de población, cuyos ingredientes han sido la crónica corrupción pública, el modelo neoliberal de producción, el consumismo y el individualismo. ¿Hasta cuándo esperaremos respuestas justas y proporcionales para reducir esta situación que aflige a tantos guerrerenses que están en el último vagón de este país?
Otra situación desesperada en México está en la complicada administración de justicia, como un fardo que pesa sobre la población. La corrupción en el Poder Judicial y en las fiscalías son factores determinantes. Por otro lado, estas instituciones no suelen atenerse a sus marcos legales, sino a líneas políticas desde el poder público o desde los poderes fácticos. El clamor por la justicia sube al cielo para ser escuchado y atendido.
Carlos Marx decía que la religión es, al mismo tiempo, expresión y protesta de las condiciones reales de la vida: “El sufrimiento religioso es, al mismo tiempo, expresión del sufrimiento real y protesta contra el sufrimiento real. La religión es el suspiro de la criatura oprimida, el corazón de un mundo sin corazón y el alma de las condiciones sin alma. Es el opio del pueblo”. (Crítica de la Filosofía del Derecho de Hegel, de 1843). Según esta versión marxista, el sufrimiento tiene un lenguaje religioso y, a su vez, es una protesta con lenguaje religioso ante dicha situación.
Esto significa que existe una forma de protesta con lenguaje religioso. Se busca que el cielo responda a lo que la tierra no ha respondido. Es una manera de protestar ante los derechos a la paz, a la salud, a un sistema económico más humano, en la tierra, el país y en nuestra región. De esta forma, la devoción a San Judas Tadeo, como expresión religiosa y espiritual, puede significar una protesta ante las condiciones inhumanas que circulan por todas partes.
No coincido del todo con la versión marxista, debido a su visión reductiva sobre el ser humano, pues la religión no sólo responde al sufrimiento humano, sin también a una visión del ser humano de sí mismo que lo trasciende, a una aspiración tan humana como es la búsqueda de la verdad, la justicia, la paz y la libertad, que trascienden más allá de lo que somos. En lo que sí coincido es en que la religión puede ser una forma de protesta relacionada con la dureza de la realidad que cada persona tiene que afrontar, buscando un horizonte de esperanza para lograrlo.
Lo que sí resulta necesario es fortalecer la esperanza como categoría teologal, tarea específica de la evangelización desarrollada en la Iglesia católica, para prevenir y evitar la fuga de este mundo. La devoción a San Judas Tadeo, como práctica religiosa suele ser ambigua, con elementos valiosos y elementos dañinos. Necesita ser corregida para convertirse factor de cambio social. Además de mirar al cielo, justo se requiere de cambiar las condiciones económicas, políticas y sociales que provocan situaciones de dolor. Que el clamor que sube al cielo por las causas desesperadas que parecen imposibles, sean transformadas en el mundo real. De esta manera esta devoción, al tiempo que mira al cielo se responsabiliza de lo que sucede en la tierra, con la fuerza teologal (espiritual) de la esperanza que surge de la evangelización.