EL-SUR

Sábado 22 de Enero de 2022

Guerrero, México

Opinión

Urge creer en nosotros mismos

Jesús Mendoza Zaragoza

Enero 30, 2017

La pesadilla continúa y se complica. Justo en la efervescencia social de rechazo al gasolinazo, se nos viene la avalancha trumpiana con graves consecuencias para el país. Después de los golpes del corrupto gobierno mexicano ahora nos toca recibir los golpes de un gobierno demente, como es el de Trump. Sin asumir una posición catastrofista, creo que estamos en una preocupante coyuntura, de proporciones mayores y de futuro imprevisible.
Al menos en los medios, el asunto del gasolinazo ha pasado a segundo plano debido a las andanzas de Trump. Pero sigue ahí, afectando la economía de la gente. Y no se puede olvidar simplemente porque hay agresiones que vienen del exterior. Lo que el gasolinazo tiene detrás es el alto nivel de corrupción y de impunidad gubernamental. Y también un modelo económico que genera desigualdad. El asunto no es sencillo, pues es el mismo gobierno el que complica las cosas a la población. Hay una larga lista de agravios que el pueblo ha sufrido.
Por otra parte, las agresiones del gobierno norteamericano, que se han enfocado hacia México nos ponen en un contexto más amplio puesto que nuestra economía tiene una dependencia muy decisiva de las políticas que está aplicando el demente de la Casa Blanca, que no sabe de humanidad sino solamente de negocios. Hay que decir que la democracia norteamericana, que ha presumido de avanzada y moderna, ha mostrado un rostro decepcionante al no ofrecer alternativas a los votantes en el país del Norte, que tuvieron que elegir un gobierno de magnates enloquecidos por el poder y por el dinero.
La primera víctima del señor Trump será su propio país, que presume de estar fundado en principios y valores históricos y que ahora empieza a jugar un papel despreciable en el concierto internacional. Es triste que sí tenga una amplia base social que lo apoyó y lo seguirá apoyando, aunque se puede prever que terminará por convertirla en su propia víctima.
Con todo, los lamentos no ayudan a nada y hay que reconocer el grave contexto internacional que enmarca nuestras propias contradicciones domésticas. Tenemos un gobierno débil, desacreditado y nada fiable, incapaz de liderar a un pueblo lastimado. Tenemos instituciones corruptas y altamente vulnerables que han contribuido a la génesis y el desarrollo de graves problemas como la violencia y la desigualdad. Tenemos una sociedad civil aún frágil y poco dinámica que no se anima a salir a la calle con una visión solidaria y transformadora.
Quizá estamos ante la oportunidad de ocuparnos del país de una manera diferente. Estamos ante la oportunidad de creer en nosotros mismos, de refrescar nuestra memoria histórica, de despertar a la solidaridad por la nación. Tenemos la oportunidad de corregir lastres históricos que nos han complicado la vida. Entre otras cosas, es necesario pensar en un Estado al servicio de la nación, un Estado con instituciones fuertes y sanas que tengan la capacidad de promover el desarrollo sustentable, la democracia participativa y la justicia social.
Estamos también ante la gran oportunidad de una reconciliación nacional, pues persisten heridas históricas abiertas, prejuicios y fobias políticas y sociales que no lo permiten. Otra oportunidad que se abre es la valoración de la matriz indígena de nuestra nación, que nos daría pautas para nuevas formas de organización económica, ambiental y política, distantes de la versión neoliberal.
El dicho popular de que “no hay mal que por bien no venga”, puede ayudarnos a asumir este complicado contexto para despertarnos, para creer en nosotros mismos, para reconocer nuestras potencialidades y para mirar hacia adelante. Quizá estamos en el momento adecuado para sacudirnos esos complejos y traumas históricos que nos han llevado por los caminos de la mediocridad, tanto en lo social, lo económico y lo político. Necesitamos mirar el lado luminoso de nuestra historia nacional, de nuestra cultura y de nuestra sensibilidad.
Se ha insistido en estos días en que México tiene que mostrarse unido para responder al desafío que el gobierno norteamericano nos ha estado haciendo con sus agresiones. En ese tema necesitamos unirnos todos, de manera incondicional. Eso creo. Pero sin olvidar que tenemos un pendiente con la clase política parásita, que se recicla a sí misma en coyunturas como esta. Es más, con un gobierno débil y corrupto no saldremos jamás de la crisis generada por Trump y su gobierno. En todo caso, urge creer en nosotros mismos, en nuestras potencialidades para contar con un gobierno digno que lideree a la nación en contextos de riesgo.