EL-SUR

Miércoles 10 de Junio de 2026

Guerrero, México

Opinión

Una experiencia trilingüe

Federico Vite

Septiembre 17, 2025

 

(Segunda de cuatro partes)

El segundo volumen de la tetralogía de Nápoles es Storia del nuovo cognome (2012). En manos de la traductora estadunidense Ann Goldstein el libro se titula Story of the new name (New York, Europa Editions, 2013, 471 páginas). Esta empresa editorial, cuya sede se encuentra en Nueva York, refresca la oferta bibliófila en el mercado de habla inglesa; es decir, se distribuye muy bien en Estados Unidos y en Reino Unido, además, de otros tanto países del orbe. La empresa se fundó en 2005 por los propietarios de la editorial italiana Edizioni E/O, la casa editorial de Elena Ferrante, donde, no sobra decirlo, también labora Anita Raja, a quien se considera la mente maestra detrás de Ferrante.
Goldstein es traductora y editora especializada en italiano. Recibió mucha atención por este libro que hoy comento; aunque a ella, los lectores de habla inglesa le deben mucho. Llevó a su idioma, entre otros, el trabajo de Donatella di Pietraantonio, Alba Céspedes, Elsa Morante, Alessandro Baricco, Pier Paolo Pasolini, Serena Vitale, Italo Calvino, Primo Levi, Pope John Paul II, Jhumpa Lahiri, Piera Sonnino y Helena Janeczek.
La mano de Goldstein se nota de inmediato en el segundo tomo de la tetralogía. Aunque son los mismos personajes, Lenú y Lila, su competencia lingüística es muy próxima, en cadencia, al italiano. Lenú y Lila hablan en inglés, claro, piensan en ese idioma, pero las cosas ya no tienen el sabor anglosajón. Cito un ejemplo: “En la primavera de 1966, Lila, en un estado de gran agitación, me confió una caja de metal que contenía ocho libretas. Ella dijo que no podía tenerlas en casa, pues temía que su marido pudiera leerlas”. Incluso algunas palabras se mantienen en italiano, no sólo las direcciones de casas o instituciones, también las referencias que no pueden, me parece, ser dichas ni en inglés ni en otro idioma, salvo italiano: fuentes, esquinas, puentes, apodos, bebidas y alimentos. Pero en el fondo, temo que Goldstein logra con esta inserción de palabras un ritmo. Y, siendo más ambiciosa aún la traductora, con esas palabras en italiano consuma un punto de apoyo para que el lector no olvide que se lee una adecuación del italiano al inglés, no una traducción tropical, sino algo más valioso y atractivo.
Esas libretas que entrega Lila a Lenú contenían temas diversos; desde descripciones de objetos y de árboles hasta asuntos que no embellecen la pobreza, ni la agradan, sólo la delimitan. Pero lo más interesante de esas libretas es el despertar sexual. Mientras Lila lo describe, Lenú lo experimenta. Y esos pasajes fungen como un pliegue en la historia, porque esas notas exponen lo que Lenú no sabía de su amiga y después servirá para ser narrado. En este punto se nota con mayor precisión que había una rivalidad. Tanto una como otra, en algunos momentos de la trama, se perciben como oponentes; pero se matiza esa “competencia” en la medida que el lector ingresa a la historia profunda y navega en la psique de ellas. La rivalidad entre amigas, a veces, se consuma sin desearlo, como una extensión de la sociedad en la que viven. Eso describe Ferrante, un sistema diseñado para que las amigas pugnen y se diluya así el ideal de la amistad.
Lila se casa a los 16 años; Lenú continúa con los estudios y, a diferencia de su amiga, debe laborar para solventar los gastos en casa; pero sobre todo, nota que al ganar dinero se vuelve un poco independiente. En ese aspecto, el contraste con Lila es brutal, porque ella se casa con un joven adinerado, el riquillo del barrio (Stefano). Ella tiene dinero para gastar sin medida ni clemencia. Tiene casa e incluso le pide a Lenú que la visite, porque ella se siente aburrida y sola en un lugar nuevo, con muebles e incluso televisión. No es feliz, pero tiene dinero. Lila, a esa edad, es un modelo de belleza napolitana. La buscan directores de cine, fotógrafos e incluso modistas, pero el esposo no le permite hacer nada de eso. Se inicia entonces en el diseño de zapatos y le va bien, pero en realidad ella quiere experimentar una sexualidad amorosa. Igual que Lenú. De hecho, se enamoran del mismo chico (Nino) y él, por supuesto, elige a Lila, a pesar de que ella está casada. Ese affair deviene en un hijo y, más tarde, en un divorcio. Lenú, en cambio, explora la sexualidad con un hombre mucho más grande que ella. Ni siquiera entiende por qué aceptó acostarse con ese tipo: casado, con hijos y muy, pero muy dado a cortejar ninfas.
Gracias a una beca, Lenú estudia en la universidad de Turín. Eso la saca por un tiempo del barrio pobre de Nápoles, ahí experimenta una normalidad inusual, una etapa caracterizada por la tranquilidad, la apertura sexual y el conocimiento. Esa estancia le ayuda a comprender que prefiere estar lejos del barrio, de la familia y de los amigos. “Yo no podría permanecer para siempre como prisionera de ese lugar y de esas personas”. Años después encontrará una pareja estable (Pietro), se casa y publica su primer libro. Esta novela está narrada en tercera persona y cuenta lo que Lenú vivió en primera persona durante su despertar sexual. El resultado es tremendo; lo curioso –y en eso hago una especial mención a la labor de la traductora– es que los diálogos, las descripciones de un mundillo literario como el nuestro y las expresiones coloquiales tienen una admirable resolución. No están estructuradas sólo para darle sentido a la prosa concisa de Ferrante, sino para reproducir la carga semántica de esas charlas en las que, para variar, los hombres quieren acostarse con Lenú, “porque si una mujer escribe sobre sexo, entonces, sólo quiere tener sexo”.
Pietro es quien le señala algo que ella no podría advertir de esa novela: “He leído el libro tres veces y en cada página hay algo poderoso cuyo origen no logro descifrar”. Para cualquier lector, esta es una bonita sentencia de apoyo y solidaridad con la persona amada, pero leyendo como escritor, revela uno de los trucos más interesantes del cuarteto de Nápoles. Cada capítulo se estructura por una voz que describe el pasado, pero en el fondo, ese pasado se construye por fragmentos: conversaciones, recuerdos, ideas, delaciones, notas de un diario o libros. Forman parte de un compendio, y ese compendio del libro debut de Lenú aglutina más elementos que fortifican la unión con Lila: “Yo pude entender, después de haber leído algunas líneas de una historia que Lila escribió en la infancia, que La fata blu fue el corazón de mi novela”. En inglés, la historia de Lila se llama The blue fairy. Para efectos prácticos, digámosle: El hada azul. Lenú cree que su libro fue una extensión de El hada azul escrito por Lila hacía dieciséis años. “En esa historia no se sentía el artificio de la palabra escrita”. Ergo: todo era natural. Y esa naturalidad, sin temor a equivocarme, es lo que esta serie de libros posee; no es cosa menor atestiguar que la traducción de Goldstein es fiel a esa naturalidad. Esta aseveración la pude constatar en los siguientes tomos, el tercero y cuarto volúmenes, pues para mi fortuna los conseguí en italiano. También entendí que la literatura en mayúsculas exige algo que ya no estamos dispuestos a dar: tiempo para leer con calma. A prisa sería imposible disfrutar la saga de L’amica geniale porque todo lo ocurrido suma en la trama y deriva en literatura. Todo. De eso y la naturalidad como recurso de la mimesis, escribo la siguiente entrega.

* La traducción de las líneas entre comillas es mía.

@FederìVite