EL-SUR

Sábado 22 de Enero de 2022

Guerrero, México

Opinión

Una semilla en el río de La Sabana

Jesús Mendoza Zaragoza

Septiembre 20, 2021

En la pequeña localidad de Paraíso Escondido, al lado del río de La Sabana, invitados por el doctor Gabino Solano Ramírez, profesor e investigador de la Universidad Autónoma de Guerrero, un nutrido grupo de ciudadanos –universitarios, académicos, profesionistas, comunicadores, vecinos y representantes de organizaciones sociales, etc.– nos reunimos para compartir inquietudes y proponer caminos para el rescate del río, que teníamos a la vista, tan deteriorado por la mancha urbana que lo ha cubierto de basura y aguas residuales. Hace solo unas décadas resplandecía allí la vida con la vegetación y los peces, y era lugar de encuentro para los pobladores que habitaban en sus riberas. Es un río abandonado por la población y por los gobiernos, por todos los gobiernos. A este abandono hay que sumar el alto grado de contaminación que presenta ahora, y que puede representar, a futuro, un riesgo muy grave para los habitantes de la ciudad de Acapulco.
La cuenca del río de La Sabana se ubica en un área de 822 kilómetros cuadrados, con una población de 681 mil habitantes distribuidos en 150 localidades, desde las estribaciones de La Providencia hasta la laguna de Tres Palos, en el municipio de Acapulco. Este río es clave en el ecosistema de la región y representa la posibilidad de supervivencia del ser humano y de muchas especies animales y vegetales.
Alentadora fue esta reunión que mostró un avance en la cultura ambiental de muchos ciudadanos, a la vez que un sentido de responsabilidad social que ha ido madurando con los años. La c uenca del río de La Sabana como entidad natural y como bien público requiere de atención, de cuidado y de intervención social. Para que el saneamiento integral de esta cuenca se haga realidad, se hace necesario un componente social amplio y decisivo. La reunión del sábado pasado puede ser la semilla de un proceso de involucramiento social sólido y maduro que sostenga la participación ciudadana como un motor necesario para conseguir que el río y la laguna de Tres Palos reciban una configuración de respeto y de cuidado.
Esta cuenca tiene, de suyo, un impacto sobre la ciudad de Acapulco. Quizá no ha sido muy perceptible porque no nos hemos sensibilizado al respecto. Desde luego, el impacto tiene que ver con las precipitaciones pluviales, con el clima en la región, con la agricultura y con la pesca en el río y en la laguna. Y su situación actual de deterioro va a tener un impacto negativo a futuro. Si no hay un saneamiento integral de la cuenca, prevemos que en unos años más, la laguna de Tres Palos se convertirá en un resumidero de basura y aguas negras que representará un riesgo mayor para la supervivencia de la ciudad.
Por esta razón, esta cuenca es importante para Acapulco, cuya población debiera sentirse afectada por las condiciones actuales que guarda. Por ello, los diversos actores sociales y económicos necesitan alinearse para buscar caminos que rehabiliten la cuenca con todas sus condiciones sanitarias. Universidades, cámaras empresariales, escuelas, iglesias, organizaciones sociales y colegios de profesionistas, entre otros, pueden generar vínculos que construyan una plataforma social capaz de gestionar, ejecutar y vigilar un proyecto de saneamiento integral para el bien de todo el municipio de Acapulco.
Por otra parte, también se hace necesaria la participación de las comunidades aledañas al río y a la laguna, a las campesinas y a las urbanas, a las organizaciones de campesinos y de pescadores, a los ejidos y a todos los que serán beneficiarios directos del saneamiento de la cuenca. Se necesita un proceso de sensibilización y de responsabilización comunitaria para que las comunidades puedan participar en la toma de decisiones y en las acciones en el proceso que sea necesario para la gestión, la ejecución y la vigilancia de todo este proyecto. Un proyecto integral de la cuenca puede acoger modestas acciones locales –de educación, de organización, de servicios, etc.– a lo largo y ancho de ella
Un elemento indispensable relacionado con el componente social es la educación que se necesita para generar y desarrollar una cultura ambiental, que conecte a los ciudadanos, a las comunidades y a las autoridades con el entorno natural. Si vivimos desconectados de la naturaleza y por ello la hemos agredido y deteriorado, es preciso un cambio de sensibilidad y de actitud hacia ella. La educación es la herramienta indispensable para una transformación de la mente y del corazón, para ponerle alma a nuestra relación con el agua, con el aire, con la flora, la fauna y con los recursos naturales. Sin la educación todo proyecto humano resulta vano. El objetivo es construir una nueva cultura, una nueva relación con el entorno natural para cuidarlo y protegerlo. Hay que pensar en la educación formal en el sistema educativo y en la educación informal a través de festivales, de celebraciones y de conmemoraciones, disponibles para toda la población y para las comunidades.
Por otra parte, el rescate de la cuenca requiere también de un componente político en el que se busque alinear a los gobiernos, sus instituciones y las legislaciones para que se tengan los recursos y todas las condiciones necesarias para este proyecto, que va a necesitar una amplia inversión y la puesta en marcha de políticas públicas para su conservación. En la medida en que haya un fortalecimiento del componente social puede lograrse que el componente político se logre también.
La sabiduría del campo nos dice que todo comienza con una semilla que, cuando se siembra, al contacto con la humedad se hincha y se abre para convertirse en una planta que podrá dar mucho fruto. La semilla se está sembrando, y es de esperarse que se vaya desarrollando para dar lugar al saneamiento integral de la cuenca del río de La Sabana y la laguna de Tres Palos. Y así la población acapulqueña podrá saborear los frutos de un medio ambiente sano y agradable. Esta iniciativa podrá replicarse en las barrancas y arroyos que tenemos en la ciudad como condición para tener una bahía limpia y libre de contaminantes.