EL-SUR

Lunes 24 de Enero de 2022

Guerrero, México

Opinión

Un remedio a la medida de la herida

Jesús Mendoza Zaragoza

Septiembre 09, 2019

Con motivo de la conmemoración del Día internacional de las víctimas de desapariciones forzadas, el pasado 30 de agosto, se pudo visibilizar una de las inmensas heridas que le duelen al país: las decenas de miles de desaparecidos. Pudimos escuchar el clamor que crece cada vez más, de este segmento de víctimas que se ha podido organizar en tantos colectivos de familiares de desaparecidos, a lo largo y ancho del país. Hay que reconocer que aún son una minoría las familias que han podido y querido organizarse para buscar a sus desaparecidos y para exigir justicia y verdad en cada uno de sus casos.
Pero hay más. Si muchas familias de desaparecidos se han movilizado, hay una inmensidad de víctimas que no lo han hecho. Basta hablar de las familias de los más de cien mil asesinados, de las miles de familias desplazadas a lo largo y ancho del país, que aún siguen invisibles. Y qué decir del creciente número de feminicidios que también sufren el desdén social y del público. Vamos, el tema de las víctimas de las violencias se ha vuelto inconmensurable y de proporciones inimaginables. Esto significa que hay una gravísima herida en el corazón de la patria, no fácil de ser atendida y sanada.
Así las cosas, hay una inmensa deuda con este mundo impregnado de dolor, que necesita ser pagada como condición para que México se levante de esta pesadilla amasada de corrupción, impunidad, desigualdades y abusos. Mientras no se salde esta cuenta, México no podrá avanzar ni hacia la justicia ni hacia el desarrollo que necesitamos.
Hoy más que nunca tenemos que considerar el tamaño de esta herida y el tamaño del remedio que hay que poner. Si la violencia y la inseguridad que México padece han tenido un altísimo costo económico y político, no es menor el costo social. Este es el más dramático de todos. Sólo que hay que mirarlo de frente y sin disimularlo.
El Estado debiera mirar con toda honestidad el tamaño de esta herida para organizar una respuesta proporcional. Si así lo hiciera, tendría que pensar en una respuesta mayúscula y significativa. Las respuestas que hasta ahora se han dado al tema de las víctimas se han sustentado en su minimización y no en un análisis de lo que realmente son y significan para el país. A mi juicio, tendría que construirse una secretaría de Estado específica para este tema específico, por su trascendencia nacional.
Sí, una institución del tamaño de una secretaría de Estado. Una secretaría que se hiciera cargo de la verdad, de la justicia, de la reparación de los daños y de la garantía de la no repetición, así como de la sanación y de la reconciliación nacional. Las mentadas comisiones ejecutivas de atención a víctimas, la federal y las estatales, endosadas a otros organismos de menor rango, no tienen capacidad alguna. Carecen de capacidad institucional y sólo cuentan, en ocasiones, con buenas intenciones.
Las víctimas se han convertido en la parte más frágil y dolorosa del país, en el México profundo que se oculta a la vista de las “buenas conciencias”, en la herida incómoda que se disimula y que nadie quiere ver, en el mundo oscurecido por el dolor, la rabia y la desesperanza que se transpira en familias y pueblos. También son la realidad más real de México, una realidad insoslayable, una realidad que no se puede disimular y ante la cual se necesita tomar posición. Si queremos conocer lo que México es ahora, no podemos huir de ellas. Hay que ir a su encuentro para tocar y comprender con el corazón la transformación que el país requiere.
Las víctimas necesitan un trato de sujetos de derechos para que se incorporen a la reconstrucción del país con sus altas potencialidades que deben ser reconocidas. Se ha dicho que las víctimas, aquéllas que sobreviven aisladas y las que luchan organizadas, representan la reserva moral que México tiene para conseguir la transformación que necesita en el sentido de la justicia y de la paz.
Las víctimas o sobrevivientes representan un gran potencial de transformación social que va abriendo caminos. En el alma llevan la aspiración a la paz y la exigencia de justicia y de verdad, tan necesarias para un México diferente. Ellas necesitan al país y el país las necesita. Hoy por hoy, la paz es la gran aspiración que los colectivos de familias de desaparecidos están inspirando. Hay que reconocerles el lugar que les corresponde y todos saldremos beneficiados.