EL-SUR

Lunes 24 de Enero de 2022

Guerrero, México

Opinión

Una democracia simulada y costosa

Jesús Mendoza Zaragoza

Agosto 21, 2017

Está ya listo el presupuesto para que los partidos políticos no pasen penurias durante el proceso electoral del 2018. Son 6 mil 788 millones de pesos los que el Instituto Nacional Electoral (INE) ha dispuesto para repartirles. Desde la perspectiva de las necesidades de la gente, realmente es mucho dinero para ser derrochado de la manera más inmoral. Desde luego que una de las necesidades más elementales que tenemos es la necesidad de democracia, de una real democracia y no de la simulación que tenemos.
Digo simulación porque al sistema de partidos políticos que padecemos, lo que menos le importa es respetar la decisión de la gente. Lo que les importa a los partidos es hacerse del poder al precio que sea, engañando, comprando votos, lucrando con la pobreza, arrojando basura electoral a través de los medios, entre otras cosas. Son muy creativos para esto. Y a final de cuentas, en la mayoría de los casos, la gente no se siete representada por los triunfadores, que responden más a los intereses de sus partidos o de quienes les apoyaron, que a los intereses de los pueblos.
El INE justifica el dinero público para los partidos políticos, señalando que de esa manera se garantiza la equidad y la autonomía frente a los intereses privados o eventualmente ilegales. Lo cierto es que el INE no ha podido garantizar que esto suceda. Lo vemos en todos los procesos electorales cuando los partidos gastan de manera exorbitante y sobrepasan en mucho los topes electorales. Y ya lo veremos en este 2018, cómo el dinero del narcotráfico va a abundar sin que el INE lo pueda controlar o impedir.
El INE no goza de la confianza de los ciudadanos pues se ha mostrado muy complaciente con las artimañas de los partidos políticos. Al fin y al cabo, no muestra independencia de los mismos puesto que ellos lo tienen controlado. Así que tenemos un árbitro no confiable. Y esto es muy grave para el proceso electoral porque nadie nos garantiza, ni que el dinero se use con transparencia, ni que el dinero sucio proveniente de la delincuencia organizada entre a las campañas políticas, ni que la decisión de los ciudadanos sea respetada, ni que no se sigan dando de manera impune prácticas ilegales como la compra del voto. De hecho, las legislaciones electorales están hechas a modo para favorecer a los partidos políticos y no para salvaguardar la limpieza y la legalidad de los procesos electorales.
Por otro lado, no es razonable la entrega de cuantiosos recursos a los partidos políticos, caracterizados, la mayoría, por la corrupción, cuando tenemos una situación económica tan dolorosa para gran parte de nuestro pueblo. Debieran hacerse campañas electorales más cortas y más austeras. En fin, el proceso electoral se convertirá en un verdadero insulto a los pobres porque se lucrará con su miseria y porque se despilfarrarán cuantiosas sumas en la mercadotecnia de las mentiras y de las simulaciones en lugar de atender sus urgentes necesidades.
En fin, el corrupto sistema político mexicano requiere dinero para sostenerse, los partidos comercian con las necesidades de los pueblos y requieren dinero, los candidatos invierten en las campañas sabiendo que se lo cobrarán cuando estén en el poder. La política se ha convertido en un negocio en el que lo que menos interesa es la dignidad. Y en este gran negocio, los perdedores son siempre los mismos, los ciudadanos convertidos en consumidores o en clientes que tienen que comprar su supervivencia.
Cuando el dinero es lo más importante en el sistema político para conservar el poder, no se puede esperar ni democracia, ni justicia, ni paz. Ni se pueden esperar gobiernos honestos y responsables que estén del lado del pueblo en sus necesidades y conflictos. ¿Cuál es la salida? Francamente no lo sé y cada vez el panorama es más incierto. Lo que sí sé es que este sistema político alimentado legalmente con dinero, es vulnerable y no faltarán contextos en los que pueda resquebrajarse. Lo construido mediante la corrupción y el abuso no es duradero. Por eso, es necesario recuperar y dignificar las instituciones, el INE y los partidos políticos para generar expectativas legítimas. ¿Será posible?