EL-SUR

Martes 09 de Junio de 2026

Guerrero, México

Opinión

Un asunto delicado

Federico Vite

Mayo 19, 2026

La obra de la escritora francesa de origen ucraniano Irène Némirovsky no tiene parangón. Abordó con acierto la siempre complicada arista de las relaciones interpersonales. Fue judía, sufrió el Holocausto y tuvo la amabilidad de meter las manos al fuego para detallar algunos aspectos que darían forma a la novela póstuma Suite Française (2004). Este libro, como tantos otros títulos imprescindibles, ya la reseñé en estas páginas años atrás. Némirovsky se casó con el ingeniero y banquero Michel Epstein, con quien tuvo dos hijas. Publicó en París su primera novela, titulada Le malentendu (1926), traducido como El malentendido. Poco después llegaría la consagración como escritora con David Golder (obra que ha sido adaptada tanto al cine como al teatro) y Le Bal (1930), titulada en español El baile.
En 1938, pese a que ya era una escritora reconocida en lengua francesa, el gobierno de Francia rechazó su pedido de nacionalización. Por ese motivo, el 2 de febrero de 1939, Irène y su familia optaron por convertirse a la fe católica. Sin embargo, a raíz de la promulgación de las leyes antisemitas, en 1940, la autora se quedó sin publicar más libros, sin trabajo y su marido tampoco pudo ganarse la vida como banquero o ingeniero. Ante este panorama, la familia Epstein optó por refugiarse en la comuna Issy-l’Évêque. El 13 de julio de 1942, la gendarmería francesa arrestó a Némirovsky, quien fue trasladada al campo de Pithiviers; más tarde, a Auschwitz, donde murió por tifus el 17 de agosto de 1942. Es importante destacar que, tras su muerte, Irène continuó sorprendiendo a los lectores, pues gracias a que sus hijas sobrevivieron logramos conocer algunos libros más: Suite Francesa (obra distinguida con el Premio Renaudot a título póstumo), La vida de Chéjov y El ardor de la sangre.
Yo busqué con cierta obsesión un ejemplar de L’ennemie (1928) y lo encontré. El primer impacto fue focalizar a tres figuras femeninas; las hijas Gabri, de once años, y Michette, la más pequeña. Ellas llevan el rol principal durante las páginas iniciales. Se pinta una ciudad esplendente, con las flappers como numen, ese tipo de mujeres que revolucionaron la forma de vestir y de comportarse. Se percibe la fuerza de una energía femenina. Aparte de Gabri y Michette, el lector tiene en mente a la madre de esas dos chicas: Francine. Las pequeñas viven a solas, asistidas por algunos vecinos, tutores e institutrices. Francine es una mujer joven, interesada en disfrutar su cuerpo; el esposo no está con ella en París y, por tanto, ella tiene muchos amigos, sale a pasear, a beber y a bailar. Pasa la mayor parte del tiempo fuera de casa. Esa soledad entre hermanas permite a Gabri y a Michette conocerse mejor. Fomentan su universo interior y en una noche, normal y festiva de aquellos años en esa ciudad mítica, una de las hermanas muere. Esa gloriosa recreación de hábitos y costumbres de la época se transfroma con la muerte de una hermana. Lo que sigue en la historia es tremendo, porque el duelo familiar cambia la perspectiva de todos los personajes. Aparece el padre, León Bragance, porque ha vuelto de la guerra.
La manera en la que los personajes se mueven tras la muerte de Michette es aleccionadora; la autora logra que la progresión dramática sea natural e impacta al lector con una irremediable serie de discusiones asfixiantes entre madre e hija.
Gabri culpa a Francine por la muerte de Michette, pero el pulso de Némirovsky conduce los hechos por el sendero del autodescubrimiento. E incluso, a menudo “se olvida” que Michette murió. Pero ese aparente olvido se manifiesta con elegancia al final de la novela, porque Gabri crece y nunca perdonará a su madre. Eso las convierte en enemigas. Francine envejece, se debilita y, por supuesto, se deprime. “Siguieron cinco años pesados ante sus ojos. La belleza de Francine hecha especialmente de frescura y vigor, seguía radiante; había alcanzado madurez, como las frutas que rebosan de savia”. Gabri, en cambio, alcanzó altura, belleza y atracción por los varones. Encuentra, por casualidad, el rostro de su primo. “Pero Gabri ve a Charles, estos bellos ojos peligrosos, sombras y secretos, como una noche italiana, no se separaron de Francine durante toda la tarde”. Ahí se sugiere un triángulo amoroso que crece.
Gabri empieza a tener la pulsión de vivir sola. Pero antes de eso, ¿cómo se va de casa? ¿Cómo le dice a su madre que se ha enamorado de un hombre? La propuesta de Némirovsky es asombrosa, porque recurre al diálogo, casi de una forma teatral, para estabilizar los ánimos entre Gabri y Francine. Pareciera muy sencillo reproducir las habilidades literarias de esta autora, pero el resultado no sería igual en manos de un bisoño o de un insensible. ¿Cómo trabajar con el odio entre madre e hija? ¿Cómo? El telón de fondo es el París de los locos años 20, donde se creía, por voz de algunos de los amigos de Gabri, que se idealizaba el romanticismo, pero tenía una gran falla:
“–El amor… una prisión que nosotros construimos”.
L’ennemie (Francia, Folio, 2019, 179 páginas) no es nada más una historia conmovedora sobre la muerte y las relaciones filiales, sino una propuesta extraordinaria para quienes intentan salir del bucle de la superficialidad. Es una historia entrañable; aunque el final tenga un giro rudo e intempestuoso, se impone la lógica interna del libro y se asume la certeza de estar ante una novela bien contada.
Cuestión aparte, la prosa es orquestada para comunicar toda la historia sin exabruptos y confirma así que Irène merece mucha más atención de los lectores que buscan rasgos de humanidad indiscutibles, no efectos especiales ni panfletos. Quizá L’ennemie sea la novela más autobiográfica de Némirovsky. Apareció en el mercado editorial por primera vez en julio de 1928 en la revista Les Oeuvres Libres. En aquel momento se publicó con el seudónimo “Pierre Nérey”. Años más tarde se sabría el verdadero nombre de la autora. 98 años después, La enemiga sigue leyéndose como si fuera un libro recién salido de la imprenta. Para nuestra fortuna, esta obra aún puede conseguirse en muchas librerías y en varios idiomas; sobre todo, en español.

* La traducción de las frases entre comillas es mía.

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