EL-SUR

Jueves 11 de Junio de 2026

Guerrero, México

Opinión

Una paz impuesta por la fuerza no es sostenible

Jesús Mendoza Zaragoza

Octubre 20, 2025

En el año 2020, escribía el papa Francisco su encíclica Fratelli Tutti y la firmó en la ciudad de Asís, y decía que “ante tantas formas mezquinas e inmediatistas de política, recuerdo que la grandeza política se muestra cuando, en momentos difíciles, se obra por grandes principios y pensando en el bien común a largo plazo. Al poder político le cuesta mucho asumir este deber en un proyecto de nación y más aún en un proyecto común para la humanidad presente y futura” (Fratelli Tutti, 178). Estas palabras me hacen pensar en la actividad política internacional y en la de nuestro país, en el sentido que la política no ha trascendido a la búsqueda de la paz, sino que, al contrario, ha sido factor de confrontación, de inmediatismos y de exclusión.
El caso de Palestina. El 29 de septiembre de 2025, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció un nuevo plan para abordar la guerra en Gaza y la crisis más amplia de Oriente Medio, en una conferencia de prensa en la Casa Blanca, junto al primer ministro de Israel Benjamín Netanyahu. Con esta iniciativa, Trump desea aparecer ante el mundo como un buscador de paz, cuando la política de los Estados Unidos es incapaz de ser amigable con las naciones, pues sólo tienen intereses, como el petróleo o los demás recursos naturales. Trump vive agrediendo a los países más débiles con los aranceles, mediante una guerra comercial y se está proponiendo escaladas militares en otros países. Su estilo es completamente guerrerista.
Apoyando al gobierno de Israel con todo el poder que tiene en sus manos, el poder económico, político y militar, Trump ha sido cómplice de Netanyahu, un genocida, pues le ha dado su apoyo para destruir la ciudad de Gaza y busca el desalojo de los palestinos que viven en esa ciudad. Y hasta ahora, en el susodicho plan de paz, no les interesa ni escuchar al Estado palestino, reconocido ya por un inmenso número de naciones. De esta manera, el plan de paz de Trump y Netanyahu es sólo una táctica para buscar sus propios intereses y no la paz. Es una política inmediatista y excluyente que busca otras cosas y no una paz sostenible, que le hará más daño a la población palestina.
El caso de México. En la práctica, en México tenemos una guerra, aunque no haya sido declarada. Guerra entre las fuerzas armadas y las diferentes policías del Estado mexicano y las organizaciones criminales a lo largo y ancho de todo el país. El entonces presidente Felipe Calderón comenzó esta guerra que llegó aquí con el Operativo Conjunto Guerrero Seguro, que inició actividades el 7 de octubre de 2011, con el envío de efectivos militares y federales, incluidas fuerzas especiales para tratar de desarticular a los cárteles de Sinaloa y de Los Zetas. Y desde entonces tenemos en Guerrero al Ejército y a la Marina y, posteriormente, llegó también la Guardia Nacional.
La Mesa de Coordinación para la Construcción de la Paz es una estrategia interinstitucional de seguridad encabezada por gobiernos estatales, que reúne a los tres niveles de gobierno (federal, estatal y municipal) y a las fuerzas de seguridad para diseñar y coordinar estrategias conjuntas. Su objetivo es garantizar la seguridad y tranquilidad de los ciudadanos, analizando incidencias delictivas y reforzando operativos y medidas preventivas en todo el estado, incluyendo a gobernadores, secretarios de gobierno, fuerzas federales y estatales, Guardia Nacional y autoridades municipales. Ya nos hemos acostumbrado a que el paisaje guerrerense incluya a policías y militares por donde quiera.
Esta mesa se ha construido desde el poder público, que aún no ha reconocido el potencial de la sociedad civil organizada. Y aún, después de muchos años, las instituciones del Estado mexicano siguen creyendo que la paz se construye con militares y policías. Han creído que la paz se construye desde el poder. Y no han podido construir la paz en el país, ni lo podrán hacer. No han comprendido, hasta ahora, que todos, ciudadanos, sociedad civil y gobiernos somos responsables de las diferentes formas de la violencia y de la inseguridad que sufrimos y, por lo mismo, todos tenemos que participar en la construcción de la paz en México.
Y es que desde el poder no es posible construir una paz sostenible, la paz que necesitamos todos. ¿Cuántos años necesitamos para lograr la decisión de una estrategia que incluya e los gobiernos y a la sociedad civil? Una dificultad para que eso suceda es la desconfianza. Ni los gobiernos tienen confianza en la sociedad, ni la sociedad confía en las instituciones gubernamentales. Hay que comenzar a creer en el potencial social y gubernamental y en transformar nuestras relaciones para caminar juntos. Ni los gobiernos pueden todo, ni la sociedad lo puede hacer. Hacerlo juntos nos conviene a todos.
La paz se puede construir desde las empresas, desde las universidades, desde el sistema educativo, desde preescolar hasta la secundaria, desde las iglesias, desde la ciudadanía, desde las colonias, desde el campo, desde las comunidades indígenas y afromexicanas, desde los colegios profesionales y desde todas partes.
La paz no se impone a la fuerza, ésta se elige como una forma de vida. Y la construimos de manera cotidiana con nuestras actitudes, nuestros lenguajes, nuestras acciones y nuestras omisiones. Se construye con la dignidad que todos tenemos, ya sea desde los gobiernos o desde la sociedad. Necesitamos mirar a lo lejos con una mirada estratégica, y actuar desde ahora algunas cosas para que la paz suceda cuando llegue su tiempo. De otra manera no podremos contar con una paz estable y sostenible. Pasará como siempre ha sido hasta ahora: días con muertos, desplazados y desaparecidos y días tranquilos. Ya nos hemos malacostumbrado a no contar con una paz duradera. Eso es lo que no queremos. Queremos una paz que perdure en todos los tiempos, en el día y en la noche, y en todos los lugares.