Federico Vite
Abril 08, 2026
Proleterka, novela breve de la escritora y traductora italiana Fleur Jaeggy (Adelphi, Italia, 2014, 114 páginas), propone al lector un texto distinto a las edulcoradas proposiciones narrativas de nuestro tiempo en el que incluso los párrafos deben ceñirse a las cinco líneas de extensión; de lo contrario, se pierde al lector. Pero yendo a cosas serias, la propuesta de Jaeggy es exigente, pues con oraciones cortas, diálogos parcos, cambios en la voz narrativa (de primera persona del singular a tercera), largos párrafos y extrañas referencias familiares, el libro resulta atractivo y aleccionador. Nunca se pierde de vista que la voz narrativa es de una chica que intenta comprender su mundo. Esa voz, al principio, habla así: “Conozco poco a mi padre. Durante unas vacaciones de Pascua me llevó a un crucero. La nave fue anclada en Venecia. Se llamaba Proleterka. Proletaria”. Más adelante se vuelve un poco más distante y adquiere visos de frialdad: “Es la hora del cre-púsculo. Nikola en su turno de guardia. Johannes en cabina. Siempre muy pálido. Entonces puedo hacer todo lo que yo quiero”.
Proleterka es el nombre de un barco yugoslavo, atracado en Venecia. Esta novela contiene la historia de una joven y de su padre. Se conocen muy poco. El padre (Johannes) es frío y distante. La joven se pregunta adónde va la mente de su figura masculina, ¿cómo funcionan sus pensamientos? El viaje de dos semanas en el Proleterka le brinda a la narradora la oportunidad de conocerlo mejor. Mientras visitan algunos puertos de Grecia, ella analiza a su padre, aviva entonces un profundo interés por él y se siente extraña por esa proximidad.
La protagonista del libro (cuyo nombre no se menciona) descubre la vida de una manera hosca. Se entera que uno de los amigos de su padre es un asesino que parece una buena persona, liquidó a su madre, pero salió de la prisión por buena conducta. ¿Cómo llevarse con alguien así? ¿Lo saluda igual? Quizá la única manera de tratarlo es vol-viéndose un poco más fría. Acer-ca de la frialdad, asevera la na-rradora: “Una pasión como ésta es voraz, secreta. Parece sólo una cosa gentil. El interés por la na-turaleza. Y a veces tengo un pro-fundo hastío, un hastío visceral, hacia el mundo, la existencia. Hacia los hombres. Hacia el género masculino. Hacia Johannes. He intentado de todas las maneras transmitir aquella predisposición también a la hija de Johannes. La muchacha de la familia de él, de la mujer de Johannes, esa que ya no está”.
Es un libro que de manera gradual va tornándose oscuro. Sobre esta tenebra se encuentra la historia real de una familia que no se convirtió en un núcleo amoroso. Puesto así, adquiere sentido que la narradora empiece la transformación hacia una frialdad. Para ello, tengo una frase tomada de la novela que ilustra un poco más la situación: “El dolor de aquel niño me iluminó”.
Otro factor es que la narradora da referencias de un sitio en el que se habla alemán; de hecho, hay frases en alemán que son de inmediato matizadas por la obstinación de una voz narrativa que pone al italiano como lengua materna. Y esto tal vez tiene que ver con la historia de la autora, nacida en Zúrich, pero crecida en Italia. Es decir, no se trata de que la historia sea una autoficción, sino que Jaeggy usa una factor idiomático real para darle verosimilitud a la voz narrativa que parece deambular como espectro y su refugio es la frialdad en una idioma que no es el italiano. El alemán, para la protagonista, es una región familiar en la que hubo una fábrica textil que le dio fortuna a la familia de Johannes. El padre obtuvo riqueza, pero eso no le ha dado bienestar sino frialdad. Esta familia, sin embargo, sufre una catástrofe económica y una serie de enfermedades y muertes que terminaron por ensombrecer el futuro. Es una familia que, vista por una joven de dieciséis años, adquiere matices tenebrosos, pues viajando con el padre redescubre el pasado: “La nuestra es una familia de suicidas. De aspirantes a suicidas. Las raras veces que habíamos tenido ocasiones de pasar un poco de tiempo, aunque breve, entre parientes, el argumento fundamental, el único argumento por el que cualquiera de nosotros mostrase algún interés, era el suicidio”.
Otro factor, que enrarece aún más las cosas, es que el padre tiene un hermano gemelo, un tipo afectado por la enfermedad del sueño. Y la narradora tiene la sensación de que este gemelo los acompaña durante todo el viaje en el Proleterka. Esa idea potencia ciertos cambios y tonos en el relato. En 114 páginas, Jaeggy da cuenta de una familia arruinada en lo emocional. Claro, aunque hay montones de novelas con estas características, el valor del libro está en cómo lo narra la autora, porque se trata de una visión tenebrosa, algo, no sobra decirlo, que caracteriza la obra de esta escritora, cuya virtud es darle un poco de sombra a la psique de los personajes. No son textos cuya naturaleza sea el horror, sino que trabaja escenas realistas enturbiadas por la bilis negra, esa emoción que va ganando terreno en la medida que se acerca el fin del relato.
Casi al final del libro, la chica presiente la existencia de otro ser, tal vez viviendo en su lugar y ocupando su sitio. En las últimas páginas, descubre cosas que la hacen crecer. Es en esta parte que el lector asume que está frente a una Bildungsroman. Sin duda, tiene entre las manos una novela de iniciación. “La Proleterka es un lugar de la experiencia. Cuando termina el viaje ella debe saber todo”. No hay un bombo ni platillo resonando al oído del lector, no, ni cambios en el ritmo de las frases que siguen siendo cortas, como si la narradora balbuceara: “Mi voz cambia de entonación, me doy cuenta de que hablo alemán, como si aquella lengua me hubiera sido impuesta. Lengua de funerales, lengua de homilías, de las corporaciones. Tengo preparado un minúsculo diccionario de las palabras alemanas que tienen signado un destino”. El lector presencia el fin del viaje, y el cambio de vías emocionales, cuando la protagonista sale de los dieciséis años e ingresa al mundo de los adultos. Una bella forma de asumir que ha llegado a la edad de las sombras.
* La traducción de las líneas en-tre comillas es mía.
@FederìVite
Instagram @monsieur_vate
Aclaración
Por un lamentable error en el proceso de edición, no apareció en este espacio el artículo del escritor Federico Vite, que debió publicarse el martes. Se ofrece una sentida disculpa tanto al autor como a los lectores.
Atentamente
Carlos Rosas
Editor de Cultura