EL-SUR

Martes 30 de Noviembre de 2021

Guerrero, México

Opinión

Un político pobre es un pobre pend…

Humberto Musacchio

Agosto 18, 2016

Los mexicanos estamos mal acostumbrados. De acuerdo con el apotegma de don Carlos Hank González, un político pobre es un pobre político… o algo peor. Si manejan tanto dinero y no se quedan con algo no es por honrados, sino por estúpidos. Al menos eso dicen en voz baja los que entienden la administración pública como coto de caza.

Si los de hasta arriba se pueden hacer de casas blancas y departamentos en Florida, pese a que sus sueldos nunca les darían para tanto, los de en medio consideran natural exprimir con grandes sumas cuanto proyecto deban autorizar y los de hasta abajo, siguiendo tan alto ejemplo, se sienten con derecho para cobrar por todo lo gratuito, para no hablar de policías y agentes de tránsito.

Lo asombroso es que en el estercolero de la política existan mexicanos que no roban, no muerden, no aceptan un centavo que no se hayan ganado. El asunto viene al caso porque la declaración “3 de 3” de Andrés Manuel López Obrador resultó increíble, por supuesto, para los políticos de todos los partidos ajenos a Morena y la aprovecharon los gacetilleros que cobran por insultar, difamar y mentir en todo lo que atañe a ese político y a su partido.

Lamentablemente, periodistas honrados, respetables, también han puesto en duda que AMLO viva con 50 mil pesos mensuales, que sin ser una fortuna sí es una suma considerable, pues dos tercios de las familias mexicanas sobreviven con apenas siete mil pesos al mes. No le creen tampoco que no posee automóvil, casa propia ni tarjetas de crédito porque todo político debe ser, por ejemplo, como Enrique Ochoa Reza, presidente del PRI, quien es dueño no de uno, sino de 50 automóviles que adquirió al contado, inmuebles que valen en conjunto más de 20 millones de pesos, obras de arte por millón y medio y activos intangibles (?) por 8 millones más. Es muy posible que el señor Ochoa sea muy bueno para los negocios, pero si su vida ha estado en la administración pública en la que ha ocupado diversos cargos, habría que preguntarle a qué horas amasó esa fortuna, cómo le hizo, qué tanto heredó, porque reunir tanta riqueza requiere dedicarse a los negocios de tiempo completo.

La norma, como ya está dicho, es que un político relevante sea multimillonario, y si no lo es, peor para él, pues nadie creerá en su probidad. Poco importa que López Obrador haya vivido en un departamento de medio pelo mientras fue jefe de Gobierno, que vuele invariablemente en clase turista mientras otros personajes alquilan aviones o usan los de su propiedad. Tampoco se toma en cuenta que la esposa de AMLO trabaje y aporte al gasto familiar, pero sí se arma un escándalo cuando a uno de los hijos se le ocurre comprar unos tenis ciertamente caros, pero al alcance de cualquier clasemediero.

AMLO sabrá cómo responder a esta oleada de incredulidad que despertó su declaración. Pero lo preocupante es que los mexicanos consideremos normal la existencia de fortunas súbitas y el derroche, pero no la austeridad. Este es un país mayoritariamente de pobres y lo que debe alarmarnos es que cada sexenio sigan saliendo las comaladas de millonarios  y que no pase nada; que se aprueben leyes anticorrupción, y ningún político ladrón vaya a la cárcel.

Es lamentable que ésta, la enésima campaña enderezada contra López Obrador, esté motivada por su comportamiento austero, cuando lo que debería estar a discusión es el conjunto de sus propuestas políticas. Recientemente dictó una conferencia (se puede leer en http://ow.ly/afM6303dFXp) en la que hizo planteamientos que merecen respuesta. Por ejemplo, dijo ahí, “en forma categórica”, que cuando triunfe el movimiento que encabeza “no habrá impunidad”, pero en el mismo discurso anuncia una “amnistía anticipada” a los “integrantes del grupo en el poder”, porque –dice– se requiere justicia, no venganza.

Precisamente por eso, hay que decirle que los ciudadanos exigimos justicia, no venganza, y que si el país continúa en la ruta del desastre al que lo han conducido el PRI y el PAN, viviremos momentos imprevisibles en los que la ira popular no se detendrá ante la tenue línea que separa la justicia de la venganza social. Hay cuentas pendientes desde 1968, de 1971, la venta turbia de bienes nacionales, los crímenes de Iguala y la desaparición de los muchachos de Ayotzinapa, la agresión policiaca a los habitantes de Nochixtlán y lo que se acumule esta semana. De modo que AMLO no debiera decretar amnistías anticipadas.