EL-SUR

Sábado 26 de Noviembre de 2022

Guerrero, México

Opinión

Una plaga azota al mundo

Saúl Escobar Toledo

Marzo 30, 2016

Una calamidad recorre al mundo: afecta a casi todos los gobiernos de los países desarrollados y en desarrollo, del norte y del sur, del este y del oeste. Una desgracia que ha alcanzado a los Estados nacionales y supranacionales, dañando el bienestar de sus sociedades, sus fundamentos económicos y las expectativas de vida de miles de millones de habitantes, en especial de los más desfavorecidos. Una plaga que socava la convivencia democrática y la estabilidad de los sistemas políticos al convertirse en una causa importante de la creciente desigualdad en el mundo y del reclamo ciudadano. Se trata de lo que técnicamente puede llamarse “el fraude y el abuso fiscal” y que tiene como piezas fundamentales los llamados tax havens, los paraísos fiscales instalados en diversas partes del planeta.
En las últimas semanas aparecieron dos trabajos que ilustran la gravedad de este asunto. El primero, un estudio elaborado por la CEPAL y Oxfam, “Tributación para un crecimiento inclusivo”, que analiza la situación en América Latina (marzo de 2016), y el segundo, un amplio reportaje del periódico El País, de España, “El fraude fiscal atiza el descontento global” (Suplemento Negocios, 20 de marzo de 2016), que se basa en un conjunto de opiniones y datos proporcionados por diversos expertos. Con base en ellos, ofrece una cifra impresionante: “los paraísos fiscales esconden entre 15 y 30 billones de dólares” lo que representa varias veces el PIB anual de México, calculado en poco más de un billón de dólares, y que también superaría el de Estados Unidos, de casi 19 billones de dólares (nominales, según el FMI).
Estos paraísos, dice el diario español, “son resultado de una estrategia de las multinacionales para reducir su tributación y suponen una pérdida de ingresos globales que representa entre el 4 y el 10% de la recaudación (actual)… conservadoramente entre 100 mil y 240 mil millones de dólares por año”, que pudieron haber utilizado los gobiernos para la salud, la educación o la infraestructura productiva.
La evasión fiscal y la recurrencia a los paraísos fiscales son la práctica favorita de las compañías más grandes y poderosas como Facebook, Ikea, Pepsi, FedEx, Amazon, Apple, Google… mismas que han sido denunciadas e investigadas en diversos países por estos motivos. Entre los 30 paraísos fiscales más socorridos e impunes están los del Caribe (13) por ejemplo Bahamas y las Islas Caimán; los de Europa (4), Andorra y Mónaco; los del Pacífico (5), entre otros las Islas Cook; los de Asia (3), destacadamente Hong Kong; los de África (3), en especial Mauricio; y en el continente americano tenemos dos, Bermudas y Panamá.
Los gobiernos no pueden gravar lo que no ven, para eso son los paraísos fiscales. Pero también preocupan las mañas y artificios que usan las empresas para pagar impuestos más bajos, desviando sus ingresos a diversos países que tienen un sistema impositivo más benigno, o trampeando la ley. “Los oligarcas del dinero han levantado muros para proteger sus privilegios: enormes fortunas y bajos impuestos. Para ello han construido una verdadera industria de defensa de la riqueza. Un sector vigilado por una legión de abogados, contables, lobistas, consultores, activistas anti impuestos y otros profesionales cuyo único objetivo es explotar todos los huecos legales del sistema para preservar el dinero (de esa oligarquía)”, dice el reportaje.
Ello ayuda a explicar porqué el poder concentrado de los más ricos ha llegado a cifras que espantan: las 62 personas más prósperas del planeta acumulan tanto dinero como los 3 mil 500 millones de seres humanos más pobres del mundo.
En América Latina, según el estudio de Oxfam y la CEPAL, la situación es similar a la descrita por El País, pues “entre 2002 y 2015, las fortunas de los multimillonarios de América Latina crecieron en promedio un 21% anual, es decir, un aumento seis veces superior al PIB de la región… Gran parte de esta riqueza se mantiene en paraísos fiscales, lo que significa que una porción muy significativa de los beneficios del crecimiento de América Latina está siendo acaparada por un pequeño número de personas, muy ricas, a costa de los pobres y de la clase media”. Y agrega que, “sistemas tributarios inadecuados, así como la evasión y la elusión de impuestos, cuestan a América Latina miles de millones de dólares en ingresos tributarios perdidos…”.
A todo ello hay que agregar las políticas de protección de los gobiernos en favor, sobre todo, de la Inversión Extranjera Directa (IED), “Las empresas multinacionales se benefician de generosos descuentos en las tasas de impuestos sobre la renta en muchos países en desarrollo, incluidos los de América Latina y el Caribe, como consecuencia de la competencia tributaria desenfrenada que existe entre los diferentes países…”. Según el estudio, la carga impositiva de las multinacionales representa la mitad de la que se aplica a las empresas nacionales.
El estudio reconoce que se han hecho esfuerzos en distintos países de la región para mejorar la recaudación; por ello, la tasa impositiva subió en América Latina en los últimos años. Pero la elusión y la evasión fiscal del ISR (Impuesto sobre la Renta) sigue siendo el punto más flaco: en este rubro, los impuestos no pagados sumarían más de 320 mil millones de dólares, un 6.5 por ciento del PIB en 2013. Destaca también que el 10 por ciento más rico pague una tasa impositiva “excepcionalmente baja en comparación con los países de Norteamérica y Europa”: a este decil más acomodado sólo se le grava el 5 por ciento del ingreso.
¿Y en México? Un estudio del Centro de Estudios Sociales y de Opinión Pública de la Cámara de Diputados (Carpeta de indicadores no. 34, diciembre de 2014) señala que las tasas de evasión de algunos impuestos se han reducido en los últimos años, pero en el caso del ISR para personas físicas con actividad empresarial, por el contrario, la evasión aumentó del 70 por ciento al 83.4 por ciento, lo que quiere decir que las personas más ricas casi no pagan impuestos. En todo caso, los ingresos tributarios (sin tomar en cuenta al petróleo) llegaron apenas al 10.7 por ciento del PIB en 2013. Aumentaron alrededor de un punto como resultado de la reforma fiscal, pero representan todavía una proporción muy baja en comparación a otros países del mundo.
Es decir, en México se pagan bajos impuestos, hay una gran evasión fiscal, existen políticas proteccionistas para las grandes empresas, y una parte significativa de la riqueza generada aquí, se va a los paraísos fiscales. Todo ello sin tomar en cuenta el dinero negro, aquel que se obtiene por actividades ilícitas como el tráfico de drogas, que también se beneficia de la existencia de esos paraísos.
En fin, que la plaga fiscal que padece el mundo, incluyendo a México, se extiende y crece cada año, aunque cada vez más voces se unen a la denuncia y algunas acciones se están tomado. Lo cierto es que, para erradicar esta calamidad, se requieren decisiones políticas que muchos gobiernos rehúyen. Algunos por convicción política, muchos otros porque los gobernantes y los representantes en el Congreso tienen los mismos intereses que los de las oligarquías, o están a su servicio. Y en casi todos, hay que decirlo, porque los paraísos fiscales también son refugio de las elites políticas que saquean las arcas públicas en su provecho.
Cambiar esta situación ya forma parte de las causas de los movimientos sociales, de nuevos partidos y nuevas personalidades que han surgido en diversas partes del mundo. Un aspecto central de sus esfuerzos está en el plano global para forzar a las empresas multinacionales y a los bancos a rendir cuentas y ejercer la trasparencia, y para acabar con los paraísos fiscales. Pero también se plantean dar la lucha a nivel nacional combatiendo en cada país la evasión, proponiendo reformas para gravar a los que más tienen y evitar que se fuguen los capitales y los impuestos. Todo ello forma parte de la agenda progresista actual. Aunque en nuestro caso, no todos los partidos que se dicen de izquierda se hayan dado cuenta…

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