Silvestre Pacheco León
Marzo 30, 2026
Cuando faltan 15 meses para las elecciones de renovación de la gubernatura, el Congreso y los ayuntamientos de Guerrero, se vive ya la efervescencia en los partidos políticos que los medios de comunicación tradicionales y las redes sociales amplifican, dejando de lado, por el volumen del ruido que provocan, los males cotidianos que por no nombrarlos se normalizan.
Pero ya resuelto el problema del nepotismo que en Guerrero amenazaba con causar un cisma en Morena por la reticencia del senador Salgado Macedonio a acatar las decisiones de su partido al considerar que lo despoja del derecho de que su hija le herede el poder.
Pero 15 meses para la fecha de las elecciones son tiempo suficiente para que los aspirantes a la gubernatura presenten un diagnóstico de la realidad que se vive en el estado, priorizando los problemas que más preocupan a la población para que sus discursos desde la precampaña contengan propuestas de solución que los electores puedan evaluar y valorar para orientar su voto, de manera que la campaña electoral muestre la claridad y convicción de la clase política guerrerense para enfrentar los problemas y retos del estado.
Supongo que los 22 menos 1 aspirantes de Morena que ahora pelean por la candidatura, para hablar de la fuerza dominante y hegemónica en el estado, de acuerdo con la concepción gramsciana, tienen claro que los principales problemas sobre los que se ha pronunciado la sociedad guerrerense y que aparecen como resultado de las encuestas del Inegi son, en orden de importancia: la pobreza en la que viven casi 2 millones de guerrerenses que representa casi el 60 por ciento de la población actual, y entre ellos los que viven en pobreza extrema que suman casi 800 mil, seguido de la inseguridad o extorsión, la que se conoce eufemísticamente como cobro de piso, que afecta tanto a empresas como a los comercios inhibiendo el desarrollo del sector e incide en la debilidad de la economía y de un sector de emprendedores que crece sin apoyo oficial, situación contra la cual se ha manifestado el 51 por ciento de los guerrerenses, más la violencia cotidiana impuesta por la pelea de los cárteles cuyo índice de muertes violentas ha llegado a promediar 6 diarias, y aunque en el último trimestre ha bajado a la mitad la percepción de inseguridad sigue igual en el ánimo social. A esto se suma el fenómeno del desplazamiento de habitantes de pueblos completos que dejan en abandono sus casas y animales por el miedo que provocan grupos criminales con sus incursiones armadas en vastas regiones de Guerrero donde la presencia de las fuerzas de seguridad del Estado no es ni puede ser permanente. Y si a eso le agregamos las desapariciones forzadas de personas, nuestro estado parece ser el peor en el mundo con 4 mil 400 guerrerenses cuyo paradero se desconoce, pero que en el imaginario colectivo son o fueron víctimas del crimen organizado que los cooptó mediante ofrecimiento de empleo bien remunerado o simplemente fueron levantados, como en la gleba, para pasar a engrosar los ejército de sicarios, sin olvidar que la historia de los desaparecidos en Guerrero comenzó con la llamada Guerra Sucia que se implementó en el país para combatir a los mexicanos rebeldes y que en Guerrero inauguró el gobernador Rubén Figueroa Figueroa, comenzando comenzó con la desaparición de Rosendo Radilla Pacheco, detenido por el ejército el 25 de agosto de 1974 bajo el argumento de que con sus corridos que cantaba en los camiones ayudaba a la guerrilla, problema vuelto actual cuya agudeza afecta la vida en ciudades como Acapulco, Atoyac, Chilpancingo, Iguala y en la región de la Montaña, según lo ha denunciado la ONG Tlachinollan. Lo anterior habla de que la pobreza generalizada está ligada a las desapariciones, por eso se conoce como el caldo de cultivo que genera ese tipo de crímenes.
La violencia de género, como se definen los feminicidios, es otro de los males en que destaca nuestro estado porque de acuerdo con los datos del propio gobierno local lo ubica en el lugar 12 del ámbito nacional.
Entre las llamadas carencias sociales el más agudo es el problema del agua para consumo doméstico que afecta a los habitantes de las ciudades más densamente pobladas como Acapulco y Chilpancingo cuyo abastecimiento parece haber pasado al control de los cárteles y agravado en el presente año por el sismo de más de 6 grados que tuvo como epicentro el municipio de San Marcos, en la Costa Chica afectando la la red hidráulica y dejó sin abasto a más de 400 mil pobladores.
Aunque el estado de Guerrero es de los más privilegiados porque el recurso hídrico está repartido en el 62 por ciento de su territorio, el problema es la falta de infraestructura para llevarla a las poblaciones más densamente habitadas como Acapulco y Chilpancingo. Es notable el hecho de que en el estado más de la mitad del agua disponible para el consumo humano proviene de la lluvia, lo cual lo perfila para grandes obras estratégicas de captación que requieren altas inversiones.
Y ya metidos en la carencia de los servicios, al problema del agua deben sumarse los de salud por la presencia de enfermedades crónicas en las que aparecen las del corazón y las derivadas de diabetes, más los homicidios dolosos que en nuestro estado alcanza el 4.5 del promedio nacional.
Cuando menos sobre estos problemas que de manera apretada constituyen el diagnóstico de la situación actual de Guerrero valdría la pena que se manifestaran los aspirantes para que la encuesta con la que se ha programado llegar al nombramiento del coordinador o coordinadora y posterior candidato o candidata, de la Defensa de la Transformación, tenga substancia, más allá de la popularidad que busca ese partido para que gane su candidato o candidata.
Hasta la fecha el único aspirante a la candidatura que ha dado a conocer avances de lo que podría ser su propuesta de campaña es Rubén Cayetano García, de Costa Chica, miembro fundador de Morena quien fiel a su formación de abogado propone combatir la impunidad para el acceso pleno a la justicia mediante el ejercicio honesto del derecho, según lo ha reportado nuestro periódico, que no abunda sobre la manera de lograr la transformación que propone.
Su observación, en cambio, del escaso margen que tiene el gobierno del estado para fondear proyectos de gran envergadura, cuya captación de impuestos propone elevar del 3 por ciento actual es interesante, aunque eso supone una estrategia administrativa revolucionaria porque implica inculcar en la conducta de los causantes de impuestos algo que siente mermar sus bolsillos si no ven clara su contraparte.
Su idea de construir un ferrocarril de la Cdmx al puerto de Acapulco, sin dar a conocer tampoco la pertinencia de dicho proyecto me recuerda lo que decía Rubén Figueroa Figueroa acerca de la manera de combatir la pobreza y violencia en el estado: construir cada día un kilómetro de caminos para generar empleos, decía.
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