EL-SUR

Viernes 19 de Abril de 2024

Guerrero, México

Opinión

Una visión de la vida campesina

Silvestre Pacheco León

Julio 01, 2006

(Primera de dos partes)

De los 40 líderes y autoridades ejidales que participan en el proyecto Coinbio en Zihuatanejo, solamente tres desean ver a sus hijos viviendo como campesinos. Claro, como campesinos modernos que implica una mejor calidad de vida comparada con la que tienen. Con esta aclaración todos los demás opinan lo mismo.
La inmensa mayoría de los campesinos hacen lo indecible para que sus hijos no repitan con su vida la experiencia de los padres. Las alternativas que ven a su alcance no son muchas, por cierto. Los más identifican a la educación como medio que permitirá a los hijos salir del campo para vivir en la ciudad. En esto coinciden padres e hijos y cada quien compromete su esfuerzo en lograr sus metas.
Cuando no hay esa coincidencia clara o se carece de las posibilidades que implica mandar a los hijos con familiares a la zona urbana o de cambiar periódicamente de residencia para estar con ellos mientras estudian, queda todavía la opción de que con el apoyo de familiares o conocidos, se aventuren al vecino país del norte para trabajar como braceros, si es que la fortuna no da más, para que se conviertan en asalariados sin calificación, en cualquier empresa local de las que el turismo alienta.
El objetivo siempre es tratar de liberarse lo más temprano posible de los medios que atan a los campesinos al campo.
No, no es negocio ser campesino en estos tiempos globalizados, y la gente del campo lo sabe, tanto que si hubiera una convocatoria para salir del medio rural para incorporarse al urbano, la descampesinización sería alarmante.
El hecho es que los campesinos transfieren sus excedentes productivos, vía precios, a los pobladores del medio urbano.
A cada kilo de maíz, o litro de leche; a cualquier frutal u hortaliza, todos los productos del campesino que la gente de la ciudad compra, llevan un subsidio del que los produjo. Claro, eso lo empobrece más, pero no tiene opciones.
En el Primer Taller para el Fortalecimiento de las Instituciones Ejidales realizado el sábado 24 de junio en Playa Larga, ejido de Agua de Correa, los campesinos convocados hicieron un ejercicio colectivo sobre su vida pasada y presente para soñar después en el futuro.
El ejercicio consistió en un repaso introspectivo de lo que era su vida productiva, social y medio ambiental.
Los resultados han sido interesantes para todos: el patrón de cultivos era diverso aún cuando la producción estaba encaminada al autoconsumo.
En el campo se sembraba maíz, calabaza, frijol, caña de azúcar, pepino, sandía, arroz, jícama, jitomate. El negocio de la madera estaba reservado para las empresas exportadoras. La ganadería es una actividad reciente. Había pesca y caza. Algunos cultivos eran destinados a la comercialización como la copra y el ajonjolí en la zona costera.
El nivel de vida de las familias en el medio rural era igual. Si acaso, destacaban aquellos que levantaban buenas cosechas y sabían almacenarla para los tiempos difíciles. La igualdad, dicen, explica, entre otras cosas, la falta de codicia. Nadie ambicionaba lo del otro, porque casi todos tenían lo mismo. Los robos eran entonces un acontecimiento en la vida de los pueblos.
Los apoyos externos, oficiales y de la banca no se conocían. Las personas vivían atenidas a sus propias fuerzas y posibilidades.
En estas condiciones es que florecía la solidaridad. Compartir el alimento era cosa común. Quien mataba un cerdo o un venado o una vaca, repartía la carne entre los vecinos y familiares. Quien tocaba parte estaba comprometido para actuar igual en circunstancias semejantes.
Las viviendas en su mayoría eran de madera y tierra, con techo de soyamiche o palma redonda, y de teja milpa, muros y cercos con la cañuela de la milpa, sin piso de cemento. Hacer una casa no era la gran ciencia, todos podían ser constructores de sus viviendas y a menudo lo hacían con el apoyo de los vecinos y familiares. El enjarrado o aplanado y decorado de paredes y pisos, era la actividad cotidiana de las mujeres, a quienes también correspondía la construcción de la chimenea o estufa de leña. Para todo eso se usaba el barro o arcilla en sus distintas coloraciones.
Claro, entonces no había caminos más que los de herradura. La gente en la noche se alumbraba con candiles de petróleo. No había luz, ni teléfonos. El gas para cocinar era impensable, lo mismo que moler el maíz sin utilizar el metate o, después, el molino de mano. El esfuerzo físico e intelectual para el mejoramiento y el cuidado de la casa, la alimentación de la familia y la educación de los hijos era entonces mayúsculo e invariablemente asignado a las mujeres.
En general la población era sana. No recuerdan que murieran demasiados, aunque las familias eran numerosas. En las casas se sabía cómo curarse de las enfermedades frecuentes acudiendo a las plantas medicinales y a los rezos. En ello había que aplicarse ante la imposibilidad de viajar a la ciudad para ponerse en manos de un médico.
En los pueblos de la sierra no había escuelas ni maestros. El que sabía leer era notable y respetado. La educación se trasmitía de padres a hijos mediante órdenes estrictas y reiteradas, con castigos y casi sin premios.
No había problemas de inseguridad. El tránsito en los caminos era pacífico. Todos se conocían o actuaban como si se conocieran. En los pueblos unos a otros se cuidaban. Los convivios eran más sanos. Las fiestas se llevaban de un pueblo a otro con cuelgas de presentes. Los músicos de guitarra o violín nunca faltaban para amenizar los convivios. Las carreras de caballos y los jaripeos eran la diversión.
Los jóvenes y niños convivían más con la naturaleza. El río y en torno a sus pozas era el espacio predilecto para los habitantes de todas las edades. Se jugaba a las canicas, los trompos y trabucos.
Todos recuerdan que el agua era abundante, limpia y cristalina, el clima generoso. Había más vegetación y una amplia diversidad de plantas y animales. El suelo era fértil y eran raras las plagas en los cultivos.
Ahora los suelos aparecen exhaustos y empobrecidos, las aguas son escasas y contaminadas, a pesar de lo cual se hacen empresas con ellas generando cuantiosas fortunas.
Las plagas abundan y arrasan con los menguados cultivos. Los campesinos ahora que reciben apoyo oficial, subsidios y asesoría, son menos productivos y menos emprendedores. No hay capacitación suficiente ni innovaciones tecnológicas notables. En general hay desconocimiento de los avances científicos y tecnológicos. Lo que el productor sabe del comportamiento del mercado, se limita a su experiencia con el acaparador local.
La confianza de los campesinos en el gobierno les hizo aceptar el fertilizante químico sin chistar, y aunque saben lo dañino que es, lo siguen aplicando resignadamente porque el suelo se ha hecho pobre y adicto a esas sustancias.
El patrón de cultivos se ha visto reducido en su diversidad. Ahora los pobladores del campo se surten en la ciudad de la mayoría de los productos que antes producían.
El maíz aún siendo un producto estratégico, resulta incosteable sembrarlo.
En la franja costera los frutales se han diversificado pero su estancamiento es manifiesto debido al problema de su comercialización. Las políticas oficiales son erráticas y desperdiciadas porque promueven nuevos cultivos sin asegurar los canales de comercialización para los que ya hay.
Una opinión reiterada habla de que la siembra de estupefacientes fue durante muchos años base de la economía en los poblados serranos, su cultivo se veía como cualquier otra actividad productiva que ocupaba amplios sectores de la población, sin problema alguno con las autoridades.
Aún así, se consideraba a la población joven como sana y alejada de la drogadicción y el alcoholismo. En los pueblos eran contadas y mal vistas las personas que consumían alguna droga. La bebida alcohólica por antonomasia era la derivada de la caña, conocida como aguardiente.
La ganadería campesina extensiva, es la principal actividad económica en el campo y la más depredadora debido al incesante desmonte que reclama para establecer nuevos potreros. La práctica de las quemas provocan estragos en la capa vegetal año con año y de ello se deriva una pobreza creciente en la diversidad biológica.
Los ganaderos son básicamente productores de ganado en pie. Son pocos los que engordan sus becerros para la venta. La mayoría cría sus hatos al libre pastoreo, lo ven como una forma de ahorro, mucho más confiable y eficaz de lo que pudiera ser el banco. Los becerros son un producto apetecible en todo tiempo para el mercado. Ante cualquier urgencia y necesidad se recurre a su venta, independientemente de que el precio las más de las veces esté castigado.
Los becerros son casi el único producto que da la ganadería de la región, pues la ordeña se considera una actividad contraproducente en quien la practica, porque reclama un manejo diario del ganado, un gasto más para un producto como la leche y el queso que no repone el desgaste de las vacas ni el ayuno del becerro.
En el campo se observa un avance sustantivo en la comunicación. Los medios de transporte ya no son problema, sólo que no hay productos que transportar.
La luz eléctrica alumbra los poblados mientras el pago del recibo no hace crisis en la economía familiar.
Muchas casas ahora son de material industrializado. La televisión y el teléfono son medios de comunicación al alcance de todos, sin embargo, la inseguridad y la violencia han sido factores que inhiben el trabajo productivo y la sana convivencia en las comunidades.
La educación familiar que antes se presumía a propios y extraños, ha sucumbido frente a la fuerza de los programas de televisión y la influencia externa que llega a las comunidades vía la mezcla de miembros de las familias rurales con las urbanas, tanto de México como de Estados Unidos.
No se desdeña el hecho de que ahora la cobertura educativa ha llegado al último rincón del municipio, sólo que, en general, es de baja calidad y caracterizada por un alto ausentismo de los profesores, y una deserción notable de los estudiantes. Las escuelas, el mobiliario y el equipo están en condiciones deprimentes, sin embargo, hasta el nivel de preprimaria es atendido en las cabeceras ejidales.