EL-SUR

Martes 18 de Junio de 2024

Guerrero, México

Opinión

Una encuesta brumosa

Gibrán Ramírez Reyes

Agosto 30, 2017

Las últimas semanas han sido de críticas al “dedazo” en Morena en la Ciudad de México, de sorna del presunto verticalismo, de exageraciones absurdas que equiparan a Andrés Manuel López Obrador con viejos presidentes priistas y cosas así. Es bastante normal: los enemigos de Morena aprovecharán cualquier oportunidad para atacarlo. No me dirijo a ellos, sino a quienes dudan de buena fe, en el público y en la militancia, pues la duda es derecho de la inteligencia y no ofensa.
El comité de encuestas existe. Debe decirse. Existe, tiene una larga data y viene del que formara en su momento José Barberán, destacado científico cercano a la izquierda, que ya no está en este mundo pero encaminó un equipo original, del que se ha desprendido cierta continuidad, primero cerca de López Obrador –en los tiempos de la jefatura de gobierno– y ahora para todo Morena. Se trata de gente seria, discreta –que rara vez se presenta por nombre–, de la mayor confianza. La secrecía es fácil de explicar: por una parte, por paz personal: revelar sus nombres sería someterlos a grillas o acoso mediático. Por otra, para evitar el sabotaje político de este tipo de ejercicios.
El ejercicio es real y hay solvencia técnica del equipo –quien no quiera creerlo, no lo creerá–, pero el quid del asunto, lo verdaderamente político, está en la decisión sobre lo que debería medirse. Fue lo siguiente: conocimiento, identificación con Morena (1); opinión, percepción de honestidad (2); percepción de cercanía con la gente (3); si se creía que sería buena candidata o candidato, si se votaría por él o ella (4), y a quién se prefería como candidato de Morena (5). Ocho preguntas en total, aunque se agruparon en los cinco reactivos que señalo entre paréntesis. A partir de aquí todo es un poco más brumoso.

Tantas lecturas posibles

En los datos crudos, Claudia Sheinbaum gana en la mayoría de los reactivos, pero los datos crudos dicen poca cosa, pues todas las preguntas están subordinadas al universo de quienes conocen al candidato en cuestión, y siendo ella y Mario Delgado los menos conocidos, sus resultados se magnifican.
Si nos vamos a las estimaciones sobre la población total, la cosa cambia: de los cinco reactivos, Martí Batres ganaría en conocimiento y Sheinbaum en preferencia, pero habría empate en buena opinión (entre los tres), en percepción de cercanía con la gente (entre Batres y Ricardo Monreal) y en si se consideraba que serían buenos candidatos (entre los tres). Un batidillo incomprensible. Ahora, si se consideran puntitos y decimales dentro del margen de error, en las estimaciones Batres gana el reactivo de conocimiento, el de opinión y el de cercanía; Sheinbaum gana el referente a la consideración como buen candidato y el de preferencia. Evidentemente, esto no fue lo definitorio, sino que tuvieron que considerarse a) los negativos, o b) una sola pregunta.
Si se toman en cuenta las diferencias entre positivos y negativos, Sheinbaum habría ganado el reactivo de opinión, el de cercanía y el de percepción de buena candidata (obviamente, Batres seguiría ganando en conocimiento y Sheinbaum en preferencia). Y aquí hay algo por cuestionar, pues los negativos no definen si alguien es buen o mal candidato, aunque puedan ser una aproximación a la magnitud de ataques opositores posibles. No queda duda, por otro lado, de que esto sesga la encuesta en contra de los políticos profesionales –Batres y Monreal–, siempre en la mira de los medios y los enemigos de Morena.
Por otro lado, la pregunta más publicitada es la de preferencia: “¿A quién prefiere de candidato de Morena?”. ¿Qué habría sido si se hubiese utilizado, mejor, a quién prefiere como jefe de Gobierno? O, mejor, ¿que se hubieran realizado los típicos careos contra otros posibles aspirantes para definir quién sería el más competitivo (se supone que ese es el sentido de la encuesta)? Probablemente el resultado habría cambiado. Así como se hizo, se otorga excesivo peso a quienes no votarían por un candidato para definirlo. Y es bastante sintomático que por  sólo 10.7 por ciento dijo que votaría por Sheinbaum, pero la prefirió como candidata por Morena 15.9 por ciento; en tanto que a Batres y a Monreal los prefieren casi el mismo número de personas que votaría por ellos.
El asunto de la encuesta deja varias lecciones. La primera, que claramente hubo una definición política por disminuir las percepciones negativas, lo que benefició a Sheinbaum. Es una decisión válida y no hay que asustarse: cada partido define para qué mide. La segunda es que Morena está verde en su comunicación política y que quienes gestionaron el manejo de la encuesta pensaron que podrían brincarse la tormenta, en lugar de administrarla. La tercera, que aunque fuera por errores graves previos de Monreal –el peor, la negociación autónoma del presupuesto para su delegación, en perjuicio de Morena–, los delegados por López Obrador carecieron de tacto y comunicación, generando una desgarradura innecesaria. Así fuera en el estilo, se cobraron viejas cuentas, y Monreal tensó demasiado la liga. Pero aún hay tiempo de cicatrizar.