EL-SUR

Martes 30 de Noviembre de 2021

Guerrero, México

Opinión

Vicente Rojo, maestro de muchos

Humberto Musacchio

Marzo 22, 2021

LA REPÚBLICA DE LAS LETRAS

De familia republicana, a Vicente Rojo no le fue fácil salir de la España franquista. Fue hasta 1949, a los 17 años, cuando por fin vino a México, donde estudió pintura en La Esmeralda mientras trabajaba en el Departamento de Ediciones del INBAL al lado de Miguel Prieto, quien lo introdujo en el mundo del diseño. A la muerte de Prieto, Vicente asumió sus funciones en Bellas Artes y se hizo cargo del suplemento México en la Cultura, de la Revista de la Universidad y de las portadas de los discos Voz Viva de México. Ya en los años sesenta, con Neus Espresate y José Azorín, fue cofundador de Ediciones Era, donde por supuesto se hizo cargo del diseño de los libros de esa firma y reunió al más brillante equipo de diseñadores que haya dado este país: el Grupo Madero. En 1984, Vicente se encargó de diseñar el diario La Jornada, del que sobreviven el cabezal, el logotipo y el diseño de las páginas primera y última, ejemplo de fuerza expresiva, orden informativo y atractivo visual. Como pintor, Vicente Rojo se inició en una línea realista, pero muy pronto optó por seguir otro camino, hasta desembocar en la abstracción geometrista, en la que desplegó un meticuloso tratamiento del color, característica que trasladó a su trabajo como escultor. Ciudadano del mundo, Vicente nunca renunció a sus convicciones políticas y sin ruido, con un sereno sentido del deber, apoyó siempre las causas populares. Su obra y su recuerdo se quedan con nosotros.

Homero Aridjis recuerda

En una novela que mucho tiene de crónica y autobiografía (Los peones son el alma del juego, Ed. Alfaguara, México, 2021), Homero Aridjis hace desfilar por los cafés de la Zona Rosa a numerosos personajes de la vida literaria de fines de los años cincuenta y del “México paranoico de los sesenta”. Las páginas más intensas versan sobre Juan José Arreola, Juan Martínez (el hermano de José Luis), Juan Rulfo o Nahui Olin. De José Revueltas dice que era “el comunista que siempre tenía cara de acabar de salir de la cárcel” y describe a Archibaldo Burns como “un baúl de ambigüedades”. A sus 22 años, Aridjis conoció a Paz y cuenta que con él recorrió entonces el Paseo de la Reforma, pero luego lo muestra como un ser rencoroso cuya “lista de lealtades y rencores variaba con las horas”, lo que no le impidió hacer un cuarteto con Francisco Toledo, André Pierre de Mandiargues y Bona, la mujer de éste. En algunos casos los personajes aparecen con su nombre completo, en otros detrás de seudónimos. Libro de 400 páginas, inevitablemente tiene caídas y descuidos, como el uso multirrepetido de palabras como feral (feroz, cruel, sangriento) aplicado a perros y gatos. Con todo, es una obra para leerse porque ofrece un gran fresco de años vibrantes en lo cultural.

Posponen asamblea de Siglo XXI

La asamblea de accionistas de Siglo XXI fue pospuesta porque alguien señaló que no podía instalarse por falta de quórum, pues la compra-venta de acciones de Siglo XXI Editores no se había protocolizado y por tanto carecían de validez los títulos de la firma adquirente, empresa fundada hace apenas seis meses con un capital social de 50 mil pesos, pero capaz de pagar 7 millones de dólares por el paquete accionario de Jaime Labastida. Como se ha publicado, en una carta-testamento, don Arnaldo Orfila dividió en cinco partes su paquete accionario, de modo que a Guadalupe Ortiz le tocaba 20 por ciento, pero “fue ella quien se apoderó de otro 80 por ciento. A ella deben preguntarle por qué lo hizo” –dijo Labastida a los reporteros que hace unos días lo entrevistaron por Zoom, pero agregó que hace tres años le compró a la señora Ortiz “el total de su paquete accionario”, pese a que ésta podía haberse apoderado ilegalmente de esos valores. Al parecer, el poeta olvidó que es delito comprar a sabiendas mercancía robada.

Marcelo Uribe olvida

El diseño mexicano tiene una historia que viene de las grandes culturas prehispánicas, se enriquece durante la colonia y se desarrolla en el siglo XIX con la introducción de la litografía y otras artes que permiten un enorme desarrollo de la publicidad comercial y la publicación de libros y revistas que son verdaderas obras de arte, lo que a fines de esa centuria experimenta otro gran salto con el advenimiento de la fotografía. En el siglo XX el diseño gráfico crece en presencia e influencia, desde la cartelería y las ediciones del centenario de la Independencia para proseguir con las extraordinarias portadas del Chango Cabral y el surgimiento del muralismo, los experimentos estridentistas, la instauración de la carrera de dibujo publicitario en San Carlos y la apertura de las escuela de Artes del Libro y de la Libre de Arte y Publicidad; los aportes de Francisco Díaz de León y Gabriel Fernández Ledesma, así como la llegada del exilio español que nos trajo figuras como Félix Candela y Miguel Prieto, entre varios más. Por eso resulta inexplicable que Marcelo Uribe diga que sin Vicente Rojo, “todos los libros y todos los periódicos y todas las revistas de este país serían feas”. Vicente es una figura mayor del diseño gráfico. No necesita que le inventen méritos.