EL-SUR

Lunes 24 de Enero de 2022

Guerrero, México

Opinión

Una caravana cuestionadora

Jesús Mendoza Zaragoza

Octubre 22, 2018

Las migraciones son un fenómeno histórico. La historia universal sólo se entiende de manera amplia y precisa, a partir de grandes migraciones. En la historia contemporánea se ha convertido ya en un complejo problema global que tiene factores políticos, económicos, ambientales, ideológicos y culturales, sobre todo. El papa Francisco hablaba hace poco de más de 250 millones de migrantes, de los cuales 22 millones y medio, son refugiados. Así que no hay soluciones simplistas. Es necesario examinar el fenómeno de la manera más responsable para entenderlo mejor y para darle una salida justa.
Lo que ahora tenemos es un asunto humanitario ante la Caravana Migrante de centroamericanos, la mayoría de ellos hondureños, que han tocado a las puertas de nuestro país para llegar hasta la frontera norteamericana, buscando mejores condiciones de vida. Más allá de las razones políticas o económicas, estamos ante un problema humanitario. Y hay que darle un trato humanitario. El caso es que esta Caravana ha dado ocasión para visibilizar una serie de situaciones en el entorno que incluye Centroamérica y Norteamérica e, incluso, global. ¿Qué cosas se están haciendo visibles?
Primera. Esta masiva migración está determinada por condiciones de vida inhumanas que han obligado a mucha gente a salir de sus países. Me ha tocado recibir y conversar con hondureños, que en los últimos años han pasado por Acapulco para continuar en su camino hacia Estados Unidos. Las condiciones de pobreza extrema, de desolación económica y de fragilidad social son desesperantes. Prácticamente son expulsados por el hambre y las difíciles perspectivas de futuro. Es una migración forzada y obligada. No tienen más opciones en el área de Centroamérica y se exponen a las mil amenazas que les acechan por el camino hacia el país del norte, que son preferibles a quedarse como en punto muerto. Esta migración masiva la han visto ahora como una forma más segura de hacer este camino hacia Estados Unidos.
Segunda. Llama la atención la reacción de los países ricos, tanto en Europa como en Estados Unidos. Se sienten amenazados con estos éxodos. África emigra hacia Europa y América Latina hacia Estados Unidos. El señor Trump ha reaccionado con amenazas a los países expulsores y a los de paso. Ha dicho que este tema es prioritario y, aún más importante que los tratados comerciales. Ha amenazado con cerrar fronteras con el ejército, a retirar supuestas “ayudas” a los países involucrados para que detengan esta caravana. La movilización de los pobres les hace sentirse vulnerables y amenazados. Y reaccionan con demencia y con dureza. Los migrantes ponen en riesgo su “America first”, su espacio de confort, su estilo insolidario de vida. Hay que decirlo, esta movilización masiva sólo es el preludio de movilizaciones mayores que habrá en el futuro si los países ricos no cambian su actitud de despojo y de soberbia. No se dan cuenta que están arriesgando su propio futuro si no se responsabilizan de la suerte de los países pobres, que ellos mismo han generado con los mecanismos de desigualdad que ellos han promovido. La pobreza de los países subdesarrollados es inversamente proporcional a la riqueza de los países desarrollados.
Tercera. Esta migración masiva de centroamericanos ha puesto sobre la mesa otro fenómeno que va en crecimiento y que está manifestando efectos nocivos. Se trata del nacionalismo como ideología y como práctica política. Trump lo ha descrito de una manera tan clara en su “América first”. La agenda nacionalista se impone a costa de interese globales. Lo estamos viendo en el tema del comercio y en del medio ambiente, en los que lEstados Unidos han marcado un deslinde de las agendas globales, movido por su agenda económica. Europa va por el mismo camino, donde se están imponiendo paulatinamente las visiones y políticas nacionalistas, que rompen con la visión de que somos una sola familia diversificada en diversas culturas y formas de organización. La idea matriz de que todos los seres humanos somos hermanos ya no importa y se ha ido perdiendo la visión humanitaria de las crisis y de los problemas.
Cuarta. Algo que se ha dejado ver en este masivo éxodo es la desvinculación de hecho de nuestro país con Centro y Sudamérica. México ha mirado más hacia el Norte y ha descuidado el Sur. En las últimas décadas del siglo pasado había un hondo sentido de la Patria Grande. Así se le llamaba a América Latina, con la cual compartimos historia, cultura y problemáticas regionales. Hubo iniciativas de acciones solidarias y de fraternidad entre los países latinoamericanos y una simpatía entre sus pueblos. ¿Dónde ha quedado? De tanto mirar hacia el Norte, ya no sentimos el sufrimiento del Sur como nuestro. Ni simpatía y, menos empatía.
Quinta. Algo preocupante en estos días han sido los brotes de xenofobia y de racismo entre los mexicanos. Pareciera que Trump y sus simpatizantes supremacistas nos hubieran contaminado. Duele la actitud de tantos mexicanos que están atrincherados en su comodidad y no reconocen el sufrimiento mayor de los hermanos centroamericanos. Aducen razones de seguridad nacional y de precariedad económica. Igualito que los segmentos gringos que odian a los mexicanos y están apoyando a Trump en su agenda nacionalista y xenofóbica. Estamos mostrando el cobre, pues. Así como nos tratan los vecinos del Norte, tratamos a nuestros vecinos del Sur. Eso nos debería dar vergüenza. Un valor impresionante que hay entre los pobres es que se ayudan y tienen ojos para mirar a otros más pobres que ellos y hacerse solidarios. ¿Acaso no podemos tomar esa actitud?
Ante el fenómeno de la migración, tan creciente y conflictivo, el papa Francisco ha hecho una propuesta que incluye cuatro verbos: acoger, proteger, promover e integrar. Se trata de una agenda humanitaria, centrada en las necesidades y en los derechos humanos de los migrantes, que nos podría hacer mucho bien si la consideráramos. Lo que toca en este momento es entender que, antes que ser un tema político o económico, la Caravana Migrante manifiesta una crisis humanitaria que hay que atender como tal. Urge una agenda humanitaria basada en el hecho ineludible de que somos una sola familia humana repartida en este mundo global. Esta debiera ser la visión de fondo para relativizar fronteras y nacionalismo estrechos. Las fronteras han sido impuestas por los poderosos, para abusar y despojar a los débiles. Y a punta de la fuerza económica y militar. ¿O no fue el caso de nuestra frontera norte? ¿Y de casi todas las fronteras? Pero más allá de que las fronteras constituyan un convencionalismo acordado para la relación entre las naciones, debe prevalecer la atención al sufrimiento atroz de los más desamparados.