EL-SUR

Lunes 06 de Diciembre de 2021

Guerrero, México

Opinión

Un PRI dispuesto a todo

Humberto Musacchio

Octubre 26, 2017

El cese fulminante de Santiago Nieto Castillo, fiscal especial para Delitos Electorales, le ha causado un enorme daño al gobierno federal. Si es repuesto en su cargo o se confirma la defenestración, en ambos casos el resultado será una nueva pérdida para el muy menguado prestigio de la presente administración, señalada por casos como el de la Casa Blanca de las Lomas, el socavón del Paso Exprés de Cuernavaca y lo que se acumule esta semana.
Desde luego, de confirmarse la presencia de dinero ilegal en la campaña presidencial del PRI de 2012 no sería una sorpresa, pues ya un altísimo ejecutivo de la firma Odebrecht declaró ante las autoridades brasileñas que esa empresa había entregado enormes sumas a uno de los principales colaboradores del candidato tricolor.
Como se recordará, en 2012 el derroche del PRI alcanzó niveles sin precedente, aunque como de costumbre las autoridades electorales optaron por cerrar sus ojitos ante la feria de regalos con listón tricolor, la entrega de dinero contante y sonante, los cientos de autobuses de que dispuso el candidato, la flota de aviones y helicópteros a su servicio y muchas otras erogaciones.
Desde luego, los órganos electorales no suelen ver las tropelías del PRI, quizá porque ese partido tiene mayoría en los cuerpos de arbitraje comicial. Prueba de lo anterior la dieron en el presente año los institutos electorales del Estado de México y Coahuila, donde corrió el dinero en cantidades rockefellerianas sin que autoridad alguna se haya incomodado. Incluso, el Tribunal Electoral federal inventó un pretexto para no contabilizar una parte del gasto priista en Coahuila.
En tales condiciones, nada tiene de extraño que “las instituciones” se confabulen para deshacerse de un fiscal incómodo, aunque de ese modo lancen un ominoso anticipo de lo que veremos en 2018, con autoridades temerosas, blandengues o cómplices y un gobierno dispuesto a todo para cuidarse las espaldas.
Para mayor desgracia de los mexicanos, prominentes líderes empresariales desde siempre beneficiados por el PRI, como un señor equis y otro no de nacionalidad sino de apellido Alemán, ya se incorporaron a la cruzada para preservar los santos lugares del priismo mediante el sobado intento de espantar con el fantasmón del populismo o asegurando que si los electores votan por AMLO tendremos otro Nicolás Maduro (por cierto, ¿qué pasó con la oposición teledirigida en Venezuela?).
Lo que está claro, si alguien lo dudaba, es que el PRI no quiere dejar el poder y ya empezó a desplegar su amplísimo y siempre renovado arsenal de marrullerías. Hace unos días se desató una feroz campaña contra el líder del PAN y antes y después no ha cejado en el esfuerzo por denostar a López Obrador, pues mucho es el temor ante un eventual triunfo de la oposición.
Es parte de la vida política la descalificación del adversario, pero ese recurso tiene sus límites, entre otros, que las acusaciones se apeguen a la verdad o que por lo menos no sean mentiras evidentes. Eso poco le importa al priismo en el poder, que tiene mucho que perder si gana Morena e incluso ante una eventual victoria de la coalición PAN-PRD.
Fiel a su estilo, el partido tricolor ya olfateó que el dedazo favorecerá a José Antonio Meade, el todoterreno, funcionario de un gobierno panista y luego de uno priista, el hombre que, como la Chimultrufia, así como dice una cosa dice otra, y en medio del desastre económico que sufren los mexicanos habla de que la ruta es firme, que las finanzas nacionales van por el mejor camino imaginable y que el país es un paraíso.
Los priistas hacen como que se lo creen y lo siguen como romeros que buscan un santo que adorar. Por lo pronto, ya modificaron los estatutos de su partido para darle entrada a un candidato “externo” a la Presidencia de la República y suprimieron el requisito de diez años de militancia que se exigía a los aspirantes.
Se trata, por supuesto, de un despliegue de indignidad al que hasta ahora sólo se ha opuesto abiertamente Ivonne Ortega. El PRI va por todo y no reparará en los medios, pues hoy como nunca muchos de los altos cuadros de ese partido están señalados por corruptos y tratarán de evitar la cárcel. Si pierden la elección, lo que es previsible, ¡cuidado!, porque serán capaces de todo. No sería algo nuevo, porque para salvar sus privilegios pueden recurrir a  cualquier cosa, a cualquiera. Te lo digo Anaya para me escuches Andrés Manuel.