EL-SUR

Martes 09 de Junio de 2026

Guerrero, México

Opinión

Una Presidenta congruente

Esthela Damián Peralta

Enero 27, 2026

Durante el Foro Económico Mundial que tiene lugar en Davos, ocurrió algo poco común: alguien decidió decir en voz alta lo que muchas potencias practican en silencio. Mark Carney, Primer Ministro de Canadá, hizo una lectura directa del momento que vive el mundo. Puso en palabras la realidad que ya atraviesan nuestras economías, nuestras democracias y, sobre todo, la vida cotidiana de millones de personas.
Carney habló de un sistema internacional donde las reglas ya no operan como un piso común, sino como herramientas selectivas. Un mundo donde el comercio, la cooperación y la comunicación entre Estados están cada vez más condicionados por relaciones de fuerza. Quien no se alinea, paga el costo. A veces en forma de aranceles. A veces mediante sanciones. A veces con presiones políticas que terminan afectando empleos, precios y oportunidades. Y en los escenarios más extremos, con el uso de la fuerza.
Ese es el nuevo lenguaje del mundo. Y aunque suele discutirse en clave geopolítica, sus consecuencias se sienten en lo social: en el costo de los alimentos, en la estabilidad laboral, en el acceso a bienes básicos, en la posibilidad de vivir con dignidad, o la falta de la misma.
Durante décadas, Canadá mantuvo alianzas comerciales y políticas que parecían incuestionables. Sin embargo, Carney reconoció algo fundamental: la hegemonía ya no garantiza certidumbre. Frente a ese escenario, Canadá ha comenzado a diversificar sus relaciones económicas y comerciales, abriendo sus puertas a nuevos aliados. No como un gesto ideológico, sino como una decisión estratégica ante un mundo que ya no gira en torno a un solo centro de poder.
Lo relevante no es solo el mensaje, sino el lugar desde donde se dijo. Davos no suele ser el espacio para cuestionar abiertamente las reglas no escritas del orden internacional. Por eso el discurso marca un punto de quiebre. Porque nombra lo que existe. Porque rompe con la diplomacia cómoda. Porque recuerda que el multilateralismo convive, cada vez más, con prácticas unilaterales que profundizan desigualdades.
Ese mensaje fue leído con atención en México. Nuestra Presidenta Claudia Sheinbaum señaló, en una de las conferencias matutinas, la importancia de escuchar con cuidado el discurso y los mensajes que de él se desprenden. No como un gesto protocolario, sino como una lectura política necesaria. Lo dicho ahí constituye una señal clara, sobria y estratégica: un mensaje en un contexto estadunidense atravesado por tensiones internas y por la antesala de las elecciones legislativas de 2026, donde se disputará el control del Congreso.
Además, México atraviesa un momento clave con la revisión del T-MEC, un acuerdo que no solo regula flujos comerciales, sino que incide directamente en el empleo, la inversión y el desarrollo regional.
En ese escenario, la conducción de la Presidenta adquiere una dimensión particular. No es menor ver a la primera mujer Presidenta de México dirigir al país en un momento tan complejo para el mundo, demostrando una lectura fina del tablero internacional y una capacidad poco común para sostener posiciones firmes sin recurrir a la estridencia. Ha entendido que gobernar también implica cuidar el impacto social de cada decisión, porque detrás de cada tratado, de cada arancel y de cada negociación, hay personas de carne y hueso que resienten las consecuencias positivas y negativas del quehacer político.
La Doctora Sheinbaum ha salido al frente con templanza, defendiendo la soberanía sin romper puentes, pero sin aceptar subordinaciones. Esa combinación de firmeza con responsabilidad social es hoy una de las mayores fortalezas del país. Porque en un mundo donde el poder se ejerce muchas veces sin considerar al pueblo, su manera de gobernar con conciencia social nos da un mensaje claro a todas y todos: que la política sólo tiene sentido cuando responde con total lealtad a las y los mexicanos que habitamos este hermoso país, no pierde de vista sus principios y convicciones mientras dialoga con el mundo.
El discurso de Carney, la referencia de la Presidenta al mismo y el contexto internacional apuntan a un momento de transición. Un escenario donde muchas de las certezas que antes parecían firmes hoy dejan de ser suficientes para explicar la complejidad del presente. Comprender este entorno no es solo un ejercicio de análisis: es una condición necesaria para tomar decisiones informadas en el plano político y social. Porque gobernar, también, es no dejar de mirar a la gente mientras se mira al mundo.
Nos leemos el próximo martes.

@EsthelaDamian