EL-SUR

Sábado 22 de Enero de 2022

Guerrero, México

Opinión

¡Viva México! ¿Cuál México?

Jesús Mendoza Zaragoza

Septiembre 18, 2017

Desgarradora resulta la imagen tomada por el fotoperiodista Bernandino Hernández de cuatro hombres asesinados debajo del puente de El Zapote en la carretera Acapulco-Zihuatanejo. El padre, de nombre Jorge y sus tres hijos, Pablo de 16 años, Ernesto e Isaac de 20 años, según las autoridades, desaparecidos unos días antes en Barrio Nuevo ubicado en la sierra de Coyuca de Benitez, recibieron el tiro de gracia. Justamente esa imagen retrata al México profundo, cuya independencia conmemoramos apenas.
¡Viva México! Ha sido el grito patriotero que se escuchaba por dondequiera la noche del 15 de septiembre. ¿Cuál México? ¿El representado en la fotografía de Bernandino o el festinado por la clase política y por las élites del país? ¿El de la infinidad de víctimas o el de los palacios de gobierno? Porque son dos Méxicos diferentes, muy diferentes. Es más, no sólo son diferentes, sino opuestos. El México de los palacios de gobierno tiene un dinamismo que hace un profundo daño al México de las víctimas de la violencia y de la pobreza.
El grito representado la noche del 15, se ha convertido en una mistificación de la Patria, que no corresponde a la realidad. La referencia de ese grito es una abstracción, un concepto manipulable, una idea abstracta sobre México y, por lo mismo, sin una referencia concreta a la realidad de muchos millones de mexicanos que no son atendidos ni en sus necesidades básicas de pan, justicia y dignidad. Esa abstracción es la que es aclamada por patrioteros. Patrioteros, los gobernantes ocupados en engordar a costa del hambre de los pueblos. Patrioteros, los políticos corruptos que almuerzan, comen y cenan sueños de poder que se convierten en pesadillas para los pueblos. Patrioteros, los seudo-ciudadanos que convierten las fiestas patrias en folklor y bullanguería. Patrioteros, los indiferentes ante la barbarie cotidiana que ha convertido al país en un cementerio clandestino. Patrioteros, quienes gritan frenéticamente esa noche para guardar silencio durante todo el año. Patrioteros, los indiferentes, a quienes ni les importa la suerte dolorosa de los excluidos y desamparados ni les importa el país.
Ese patrioterismo ha vaciado el denso contenido de la Patria. Su “patria” está hueca y se ha quedado como un cascarón. Esa “patria” de los patrioteros no contiene personas, ni familias, ni pueblos hambrientos de justicia. No contiene valores cívicos primordiales como la solidaridad, el honor, la responsabilidad, el diálogo, el respeto, la participación, la tolerancia y la libertad, entre otros. Ese patrioterismo es puro desmadre, gritos sordos, ruidos. Es cinismo político, hipocresía social y desvergüenza colectiva. Ese “Viva México” que se sostiene en lo más oscuro que tenemos, es como un ritual que refuerza la desigualdad y la corrupción, la inconsciencia y la indiferencia.
Afortunadamente hay sectores amplios de ciudadanos que han desertado del vacío e hipócrita culto a la Patria promovido desde el poder, y que se caracterizan por la rebeldía y la inconformidad ante un Estado que, en la práctica, no reconoce la dignidad de los ciudadanos ni de los pueblos. Para estos sectores, gritar “Viva México”, significa una búsqueda por conocer y comprender lo que sucede en el país, significa asumir los valores ciudadanos como la honestidad y el servicio al pueblo. Significa no colaborar con la corrupción ni prestarse a los hipócritas juegos del poder. Significa desarrollar la responsabilidad ciudadana con el fin de transformar México desde abajo, desde el sufrimiento de los pobres, desde el hambre y la sed de justicia de los abandonados. Significa gritar, no solo el 15 de septiembre por la noche, que México nos duele y nos importa, que ya no aguanta más, y que necesita de todos, hasta de los indiferentes.
Gritar “Viva México” significa que los cuatro asesinados debajo del puente de El Zapote, jovencitos tres de ellos, nos importan y no vamos a pasar indiferentes ante esa y las mil tragedias que se ven por los campos de la Patria. Ese es nuestro México, que sangra a diario en todos sus asesinados y desaparecidos, en sus desplazados y amenazados, en sus empobrecidos y descartados, en sus mujeres violentadas y en sus niños desnutridos. Queremos que ellos vivan, que vivan bien, con dignidad. Amar a la Patria es amarlos a ellos y meter el hombro para que se dignifiquen. Amar a México es soñar que haya un lugar digno para todos, donde todos nos importen. En fin, aquí se necesitan patriotas y no patrioteros.