EL-SUR

Viernes 19 de Abril de 2024

Guerrero, México

Opinión

Una propuesta

Silvestre Pacheco León

Junio 25, 2017

Francisco sabía que después de dejar el activismo político Verónica había canalizado toda su energía en levantar su empresa familiar. Con su marido y sus hijos sobrellevaban las tareas de un restaurante que se convirtió en uno de los mejores en la playa de la Ropa gracias a que encontraron el modo de atraer con sus menús costeños a los cientos de turistas que llegaban a esa parte de la bahía durante el año.
Francisco en cambio se mantuvo siempre con su modesto empleo de profesor, reticente a la idea de que todas las actividades debían subordinarse al turismo, visto que ése sector en ninguna parte del estado era la panacea de la desigualdad, explicaba.
Próximo a la jubilación y eterno en la soltería el profesor era reconocido en el puerto por su carisma como dirigente político, amplio conocedor de la problemática local y formador de cuadros políticos de izquierda desde su juventud.
Verónica y Francisco habían renunciado al partido que fundaron cuando éste dejó de ser oposición para convertirse en opción de gobierno, marcando el inicio de la llamada transición democrática en el puerto.
Era raro ante los ojos de la gente ocupada en el recuento de los hechos políticos no ver a los susodichos figurando en los puestos relevantes del gobierno; ellos optaron por tomar distancia de su propio partido.
Eso ocurrió casi al mismo tiempo en que se descubría que la lucha interna para dirigirlo se daba sin reparar en formas ni medios, reproduciendo los mismos vicios que desde el discurso criticaban y decían combatir. Ése fue también el año en que se produjo en Chiapas el levantamiento indígena del Ejército Zapatista.
Ahora nuevamente los viejos dirigentes políticos estaban sentados a la mesa con sus tazas humeantes de café, compartiendo el postre que a Verónica le gustaba paladear.
–¿Te acuerdas que durante un tiempo cargamos con el estigma de “revolucionarios de café”?
–Claro, creo que el apodo nació de las horas que pasamos sentados aquí como parte del aparador que todo mundo veía.
–Me acuerdo también de la broma que nos hacían en los municipios vecinos que se adelantaron en conquistar el poder municipal. ¿Y Zihuatanejo cuándo pues? Nos lo decían en tono de reclamo quienes veían como intromisión nuestra asesoría en los temas que sus dirigencias desconocían.
–Y no pasó tampoco mucho tiempo cuando “sepudo”, como decía el viejo Rosalío Wences. ¿Te acuerdas? Fue un acontecimiento singular el triunfo electoral de la oposición, demasiado esperado como para no hacer un mitote grande por el logro, ¿verdad?
–Aunque nadie sabe si los cambios generados han sido para bien o para mal.
–Nada es como antes, todo cambia, lo bien o mal es siempre relativo, ¿No crees?
–Espero que no sea éste el tema que quieres platicar.
–Creo que no es el tiempo para filosofar, sino para actuar, como decía Carlos Marx.
–¿De verdad sigues en el ánimo de participar en la política?
–La invitación a platicar no tiene otro objeto más que intercambiar algunas impresiones sobre el momento que se vive en el país, dijo Francisco con cierta gravedad
–Pues tienes que ser más específico por todo el complejo de la realidad que vivimos, creo que ahora que debemos comenzar desde el principio para saber sobre qué terreno pisamos, insistió Verónica .
Habían pasado quince años para éste reencuentro y a Verónica le intrigaba lo que su compañero de lucha le planteaba.
Aunque siempre que abordaba el tema de la política ella concluía que era una pérdida de tiempo, no pudo resistirse a la invitación de su correligionario, extrañando la plática que la entretenía y sus sarcasmos que la hacían reír.
( Mientras no se le ocurra que hagamos un ajuste de cuentas de lo que pasó aquellos años del desencuentro, todo está bien, razonaba Verónica mientras escuchaba a su compañero ¿o ex compañero?)
El escenario para el reencuentro era la misma terraza del café donde por años planearon la revolución.
Verónica recordaba haberse convencido, no sin cierta frustración, que los partidos políticos de escuela original para bosquejar la nueva sociedad, se habían convertido en un obstáculo para el avance democrático.
-Son un lastre para la sociedad que los ha remolcado hasta donde están, con un costo económico terrible para la sociedad, recordaba así las palabras de Francisco.
Aunque coincidían en esa conclusión, cada quien por su lado esporádicamente participaban en las elecciones que se sucedían, apoyando siempre a los candidatos de su antiguo partido o a cualquier otro que tuviera antecedentes de lucha dentro de la izquierda.
Así pasaron los años en Zihuatanejo donde la irrupción del pueblo en la política votando por el cambio fue como un sismo que sacudió el viejo cacicazgo integrado por unas cuantas familias que se alternaban en los puestos de representación popular desde los cuales hacían reparto de los cargos públicos con los que acumulaban fortunas.
–Pues la lluvia casi frustra nuestra cita, ¿no?
–Y vino a detener los incendios y a llevarse todo el bochorno de calor, respondió Verónica mirando interrogante a su compañero de mesa.
Como éste entendiera el mensaje, dio otro sorbo a su bebida y hablo con cierta parsimonia.
–Pues dado que el próximo será una año electoral en el país, la lucha por la presidencia de la república se vuelve otra vez un asunto al que nadie se puede sustraer, ¿no crees?
–Sí, lo creo..
–Te pedí encontrarnos porque me interesa que platiquemos sobre el tema. Quiero escuchar tus opiniones acerca de los prospectos que han aparecido y del ánimo que te provocan.
–Pues pareciera natural que la gente quiera optar por algo diferente a lo que ya ha conocido. Si ni PRI ni PAN han resuelto los grandes problemas nacionales ahora se fortalece la aspiración de Andrés Manuel López Obrador que figura como puntero en las preferencias electorales ¿No te parece?
–Es correcto, de eso quiero que hablemos.