EL-SUR

Lunes 06 de Diciembre de 2021

Guerrero, México

Opinión

¿Unidad en torno a qué y a quién?

Humberto Musacchio

Febrero 02, 2017

Ante la patanería y las agresiones de Donald Trump, por todos lados se escuchan los llamados a la unidad de los mexicanos, pero cabe preguntar ¿unidad en torno a qué? ¿Frente patriótico dirigido por quién o quiénes? ¿Con qué programa? ¿Para marchar hacia dónde?
A primera vista parece inobjetable que los mexicanos debemos presentar una sólida cohesión ante la hostilidad declarada del mandatario de Estados Unidos, pero en casos como éste toda alianza, unión o lo que se quiera necesita tener en el centro un objetivo o programa y al frente a verdaderos líderes, probadamente patriotas, buenos políticos y mejores estadistas, lo que por ahora no se advierte en el horizonte.
En condiciones normales, lo más lógico es recurrir a liderazgos salidos de los procesos ordinarios de la política. Lo lamentable es que no estamos en condiciones normales, pues el actual gobierno nos ha llevado a una profunda crisis económica, hay una notoria e impresionante podredumbre en las llamadas clases dirigentes y la sociedad está profundamente agraviada y dividida, con una élite que vive en la opulencia y dos tercios de la población en la pobreza, cuando no en la más lacerante miseria.
La historia enseña que en las emergencias, los pueblos se dan las direcciones que creen merecer, forjan liderazgos fuertes y siguen a quienes hablan claro y directo. Por todo esto, de continuar las grandes movilizaciones sociales de las últimas semanas, el movimiento informe que hoy presenciamos hallará formas de coordinación y dirección y se dará un programa que seguramente irá más allá de la mera protesta por los gasolinazos.
Por supuesto, si los mexicanos aceptamos mansamente las alzas de precios y otras medidas dictadas por la irracionalidad gubernamental, todo seguirá como antes o, más bien dicho, habrá de empeorar y los ejecutores de esa política antipopular continuarán en sus puestos, a salvo de la indignación popular.
Pero son varios los hechos que militan en contra de las actuales autoridades. El primero es su triste papel de alfombra ante el entones candidato Donald Trump, luego el pasmo ante las primeras declaraciones del energúmeno y después las medidas erráticas ante los continuados golpes del greñudo mandatario.
Esta es la hora en que los mexicanos no saben qué propone el gobierno para contener la andanada trumpista. Lo único que sabemos de las autoridades federales es que no renuncian a negociar –nunca hay que renunciar a las posibilidades de entendimiento–, pero carecen de una hoja de ruta y han sido incapaces de elaborar y proponer un mínimo de medidas para hacer frente a los golpes.
El asunto del muro y la amenaza de expulsar a millones de mexicanos daría risa de no ser porque ya Barack Obama construyó casi mil kilómetros y expulsó a 3 millones de indocumentados sin que las autoridades mexicanas dijeran ni pío. Si eso ocurrió con un presidente “amigo”, ya podemos esperar lo peor de un enemigo declarado como el actual mandatario. Pero no hay más respuesta que tímidas e inconexas declaraciones, al extremo de que se acordó con Trump no mencionar en público el asunto, lo que permite pensar que habrá o ya hubo un acuerdo “en lo oscurito”.
Ante la amenaza de expulsar a millones de trabajadores mexicanos, las declaraciones y medidas rayan en lo patético. Para empezar, la millonada que se iba a destinar al nuevo edificio del Instituto Nacional Electoral, ahora se gastará en ofrecer asesoría (¿legal, política, espiritual, para transporte, comida y alojamento?) a los amenazados con la deportación.
Ah, pero cuando se concrete la expulsión, dice el secretario de Gobernación que todos los que vuelvan tendrán chamba, seguramente de vendedores ambulantes o en cualquiera otra actividad informal, pues empleos formales no hay y la mitad de nuestra fuerza de trabajo se gana la vida sin seguro social, jubilación ni Infonavit.
Todavía no hemos visto completa la película trumpiana. Faltan varias agresiones prometidas en campaña. La razón es sencilla: Hitler inició su guerra de agresión y despojo contra la débil Checoslovaquia, como ensayo ante lo que seguía y para mostrar los colmillos a toda Europa. La Checoslovaquia de Trump es México, pero lejos de que el gobierno prepare respuestas contundentes apoyado en el pueblo, marcha en sentido contrario, echándole gasolinazos al fuego para enajenarse toda adhesión. Por eso cabe hablar de que surgirá un nuevo liderazgo. Lo veremos pronto.