EL-SUR

Miércoles 12 de Junio de 2024

Guerrero, México

Opinión

Veinticinco años y contando

Abelardo Martín M.

Mayo 08, 2018

Felicidades a todos quienes dan lo mejor para que El Sur sea lo que es: reflejo vivo de lo mejor y lo peor de nuestros días; la luz y la oscuridad cotidiana; no sólo testigo mudo, protagonista activo; incómodo para pocos, necesario para muchos. ¡Larga vida a El Sur! Abrazo especial a Juan y Maribel.

El tiempo vuela, dice la frase con la que se mide la velocidad a la que transcurre la vida. Hace 25 años, los guerrerenses encontraron el cauce idóneo para que los grupos vulnerables, los marginados, los excluidos, los pobres en general, tuvieran no sólo un oído que los escuchara, sino una voz también que los defendiera. Así nació El Sur, bajo la conducción de Juan Angulo, un periodista guerrerense que encabezó a un grupo de periodistas para quienes la libertad y el periodismo sólo tienen un objetivo: reflejar la realidad de la sociedad.
En el México actual la gran mayoría de los medios está al servicio de la clase gobernante, dedican sus esfuerzos a narrar las disputas de la cúpula del poder político y económico, fundamentalmente, y se ocupan poco o casi nunca de reflejar la realidad en la que vive la sociedad, sus necesidades, sus carencias, sus sueños. Han pasado cinco lustros de informar y formar lectores que encuentran en El Sur la respuesta a sus demandas de información, los principios que motivaron a este medio siguen vigentes, pero sobre todo el compromiso de quienes lo hacen cotidianamente está vivo. El Sur no claudica y sus directivos menos. Enhorabuena.

Sin fiscal, sin justicia

Es probable que no se note mucho, pero la vida en Guerrero, dominada por la violencia y la delincuencia organizada, transcurre sin que por estos días se note la ausencia del titular de la Fiscalía General del Estado. “No hay orden, no hay paz y tampoco seguridad jurídica”, dijo el controvertido abogado penalista Javier Olea Peláez cuando hace casi veintinueve meses tomó posesión de ese cargo; hace unos días renunció, sin que el panorama que describió al llegar haya variado mucho, salvo para empeorar.
No fue fácil su gestión, nadie podría permanecer indemne al intentar reducir los índices de criminalidad que tienen a Guerrero a la cabeza de las estadísticas nacionales y también internacionales. Pero a la falta de resultados, Olea añadió una peculiar manera de criminalizar a las víctimas, al suponer en casos emblemáticos que los vulnerados eran parte del crimen organizado, como ocurrió con artesanos veracruzanos ejecutados en Chilapa, o con los sacerdotes asesinados cerca de Taxco.
Sus generalizaciones llegaron a extremos como explicar el aumento de feminicidios y agresiones a mujeres porque éstas “están participando de una o de otra manera en el crimen organizado”.
A pocos meses de iniciar su encargo, Olea Peláez llegó a decir que había encontrado una fiscalía colapsada, con mil carencias, y al observar que pese a la inseguridad, en periodos vacacionales de cualquier forma los turistas abarrotan Acapulco y otros destinos de recreación, lo atribuyó a que “Dios nos está protegiendo”.
También se recuerda cuando sobre la persecución a bandas de criminales, en particular la que encabeza el llamado Tequilero, explicó a los habitantes de San Miguel Totolapan, cabecera de la región asolada por el bandolero: “Tengo perfectamente la radiografía, y ya les dije, el tequilero número uno se llama Saúl Beltrán Orozco (diputado local priísta). Punto. ¡Pero tiene fuero!”.
Su estilo propició una verdadera avalancha de críticas y rechazos de personajes políticos, representantes de organizaciones de la sociedad civil y defensores de derechos humanos, así como exigencias para que renunciara.
Pero lo que desató el mayor descontento social, más que su desempeño, fue la publicidad de su boda, en octubre del año pasado, que desde luego fue rumbosa y culminó con una luna de miel en España. El contraste con la deficiencia y el abandono de la justicia en Guerrero se expusieron con gran crudeza y enojo.
Su salida era, pues, sólo cuestión de tiempo. Se precipitó cuando se acusó al ex fiscal de tener un conflicto de intereses, ya que su despacho jurídico, ahora encargado a sus hijos, litigaba asuntos penales en que era parte central la Fiscalía General.
Ya no le tocó a Olea Peláez, pero nada menos el fin de semana en el libramiento de Chilpancingo a Tixtla, fueron encontrados en una camioneta de redilas nueve cadáveres de trabajadores de una tienda distribuidora de refrescos de la Coca Cola, la misma que en marzo pasado decidió cerrar su planta en Ciudad Altamirano, y que antes lo había hecho en Arcelia y en Iguala, en todos los casos ante la creciente inseguridad, la pérdida de cargamentos y unidades repartidoras, y el riesgo constante de su personal. Tampoco deberá preocuparse por el asesinato de cuatro mujeres, en eventos separados en un solo día en tres ciudades del estado, una de ellas abatida en el centro de Chilpancingo. O la ejecución de un funcionario de Capufe que se encontraba de vacaciones en Acapulco y fue tiroteado en un restaurante de la zona Diamante.
La Fiscalía funciona acéfala y por inercia, cuando menos medio mes más para que el Congreso local pueda elegir a un nuevo titular. La ley concede al Legislativo veinte días, lo que será difícil cumplir, pues la convocatoria fijó este lunes como plazo para la inscripción de los aspirantes. El fin de semana apenas se había recibido una decena de solicitudes, y el protocolo establece que el gobernador debe escoger y proponer una terna a la Cámara de Diputados, que debe resultar del análisis de las diez mejores candidaturas.
Y mientras legisladores, jurisconsultos y en el despacho del gobernador analizan trayectoria y virtudes de quienes se postulan a la Fiscalía, seguimos sin orden, sin paz y sin seguridad jurídica, como apuntaba en diciembre de 2015 el ex fiscal Javier Olea.