EL-SUR

Sábado 15 de Junio de 2024

Guerrero, México

Opinión

Una elegía para Philip Roth

Adán Ramírez Serret

Mayo 25, 2018

 

Hay un ejercicio que siempre es noble, digno y triste; el acto de a través de las palabras recordar a un escritor cuando apenas muere. El término que describe esto, es elegía. Aunque no sean en verso, en este caso, estas líneas, sobra decir, no son un poema sino tan solo una columna que busca recordar a un escritor con sus propias herramientas. Algo así como darle flores a un florista; madera a un carpintero; o ideas a un filósofo.
Los escritores en esta terrible e inevitable parte de la vida que es morir, gozan de, al menos, la posibilidad de habitar de nuevo, además de en sus libros, claro; el espacio al que dedicaron su vida: la amada y odiada escritura.
Escribo todo esto, sin duda con tristeza, a causa de la muerte el pasado martes del escritor Philip Roth (New Jersey, 1933-2018). Murió a los 85 años de edad y hacía cinco que había dicho que iba a dejar de escribir. Autor de más de 30 novelas, constante candidato al Nobel, el cual curiosamente no se otorgará este 2018.
Philip Roth comenzó siendo en sus primeros libros un autor en donde convivía el sexo, el estilo y cierto desparpajo al decir lo que todos piensan pero nadie se atreve a escribir. Una especie de Nabokov en Lolita, y de igual manera que este autor ruso, no sólo era un maestro del estilo sino también un autor capaz de múltiples registros; los cuales, según iba madurando como escritor, y quizá también como humano; su prosa, sus párrafos y selección de palabras, reunían en una misma página, ironía, amor profundo, reflexión, sexo, erotismo, ideología política, drama y comedia.
Al ser un autor con tantas faces no es fácil describir a Roth. Es reconocido, por supuesto, de manera unánime por ambiciosas novelas de gran aliento, como le gusta decir a la crítica. Obras como Pastoral americana o El teatro de Sabbath en donde me parece, la búsqueda es algo así como lo que obsesiona a los escritores estadunidenses: escribir la Gran Novela Norteamericana. Sin embargo, ahora, a unos cuantos días de su muerte; prefiero escribir sobre dos obras suyas que son particulares. Una, por ser una obra “verdadera”, Patrimonio es decir, sin ficción. Y la otra, Elegía. Porque es un homenaje en el cual un hombre escribe sobre su hermano recién fallecido.
Escojo estos libros en particular porque me recuerdan al prólogo que hace Montaigne a sus Ensayos, dice: “he dedicado (sus ensayos), al uso particular de mis parientes y amigos para que, cuando me pierdan… puedan volver a hallar en él algunos rasgos de mi condición y humor, y por este medio les quepa nutrir y tomar más entero y más vivo el conocimiento que tuvieron de mí”. Está por demás decir que no conocí a Roth en persona, pero cuando se lee a un autor y sus libros nos marcan, se crea una relación muy cercana. Recuerdo las palabras de Montaigne cuando leo Patrimonio de Roth. Aquí, apegándose a la verdad relata la muerte de su padre. Hace una radiografía profunda, en la cual se logran ver los huesos, cartílagos y músculos de las relaciones entre padre e hijo y el terrible vacío que deja la muerte.
Termino, entonces, recomendando dos libros de Roth, Patrimonio y Elegía. Dos novelas en donde se aborda de manera frontal la muerte, por lo tanto el sexo y la felicidad. Recuerdo aquello que decía el ya citado Montaigne que filosofar es aprender a morir, escribe: “Dice Cicerón que filosofar no es más que aprestarse a la muerte. Con esto señala que el estudio y la contemplación retiran de algún modo nuestra alma fuera de nuestro cuerpo y de nosotros, lo que es cierto aprendizaje y semejanza de la muerte”. Quizá, entiendo, se logra cierta eternidad mientras se lee. La cual, en los libros de Roth, es completamente humana y terrenal. Leerlo es descubrir la belleza en la enfermedad; la felicidad en la desgracia; y lo sublime de lo carnal.
(Philip Roth, Elegía, Ciudad de México, Random House, 2017. 150 páginas).