EL-SUR

Sábado 22 de Enero de 2022

Guerrero, México

Opinión

Un nuevo arzobispo para la ciudad más violenta

Jesús Mendoza Zaragoza

Agosto 28, 2017

Hoy llega a Acapulco, procedente de Tapachula, Chiapas, el nuevo arzobispo de Acapulco, Leopoldo González González. Su arribo está previsto para las 5 de la tarde en el corazón de la colonia Emiliano Zapata, donde tendrá lugar su recepción oficial a esta ciudad y a la Arquidiócesis que tiene su sede en la misma. Precisamente esa colonia tan emblemática de esta ciudad será el primer escenario que don Leopoldo vea a su llegada. Una colonia con múltiples rezagos en servicios públicos, con un gran número de negocios cerrados por la delincuencia, con altos índices de violencia, donde habitan miles de familias en situación de pobreza alimentaria, será la puerta de entrada a esta ciudad turística, para que el nuevo arzobispo dé sus primeros pasos en su nueva misión pastoral.
Es muy seguro que ya tenga en su mente una idea de lo que esta ciudad representa, en términos de riesgos y de vulnerabilidad. Ha sido enviado a ella para cumplir con tareas específicas, de acuerdo con su investidura pastoral en la Iglesia católica. Y desde ahora puede esperar, como ya lo asumimos los acapulqueños, que se convierta en víctima de cualquier delito violento y, además, esperar que le siga la impunidad, como se acostumbra en estos lares.
La investidura episcopal de don Leopoldo implica necesariamente un liderazgo de carácter espiritual y pastoral, que puede tener también sus implicaciones sociales y políticas. De ahí la importancia de este nuevo avecindado en nuestra ciudad. Por el hecho de vivir de hoy en adelante en esta violenta ciudad, pesa sobre él una gran responsabilidad, a la que tendrá que responder con sabiduría pastoral.
Entrar a Acapulco por la colonia Zapata, puede convertirse en un gesto simbólico que hable de su empeño por entrar al mundo de los desprotegidos y abandonados de Acapulco y de Guerreo, puesto que las estrategias de seguridad tan cacareadas por las autoridades, privilegian la zona turística y, aún así, no logran convertirla en lugar seguro. Ningún sitio de esta ciudad es seguro. Don Leopoldo está invitado a caminar con los pobres, con las víctimas de las violencias, con los perjudicados por las políticas públicas, con los “descartados” según el vocabulario del papa Francisco. Este inmenso segmento de la sociedad tendría que ser el privilegiado por la acción pastoral del nuevo arzobispo, si quiere ejercitar su liderazgo pastoral con un sentido de largo alcance.
En este sombrío mundo de dolor, el pastor que llega de Tapachula puede hacer presente todas las energías del Evangelio para alimentar las esperanzas en amplios segmentos de la población ya desesperanzada. Y también para consolar y fortalecer a tantas familias que viven con un dolor indescriptible proveniente de las múltiples formas de violencia. Le hará bien escuchar, escuchar y escuchar las mil historias que las familias y los pueblos tienen que contarle para que tenga una idea precisa del mundo al que llega.
Y desde ese mundo adolorido pero esperanzado, don Leopoldo estará en condiciones de escuchar también a todos los sectores de la sociedad civil, que desarrollan liderazgos importantes en la trama de esta ciudad: universitarios, profesionistas, empresarios, trabajadores, medios y demás. Nadie puede entender lo que está sucediendo en Acapulco sin escuchar a los demás. Y nadie puede hacer algo eficaz sin tomar en cuenta a los otros. Acapulco es un desafío para todos, entre los cuales, al arzobispo te toca hacer su parte. En una sociedad tan dispersa como la nuestra, el diálogo tiene una gran importancia, pero un diálogo horizontal en el que todos se escuchan unos a los otros. La Iglesia católica, como parte de la sociedad civil, debe dar su aporte específico para afrontar la violencia crónica que esta ciudad sufre. Hasta ahora ha intentado algunos caminos pero aún no atina a apostar institucionalmente por la paz y por las víctimas.
En este contexto, el nuevo arzobispo podrá tener mejores condiciones para su necesario diálogo con las autoridades civiles. Desde la sociedad y, sobre todo, desde las víctimas, puede tener una interlocución con autoridades locales, estatales y federales, que son las que toman las decisiones que afectan o benefician a la sociedad. La voz del arzobispo no sustituiría la voz de la sociedad ni la voz de las víctimas. Tendría que ser una voz que las acompañe y les permita ser escuchadas ante autoridades que no están acostumbradas a escuchar.
Sin ser pesimista, Acapulco tendrá violencia por muchos años más, mientras no se toquen las causas profundas que la generan. Causas estructurales y también comunitarias, causas locales y regionales, causas sociales y económicas, causas políticas y culturales. Este hecho constituye un gran desafío para todos los acapulqueños, al que este nuevo vecino puede sumarse aportando su propio liderazgo.
Bienvenido don Leopoldo a estas tierras tan llenas de dolor y tan necesitadas de esperanzas para no dejarse vencer por la barbarie. Bienvenido a la colonia Zapata, bienvenido a Acapulco, bienvenido a Guerrero.