Federico Vite
Noviembre 18, 2025
Es bien sabido, por los creadores de Guerrero, que la secretaría al mando de la cultura en el gobierno de Evelyn Salgado Pineda carece de representatividad. Aída Melina Martínez Rebolledo llegó al cargo por una serie de catastróficas desdichas que en el ámbito político del estado se consideran congruencia, pues sus virtudes están sometidas a la fidelidad incuestionable que profesa por los Salgado, un clan político aferrado al poder.
Melina estuvo al pie del cañón como porrista de Félix Salgado, entonces candidato a la gubernatura, quien no pudo llegar a la boleta electoral tras cometer un error infantil, ¿por qué no reportar los gastos de campaña si el dinero que recibió para tal efecto no era suyo? Bueno, sólo a él se le “olvida” ese detalle legal. Salgado logró esquivar los candados que trataron de asfixiarlo, pues la denuncia por violación se evaporó y de manera extraordinaria recibió el apoyo femenino del partido en el poder. Un tipo hábil, sin duda, pues llevó a la gubernatura a su hija.
Puesto así, se nota con mayor claridad a qué aspiran los fieles y fervientes felixistas que ahora son funcionarios políticos. Fungen, con el lustre popular de su candidato, como meros adornos de un proyecto “revolucionario” que no cuaja; pero en el caso de la Secretaría de Cultura, las cosas son graves e incluso inconscientes.
Aída Melina no valora la riqueza cultural de nuestro estado (tan rico, pero tan mal administrado). Trabaja en algo que no entiende, porque el referente que posee es limitado: sigue órdenes, queda bien con la jefa y le aplaude siempre, a toda costa. No demuestra sentido común, no, no, no, tal vez porque se le exige fe y actúa a ciegas. Se somete al efecto mesiánico de algo que para tantos otros funcionarios públicos es un escudo: Morena. Se ocultan tras eslóganes pegajosos: “Amor con amor se paga”, “del pueblo para el pueblo”, “primero los pobres”. Divulga retórica, nada más.
Hay algo de despótico en no dialogar con los creadores, en creer que ella sabe lo que nosotros necesitamos; pero aún más grave es la actitud de mercachifle que la caracteriza. Si recordamos que hace unos meses el Centro Cultural Acapulco estuvo a nada de ser una “sede” para la Guardia Nacional y a la secretaria no le importó la ley, ni se preocupó por lo que representa alojar militares en un recinto de apetencias artísticas. Guardó silencio y cuando se hizo público el contubernio para quitar espacio al centro cultural tuvo que jugar un poco al Cantinflas y lo mismo dijo una cosa que otra, pero no mencionó nada concreto sobre ese episodio bochornoso. Acumula omisiones, aunque ella pregona una mejoría administrativa y de proyectos, pero la realidad es otra: falta a cuestiones simples, por ejemplo, el pago puntual a los ganadores del premio María Luisa Ocampo.
También debe recordarse que durante la gestión de Melina, el maestro Eduardo Álvarez renunció a la dirección de la Filarmónica de Acapulco, cuya sede, no sobra decirlo, se perdió. También durante esta gestión se puso en pausa la única librería del puerto: Educal. Tuvo que venir gente de la federación para calmar las cosas; no para resolverlas, sino para ofrecer una salida sin fricciones entre empleados e institución. Son hechos que nos describen un panorama (aunque también ha hecho cosas buenas, pero son las mismas que hacían las administraciones pasadas. Ergo: revolucionaria no es, creativa tampoco.) y al centro de ese cuadro está la secretaria, siempre con una sonrisa para los boletines y las publicaciones de la página oficial en facebook, pero con una respuesta despótica en privado. Más de un creador cuenta historias al respecto, porque a la menor provocación esta funcio-naria –que entiende el arte como una caravana de festivales y exposiciones gastronómicas– se deja llevar por las olas encrespadas de la pasión y despotrica contra el crítico, sea quien sea, porque no tolera señalamiento alguno.
Plenipotenciaria como es, ya no distingue la derecha de la izquierda. Decidió rendir homenaje a Rubén Figueroa Figueroa y creyó, porque así son los autoritarios, que ese hecho no tendría consecuencia alguna más allá de los aplausos por la buena labor. ¿Por qué? Porque ella supone que su trabajo engrandece la cultura y el arte, además, es incuestionable. Insisto: ella cree que engrandece el arte en Guerrero. Pero no sabe administrar la riqueza que tanto pregona. Tiene una mirada pobre sobre el tesoro de Guerrero que no se erosiona ni se devalúa, como el turismo de playa.
Ella vive para una agenda política y eso es lo más ridículo del asunto, creyó que un homenaje a Figueroa sería aplaudido por los creadores, ¿por qué? Tal parece que la secretaria vive fuera de la realidad. No entiende la historia reciente de Guerrero. Y como era de esperarse, el homenaje tuvo consecuencias.
A pesar de haber cometido esa pifia, trató de mitigarla con un boletín en el que argumentaba apego a la Ley de Símbolos de Identidad y Permanencia, por eso acató la orden de rendir tributo a lo más brutal, ominoso y lacerante de la política guerrerense. Usó esa idea (“seguir la ley”) como esgrima, pero de inmediato despidió a la directora de Actividades Cívicas de la Secretaría de Cultura, Yareli Muñoz López. ¿Por qué lo hizo si la funcionaria estaba acatando la ley y, por supuesto, cumplía con su trabajo? Estas cosas pasan cuando un funcionario no sabe qué hacer, ni entiende lo que hizo; mucho menos logra resolver la situación en la que se encuentra ni acepta el error cometido.
Decenas de asociaciones civiles, tantísimos creadores también, exigen la renuncia de Aída Melina y me parece que el gobierno debería acatar ese reclamo, sería lo más acertado. La gobernadora debería corregir una falta grave; pero la señora Salgado no puede despedir a Melina porque no tiene mejor aplaudidora en el gabinete. Tampoco va a escuchar a la gente, ni va a resarcir la falla de haber designado a Melina como administradora de nuestra riqueza cultural. Pero debe tener claro que su secretaria de Cultura no sabe cómo realizar la misión encomendada. Ni quiere ni puede.
Si el dinero usado en propaganda estatal se invirtiera en la formación de creadores y en la promoción de talentos, ¿qué pasaría? Algo distinto, sin duda; el enfoque estaría en los artistas, no en los políticos. Pero no perdamos de vista que nada bueno le puede pasar a Guerrero con una secretaria de Cultura como la actual. Nada. Ni por error.
@FederìVite