EL-SUR

Sábado 22 de Enero de 2022

Guerrero, México

Opinión

Un Pacto por la Seguridad en Guerrero que sirva

Jesús Mendoza Zaragoza

Noviembre 06, 2017

Diversos actores sociales se han pronunciando no sólo por la conveniencia sino también por la necesidad de que el Pacto por la Seguridad en Guerrero, propuesto por el gobernador Héctor Astudillo, incluya a la sociedad en su misma configuración. En la discusión y en la toma de decisiones sobre la manera de afrontar la violencia y la inseguridad con un enfoque de construcción de la paz, se requiere un protagonismo fundamental de la sociedad. Desde las comunidades, los pueblos, las diversas ciudades y regiones hay perspectivas diferentes y complementarias a las que se han asumido desde el poder hasta ahora.
Para una buena toma de decisiones se requiere un conocimiento básico y, aun, profundo de un tema. En este sentido, hay que conjugar diversos saberes, desde el científico hasta el de la experiencia de los pueblos. De ordinario, estos saberes no se han tomado en cuenta, particularmente, para el tema de la seguridad. Y para comenzar, hay que discutir qué entendemos por seguridad o a qué tipo de seguridad aspiramos. Se habla, por ejemplo, de seguridad pública, de seguridad nacional, de seguridad ciudadana y de seguridad humana. Este tiene que ser un gran tema de discusión y de diálogo para llegar a construir un pacto sobre lo que queremos para Guerrero.
También se requiere dialogar ampliamente sobre el significado y las implicaciones de este pacto. No se trataría de la firma de un documento elaborado en los escritorios del Palacio de Gobierno ni de un acuerdo construido entre líderes políticos y civiles. Hay que pensarlo como un ejercicio amplio de diálogo y empoderamiento de los pueblos, de las comunidades, de las organizaciones sociales, que recoja las experiencias, las opiniones y las propuestas de la gente. Tendría que ser un ejercicio vinculante en el que se obligue a las autoridades a tomar en cuenta a la sociedad. Y además, tendría que incorporarse la sociedad a los procesos que se generen por acuerdos y que se reflejen en el así llamado pacto.
Hay que entender el pacto como un elemento estructurador de todo un proceso en el que confluyen los diversos actores y sectores sociales y políticos y de donde arranca una ruta de esfuerzos y compromisos. El pacto sería, a la vez, punto de llegada y punto de partida. Yo calculo que necesitaremos, al menos, de tres sexenios para ir recomponiendo a Guerrero. Esto, si vamos al fondo del asunto y si este gobierno tiene el tino de iniciar este proceso.
Para entender la violencia que padecemos en Guerrero, tenemos que asomarnos a sus factores históricos. La situación actual es una resultante de una serie de procesos históricos que en su conjunto han puesto las condiciones para que hoy vivamos una pesadilla que no tiene para cuando terminar. Hay temas que inciden como factores de la violencia y que pueden convertirse, con la debida intervención, en partes de la solución. Veamos algunos de ellos.
Participación ciudadana. El talante autoritario del sistema político no ha permitido que la sociedad tenga el margen de participación para el manejo de los asuntos públicos. Ya es tiempo de pasar a otra fase en la que los ciudadanos seamos reconocidos como interlocutores, no de manera formal sino tremendamente real. En el tema de seguridad, las autoridades han asignado a los ciudadanos la tarea de denunciar y punto. Un efecto de esta deficiente participación ha sido el aluvión de movimientos ciudadanos armados (policías ciudadanas) en casi todo el estado. En mi opinión, no conviene la participación ciudadana armada, sino nuevas formas de participación en las que los ciudadanos participemos en las decisiones que tienen que ver con nuestra seguridad.
Desigualdad económica. Esta es una herida muy profunda que duele en Guerrero. Y que influye, de manera frontal en la violencia que padecemos. Tenemos que escuchar a las víctimas de esta desigualdad y dejar de mirarlas con desdén. Los contrastes económicos que tenemos en Guerrero son un insulto social y requieren ser tratados con responsabilidad para que no deriven en mayores índices de violencia.
Desempleo. Este es un tema clave que incide directamente en la violencia. Los cárteles están ofreciendo empleos cuando el Estado no los asegura ni la iniciativa privada los crea. Se necesitan alternativas, sobre todo para los jóvenes.
Víctimas de la violencia. Este amplio segmento de la población tiene mucho que decir y proponer para entender lo que está sucediendo en Guerrero y para bajar los niveles de vulnerabilidad de la población. Los colectivos de familiares de desaparecidos han estado luchando y pareciera que están muy solos al no encontrar la respuesta necesaria en las autoridades y al percibir la indiferencia de la sociedad. Las familias y los pueblos desplazados, por su parte, tienen que convertirse en actores importantes en la toma de decisiones.
Corrupción e impunidad. Este es uno de los mayores factores de violencia, que ha permitido complicidades entre la clase política y el crimen organizado. Hay mil historias que se cuentan entre la gente sobre estos casos. Y nadie los detiene y nadie los castiga. Los mediocres esfuerzos en la lucha contra la corrupción no prometen nada. Aquí tiene que haber compromisos controlados por la sociedad de que si se avanzará. No puede haber pacto eficaz sin esta condición. Y, además, el sistema de justicia, tan ineficiente, necesita transformarse para dar resultados.
Otras violencias. Hay un historial de violencias antiguas e invisibles que subyacen a las más crueles y espectaculares que campean por las calles: contra las mujeres, contra los niños, contra los ancianos, contra los trabajadores, etc. en los más variados espacios, tales como la familia, la escuela, el centro de trabajo y la misma comunidad. Se requiere todo un proceso de reeducación para modificar esta cultura de la violencia tan añeja y tan arraigada. El sistema educativo tiene que servir para esto.
Sistema penitenciario. ¿Cómo transformar este sistema inservible que ya ha colapsado y significa una gran carga para todos? Se requiere otro modelo que restaure a los internos en los reclusorios y sea capaz de sanar a las personas para devolverlas a la sociedad.
Medio ambiente. Tantas violencias tienen como eje la explotación ilegal e irracional de los recursos naturales. Tenemos los casos de las mineras, las guerras que se están dando ya por el agua, el desdén a las comunidades indígenas y campesinas cuando se trata de decisiones que afectan sus tierras o sus aguas. La Tierra sufre nuestras violencias y, tarde o temprano, nos cobrará la factura.
Policías comunitarias y ciudadanas. El uso de las armas por ciudadanos organizados ha sido una consecuencia de la omisión del Estado. Mi opinión personal a este respecto es que en condiciones de un Estado de derecho real no serían necesarias las armas en manos de ciudadanos. No obstante, habrá que analizar sobre las condiciones en las que sí sea conveniente esta opción y hay que escuchar a los pueblos. Cada día se multiplican más estos grupos, cada uno con una configuración diferente.
Legalización de las drogas. La política represiva está agotada y no tiene futuro. Habrá que estudiar las implicaciones de la eventual regulación del cultivo y del comercio de la amapola, tal como se ha ido planteando.
Fuerzas de seguridad. Hasta ahora, policías y militares han sido las protagonistas de las estrategias gubernamentales de seguridad. La política represiva privilegia el uso de las armas para darnos seguridad. No niego que son útiles. Pero no son suficientes. Ni son la parte más importante de una estrategia inteligente y sostenible. Tienen que colocarse las fuerzas de seguridad en su lugar específico dentro de una gran estrategia de transformación social.
A mi juicio, el análisis de estos temas, desde la sociedad y desde el gobierno, puede dar pie a entender el alcance de la violencia en Guerrero, como base para la toma de decisiones que den forma a un Pacto por la Seguridad en Guerrero. Ya es tiempo de entender que sin la colaboración efectiva entre sociedad y gobiernos, solamente hay retrocesos. Y también hay que entender que esta es una gran oportunidad para mirar la seguridad como resultado de un esfuerzo colectivo de transformación social.