EL-SUR

Jueves 20 de Enero de 2022

Guerrero, México

Opinión

Un falso dilema

Saúl Escobar Toledo

Marzo 29, 2017

Hace apenas una semana se celebró en Acapulco la Convención Nacional Bancaria bajo el tema: “Dilema global: liberalismo vs populismo”. Como lo informó puntualmente El Sur, en la inauguración de este evento el presidente Enrique Peña Nieto aprovechó para censurar al populismo, al que definió como posiciones dogmáticas que postulan soluciones fáciles y que cierran espacios de libertad y participación ciudadana, y advirtió que el derrumbe del liberalismo traería consecuencias catastróficas para la sociedad. Encomió los que llamó logros de su gobierno, que hay en el país prosperidad y bienestar, aunque también admitió que hay un descontento social hacia las instituciones por los recientes problemas económicos y la desigualdad social.
El presidente de la ABM, Luis Robles Miaja por su parte, había señalado que el liberalismo democrático pudo dotar a los individuos de oportunidades a través de la educación y la seguridad social. Y definió al populismo con tres características centrales: un cuestionamiento profundo a los partidos convencionales y a las instituciones; líderes carismáticos que pretenden representar al “pueblo olvidado” por los políticos convencionales; y tercero, proponen soluciones fáciles de vender que generalmente son falsas y quieren resolver problemas de manera muy simplista.
Vale la pena entonces reflexionar sobre la pretendida existencia de este dilema. Que en otras palabras se puede plantear así: o seguimos como vamos o iremos al desastre. La posibilidad de un cambio queda excluida. No hay más alternativa que el liberalismo. No hay más ruta que la nuestra, diría el camarada Stalin.
Es curioso que estos personajes quieran combatir lo que ellos llaman posiciones dogmáticas con un dogma. Y que, a pesar del descontento y la insatisfacción ciudadana, manifestada en las urnas y en las calles, insistan en seguir el camino que ha inflamado ese malestar. El sentido común diría que precisamente esa tozudez es la que está conduciendo a las sociedades al desastre que tratan de prevenir.
En realidad, el dilema propuesto por los banqueros y Peña Nieto, tal como ellos lo plantearon, se reduce a fabricar una entelequia para descartar las críticas, bajo una definición caricaturesca de populismo, como dijo Rolando Cordera. Con ello también condenan a priori cualquier alternativa de cambio y le ponen un adjetivo condenatorio a todos aquellos que se propongan encabezar o acompañar las voces de descontento de la ciudadanía o “representar al pueblo olvidado”. Así las cosas, cualquier organización, líder o movimiento de protesta será por definición “populista” y merece ser condenado. De esta manera, también descartan la posibilidad de un cambio pacífico y democrático pues para ellos, cualquier transformación es populista y por lo tanto autoritaria y una salida falsa.
Estas ideas no son nuevas. En realidad, son parte del pensamiento del mainstream o de las corrientes intelectuales dominantes en México y en varias partes del mundo. Las características apuntadas por el líder de los banqueros y el Presidente se pueden leer desde hace tiempo en ensayos y textos de diversos autores que no se ponen de acuerdo en la definición del concepto, pero que satanizan a diversos personajes que a su juicio son populistas.
Afortunadamente, no son los únicos que se animan a escribir y a pensar sobre el tema y sobre los problemas actuales de nuestras sociedades. Hay otras corrientes de pensamiento que han planteado una crítica a la globalización neoliberal contemporánea: los efectos del libre comercio y de la libre circulación de capitales, la libertad irrestricta de los mercados, que se han convertido en una amenaza para la estabilidad económica y social del mundo. Y han advertido, como bien lo señaló Orlando Delgado en un artículo reciente, su fracaso para garantizar una mayor prosperidad para el mundo, ya que ese neoliberalismo ha producido “muy pocos ganadores y muchos perdedores”. Fracaso que se manifiesta además en en las condiciones de empleo, la destrucción del medio ambiente o la igualdad de géneros. Y en su incapacidad para lograr la paz y la concordia entre las naciones.
El caso de México es ejemplar. Miente el señor Robles: esa democracia liberal de la que habla no ha garantizado ni educación ni salud ni seguridad social a la mayoría de los ciudadanos. Millones de mexicanos ni siquiera pueden asegurar el alimento diario de sus familias.
Grupos de estudio y debate, como el Nuevo Curso de Desarrollo de la UNAM o Por México Hoy, entre muchos otros, han estudiado y propuesto alternativas que no responden ni sirven a líderes carismáticos, ni se asumen como los únicos o verdaderos representantes del pueblo, ni mucho menos proponen soluciones fáciles, como se pude observar en sus estudios y documentos, algunos de ellos de alta complejidad técnica e intelectual.
No sólo eso. También han reflexionado sobre el estado lamentable de nuestros sistemas políticos. Democracias fracturadas que no recogen el malestar ciudadano y que se han preocupado por defender, casi exclusivamente, los intereses de los poderosos.
Como dice el profesor Monk de la Universidad de Harvard, en un ensayo publicado en Project Syndicate:
“En las últimas décadas, a medida que se han estancado los estándares de vida de los ciudadanos comunes y corrientes y se ha disparado la rabia contra las instituciones políticas… la democracia liberal se está bifurcando, dando origen a dos nuevas formas: la ‘democracia no liberal’ (illiberal democracy)’, o democracia sin derechos, y el ‘liberalismo no democrático’ (undemocratic liberalism), o derechos sin democracia. En otras palabras, sistemas políticos formalmente democráticos que no garantizan ni protegen los derechos de los ciudadanos, o formas de gobierno que pretenden responder a los reclamos ciudadanos con medidas autoritarias y con la exclusión de las minorías (raciales, políticas o sociales) fomentando el odio y la confrontación social (proclamando frecuentemente un nacionalismo étnico)”.
Me parece que este es el verdadero dilema que enfrenta el mundo y que además nos permite salir del falso debate planteado por los banqueros y el gobierno. Tan falso que llega a hablar de populismos de derecha y de izquierda cuando en realidad se está hablando de gobiernos autoritarios demagógicos y corruptos, que pueden autoproclamarse de izquierda o de derecha, pero que han existido desde hace tiempo, mucho antes de que se pusiera de moda el término populista.
Planteadas de esta otra manera, el dilema es distinto y se pude advertir que sí hay más de dos sopas: una alternativa al falso debate entre populismo y liberalismo es precisamente pugnar para que los gobiernos nacionales, pero también los organismos internacionales y supranacionales, respondan y garanticen los derechos de los ciudadanos; y que los ciudadanos construyan nuevas formas de participación democrática. Ambas cosas representan un cambio: los gobiernos tendrían que revisar la conducción de la globalización y aceptar que tiene que ser controlada por los Estados (para horror de los autoproclamados liberales) para garantizar la estabilidad y la viabilidad del mundo en que vivimos. Volverse más transparentes y rendir cuentas a sus ciudadanos, no sólo servir a las grandes corporaciones y al 1% que las detenta. Y los ciudadanos tendrían que dejar de conformarse con una democracia en la que sólo se vota, y construir mecanismos de participación más allá del sistema rígido de partidos y elecciones tal como lo conocemos hoy. Cosa que, en realidad, intentan frecuentemente en muchas partes del mundo, sin importarles que los tachen de populistas.
Cambiar el curso de la globalización capitalista y abrir cauces a la participación ciudadana no es imposible. Es además la mejor vía para cerrarle el paso a los efectos devastadores del capitalismo actual y a los demagogos que pretenden hacer a estas sociedades todavía más excluyente, al servicio de una minoría aún más reducida, como en el caso del presidente de Estados Unidos Donald Trump y su club de multimillonarios que lo acompañan en su gobierno.

Twitter: #saulescoba