EL-SUR

Sábado 03 de Diciembre de 2022

Guerrero, México

Opinión

Un proletariado sin cabeza

Saúl Escobar Toledo

Abril 28, 2016

Hace unos días recordamos los cuarenta años del fallecimiento de un destacado pensador y militante de la izquierda mexicana, teórico del marxismo, filósofo, y escritor de una de las obras más importantes de la literatura nacional. José Revueltas nació el 20 de noviembre de 1914 y se fue de este mundo el 14 de abril de 1976. Uno de los rasgos más importantes de su obra política consistió en la búsqueda de un pensamiento crítico que se deshiciera de los dogmas imperantes en esos años (entre los cuarenta y los sesenta del siglo pasado), provenientes tanto del estalinismo del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS), como de la cultura política oficial impuesta por el “Estado de la Revolución Mexicana”. A partir de aquí, Revueltas construyó las bases de una nueva teoría para la izquierda mexicana, para la lucha de los trabajadores. Su obra representó una verdadera revolución intelectual del pensamiento político en México.
Los textos de Revueltas surgieron en una etapa en que la izquierda mexicana se desenvolvía en un ambiente caracterizados por la persecución policiaca y la exclusión política, de un lado, y el dogmatismo, del otro. Una época en que el pensamiento independiente y crítico corría por el filo de la navaja entre la incondicionalidad al socialismo real y la cooptación del régimen del PRI. Al elegir un camino distinto, Revueltas se convirtió en el ideólogo excepcional, el crítico insobornable del poder y, sin duda, el iconoclasta del marxismo.
Mucho del pensamiento de la izquierda mexicana de aquellos años se basaba en la idea de que la Revolución de 1910 había sido el acontecimiento fundador de una nueva historia y, con ello, del surgimiento de un Estado progresista que podría conducir un desarrollo independiente y exitoso del país. Un desarrollo capitalista que, sin embargo, podría otorgar un mejor nivel de vida del obrero y el campesino.
Hay que recordar que justamente en los años de la segunda posguerra se consolidó en el mundo capitalista desarrollado el estado del Bienestar, mismo que fue adoptado por gobiernos de distinto signo político, sobre todo de inspiración socialdemócrata. El caso de México aparecía entonces como un ejemplo exitoso, aunque con fuertes rasgos autoritarios, originado en una revolución de principios de siglo, de un Estado que lograba altas tasas de crecimiento económico con redistribución del ingreso.
La ruptura con el dogmatismo estalinista se inicia quizás con la publicación de su novela Los días terrenales, publicada en 1949. Se trata de una crítica sin concesiones a la rigidez ideológica y al autoritarismo de los partidos comunistas. Revueltas traza un retrato, pleno de dramatismo, de la vida cotidiana y la actividad política de los militantes de la izquierda, en particular del Partido Comunista Mexicano (PCM), quienes tuvieron que lidiar con dos verdugos al mismo tiempo: la dictadura del Comité central del partido y la represión del Estado mexicano. La novela fue repudiada por muchos dirigentes y pensadores de izquierda, ligados tanto al lombardismo como a los círculos comunistas. La condena fue tan severa que Revueltas aceptó retirar su libro de la circulación. No aparecería publicada de nueva cuenta sino hasta veinte años después.
Pero será hasta 1955 cuando Revueltas rompa públicamente con el PP y con Lombardo Toledano y pida su reingreso al Partido Comunista Mexicano (PCM) solo para salir de este partido, definitivamente, en 1960. Estos cinco años fueron decisivos para la elaboración de una nueva teoría política sobre el estado mexicano basada en la historia de México.
Convencido de que ni el PCM ni el PP ofrecían una salida teórica o práctica a la izquierda mexicana, Revueltas decide emprender un nuevo camino. El texto en el que se expresa de manera más amplia esa búsqueda se encuentra en su libro Ensayo sobre un proletariado sin cabeza publicado en 1962. Tiene como antecedentes varios escritos, pero destacadamente los textos de 1958: México, una democracia bárbara.
Revueltas se preguntaba ¿por qué no hay un sindicalismo independiente en México?, ¿por qué si el gobierno reprime a los trabajadores, la izquierda sigue confiando en los gobiernos del PRI? ¿cómo es posible que Lombardo haya apoyado la candidatura de López Mateos a la Presidencia de la República a pesar de la represión a la lucha ferrocarrilera?
Esos, y otros cuestionamientos sobre las posiciones de la izquierda, son los que Revueltas trata de resolver en esa obra. De ahí destaca la siguiente tesis:
“En México se produce un fenómeno del que difícilmente puede darse un paralelo en ningún otro país del mundo contemporáneo. Este fenómeno consiste en que la conciencia de la clase obrera ha permanecido enajenada a ideologías extrañas a su clase, y en particular a la ideología democrático – burguesa, desde hace más de cincuenta años, sin que hasta la fecha haya podido conquistar su independencia. O sea, su enajenación ha terminado por convertirse en una enajenación histórica… La clase obrera mexicana, de este modo, se proyecta en la historia de los últimos cincuenta años del país como un proletariado sin cabeza, o que tiene sobre sus hombros una cabeza que no es la suya”
Según Revueltas, la conciencia enajenada o la falta de independencia de la clase obrera mexicana es un hecho excepcional que no se presenta, de esta manera, en otras partes del mundo, por lo que debe tener una explicación la historia nacional. Aunque el texto de Revueltas puede parecer de difícil comprensión y algunas reflexiones filosóficas muy ajenas a nuestras preocupaciones actuales, en él se encuentran los rasgos esenciales de una nueva caracterización del estado mexicano. Su importancia, sin embargo, van a reconocerse plenamente varios años después, a raíz del movimiento estudiantil de 1968, y del debate intelectual y político que se desata tanto en la izquierda como en los medios universitarios por estos acontecimientos.
El gran mérito de Revueltas reside en la crítica del poder ideológico del Estado mexicano. Puso en claro que, a pesar de su origen revolucionario, ya no defendía otro interés que la conservación del poder de una élite política y los intereses económicos de una reducida clase dominante. Ya no representaba las causas populares que habían dado origen al levantamiento de principios del siglo XX.
El pensamiento de Revueltas, a pesar de los cambios que ha sufrido el país y el mundo desde entonces, sigue siendo fuente de inspiración para reflexionar sobre nuestro pasado y nuestro presente, en particular sobre la historia y la situación actual de las izquierdas mexicanas. En el fondo, éstas se debaten hoy entre la necesidad de hacer una denuncia de las desviaciones del poder: su autoritarismo, su corrupción y su impunidad; y el pragmatismo político que le impone la competencia electoral, el camino de las reformas y su responsabilidad a la hora de ejercer parte de ese poder (del Estado). Entre una política sectaria y otra de masas. Entre una propuesta política sólida desde el punto de vista teórico e ideológico, y el oportunismo que borra fronteras entre la izquierda y la derecha.
La izquierda ya no vive, hoy, subyugada por el dogma marxista o estalinista, ni por la ilusión de la revolución mexicana “hecha gobierno”. Pero, situada ahora en el extremo contrario, en un pragmatismo casi total, su propuesta se diluye o se decolora hasta hacerse difícilmente reconocible como una alternativa propia en el marasmo de nuestra vida política. Precisamente por eso, las reflexiones de Revueltas resultan tan acuciantes hoy, como ayer. Sobre todo, hay una tarea que Revueltas propuso en sus tesis políticas hace más de cincuenta años y que sigue vigente: convertir a la clase obrera en un actor político, libre del control del Estado y de “líderes traidores” (como él los llamó desde entonces). Aunque solo fuera por eso, Revueltas es un pensador vivo que, con sus ideas, sigue militando en las luchas actuales que buscan cambiar este país.

Twitter: #saulescoba