EL-SUR

Sábado 01 de Octubre de 2022

Guerrero, México

Opinión

HABLEMOS DE LIBROS

¿Usted ha leído a Charles Baudelaire?

Julio Moguel

Septiembre 25, 2016

Posiblemente sí, posiblemente no. Lo sabremos sólo cuando hagamos un cotejo de alguna de sus obras en letra castellana, castigada a menudo por la mano de algún voluntarioso traductor.
No es el caso aquí de hacer leña de árboles a los que no vale la pena o no conviene cercenar, sino de dar cuenta en alguna medida de lo que constituye en nuestro medio un serio y muy frecuente problema: las traducciones en serie y a destajo realizadas por grandes y potentes editoriales no siempre comulgan con la razón artística o con la verdad. Más aún si el traductor tiene que comer, duplicando o triplicando sus esfuerzos productivos en número de hojas traducidas para irla pasando o sobrevivir.
Pero hay otro punto negro en esta historia en torno a empresas editoriales y traductores: no faltan entre estos últimos aquellos que, conociendo a la perfección las lenguas de origen y de llegada, no alcanzan a honrar con sus transferencias literarias al autor en cuestión.
No mencionaré en este caso ni empresa editorial ni traductor. Sólo mostraré al lector de este breve artículo cómo es que, bien cuidadas las cosas, podríamos contar con mejores productos poéticos en habla hispana de escritores franceses de tan alta estima como Charles Baudelaire.
Veamos cómo El albatros, poema de Las Flores del mal, es vertido al español por una de las ediciones del poemario referido de mayor circulación en España, México y otros países de América Latina:
El albatros

A menudo, por divertirse, los hombres de la tripulación
cogen albatros, grandes pájaros de los mares,
que siguen, como indolentes compañeros de viaje,
al navío que se desliza por los abismos amargos.

Souvent, pour s’amuser, les hommes d’équipage
Prennent des albatros, vastes oiseaux des mers,
Qui suivent, indolents compagnons de voyage,
Le navire glissant sur les gouffres amers.

Apenas les han colocado en las planchas de cubierta,
estos reyes del cielo torpes y vergonzosos,
dejan lastimosamente sus grandes alas blancas
colgando como remos en sus costados.

A peine les ont-ils déposés sur les planches,
Que ces rois de l’azur, maladroits et honteux,
Laissent piteusement leurs grandes ailes blanches
Comme del avirons traîner à côté d’eux.

¡Qué torpe y débil es este alado viajero!
Hace poco tan bello, ¡qué cómico y qué feo!
Uno lo provoca dándole con una pipa en el pico,
Otro imita, cojeando, al abatido que volaba.

Ce voyageur ailé, comme il est gauche et veule !
Lui, naguère si beau, qu’il est comique et laid !
L’un agace son bec avec un brûle-gueule,
L’autre mime, en boitant, l’infirme qui volait !

El poeta es semejante al príncipe de las nubes
que frecuenta la tempestad y se ríe del arquero;
desterrado en el suelo en medio de los abucheos,
sus alas de gigante le impiden caminar.

Le Poète est semblable au prince des nuées
Qui hante la tempête et se rit de l’archer ;
Exilé sur le sol au milieu des huées,
Ses ailes de géant l’empêchent de marcher.

Bien. Ahora veamos, ya sin saltos, la versión de una traducción que hasta ahora no había sido publicada, que nos ofrece un producto mucho más apegado a la poética baudelaireana y, por tanto, resulta ser desde mi punto de vista significativamente mejor:

El albatros

A menudo el marinero se divierte
atrapando un albatros:
Gran ave de mar que sigue,
indolente compañera de viaje,
el barco que cruza los abismos amargos.

Tan pronto lo han puesto en cubierta
ese rey de los cielos, torpe y vergonzoso,
deja caer penosamente a sus lados,
como si fueran remos,
sus grandes alas blancas.

¡Qué torpe y débil es ese alado viajero!
¡Hasta hace poco tan bello se vuelve cómico y feo!
Uno le quema el pico con su pipa encendida,
¡Otro imita cojeando al inválido que antes volaba!

El poeta se parece al príncipe de las nubes,
amigo de tormentas que se ríe del arquero:
extranjero en el suelo a la mitad de las burlas,
sus alas de gigante le impiden andar.
Después de hacer la comparación de traslaciones parece más pertinente la pregunta: ¿Es cierto, amigo lector, que usted ha leído a Baudelaire?