EL-SUR

Miércoles 01 de Diciembre de 2021

Guerrero, México

Opinión

ESTRICTAMENTE PERSONAL

Un tache para Fox

Raymundo Riva Palacio

Agosto 26, 2005

ESTRICTAMENTE PERSONAL

Históricamente, muchos presidentes mexicanos iniciaron su sexenio buscando tener con la Casa Blanca la mejor relación posible, pero generalmente terminaban indignados por la manera como los habían tratado y entendiendo perfectamente la frase de Porfirio Díaz, “tan lejos de Dios, tan cerca de Estados Unidos”. Hoy en día puede acreditársele al presidente Vicente Fox una variable importante a esa constante: el presidente George Bush, que comenzó volcado hacia Fox, se hartó de él y, hasta podría decirse, está a un grado de detestarlo. Tan lejos de Dios, parafraseando la cita eterna, y tan cerca de ese mexicano.

¿Exageración? No es lo que parece cuando expresan su frustración los funcionarios mexicanos que mantienen desde hace tiempo una estrecha relación con sus contrapartes estadunidenses, y que han ido registrando el deterioro creciente hacia Fox, afectando todo tipo de intercambio con Estados Unidos. El desplome del rapport que había entre Bush y Fox ha llegado a tales niveles, de acuerdo con personas que conocen los detalles de la degradación de la relación personal entre los mandatarios, que parece existe una línea en Washington para todo tipo de negociación y golpear sistemáticamente al líder mexicano. El cierre de los espacios de maniobra reflejan hastío, decepción y hasta enojo.

Los estados de ánimo se han ido acumulando negativamente a lo largo del tiempo, desde que en 2001 Bush comprendió que la relación ejecutiva que su padre había tenido con el ex presidente Carlos Salinas no iba a repetirse con Fox. Sorprendió la tozudez foxista de fincar el eje de la relación bilateral en un macro acuerdo migratorio, e irritó la manera como antes de los atentados terroristas, Fox dio un ultimátum a Bush para concretar ese pacto. Molestó y decepcionó la paralización tras los atentados del 11 de septiembre donde pedían, diría un político en Washington, “un solo abrazo de solidaridad”. Exasperaron las continuas promesas de reformas, y que fracasara en todas.

La relación personal está desecha, y todos los intentos para reestablecerla han fracasado. Las gestiones para lograr un encuentro bilateral entre los dos presidentes en las próximas cumbres donde coincidirán, como la de Mar del Plata y de la APEC, han fracasado. Hasta ahora, ni 15 minutos está dispuesta la Casa Blanca a concederle a Fox. La dura postura del Departamento de Estado, reflejada indirectamente por las posiciones públicas del embajador Tony Garza sobre las fallas de la seguridad pública mexicana, ha puesto enorme presión a la Secretaría de Relaciones Exteriores, que se ha llevado la mayor crítica por los fustigamientos estadunidenses. La verdad, sin embargo, es que el deterioro de las relaciones la ha rebasado, y en no pocas veces obedece a la actitud contradictoria del presidente Fox.

Por ejemplo, tras los atentados del 11 de septiembre, Fox le habló a Bush por teléfono para ofrecerle su apoyo y experiencia en lo que necesitara. Un funcionario estadunidense comentó en aquellos días que Bush se mostró tan extrañado por la iniciativa de Fox, que ironizó en la Casa Blanca que cómo hacía ese ofrecimiento cuando no podía con sus propios asuntos. El último que les causó enorme molestia se dio con la frustrada operación de General Electric para entrar a la televisión mexicana mediante un acuerdo con Canal 40. De acuerdo con personas que conocen las negociaciones previas de esa operación, el presidente Fox había dado su aval para la transacción tras una comunicación con Bush. La intervención del presidente estadounidense se dio porque el representante de General Electric en México, Edmundo Vallejo, es íntimo amigo de Bush desde que fueron compañeros en la Escuela de Negocios de Harvard. Las mismas personas dijeron que el caerse la operación en vísperas de que se concretara, se tomó como un acuerdo más incumplido de Fox que, anticiparon, Bush no se lo perdonará. “Tarde o temprano –dijo una de ellas– se la cobrará a Fox”.

Esa factura aún no pasa a la caja, pero lo que sí está sucediendo es que la relación bilateral se encuentra empantanada en lo sustantivo. Son pésimas noticias para México, pues en la medida en que Fox aumenta su debilidad frente a Bush, se reducen los márgenes políticos mexicanos ante Estados Unidos. En muy mal momento llega esta notoria pérdida de fuerza, con una frontera en crisis por las guerras de las bandas de narcotraficantes que la han convertido en zonas de operaciones militares, y en las semanas donde se están preparando los presupuestos. Es decir, un factor exógeno, que afecta al suroeste estadunidense, empata con uno endógeno, que es la búsqueda de mayores presupuestos. No es nada casual que los dos gobernadores más promexicanos, Janet Napolitano de Arizona, y Bill Richardson, de Nuevo México, hayan declarado zonas de alerta sus comunidades fronterizas. Buscan dinero y se están acomodando al estado de ánimo antimexicano desatado en Estados Unidos en el año previo a las elecciones. Tampoco es fortuita la creciente presión de las agencias policiales y de inteligencia estadunidenses para que se les permita portar armas en territorio mexicano, un sueño largamente acariciado.

La vulnerabilidad de México está atada a la de Fox, quien difícilmente resistirá las embestidas estadunidenses. En el pasado, esas presiones se resistían con el apoyo interno, del cual carece hoy en día. Es imposible pensar que los estadunidenses esperarán a que asuma un nuevo gobierno en México para empezar a arreglarse con él, por lo que el problema se trasladará a los mexicanos. ¿Qué hacer para evitar que Fox entregue a Washington lo que quieran para evitar que le quemen los pies? Estar muy atentos todos, vigilarlo, revisarlo e impedirle que regale soberanía a cambio, como suele hacerlo, de nada. No hay de otra para evitar que ese adeudo en la caja de Washington, nos sea muy oneroso en el futuro.

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